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Crítica de: Los siete días

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Demasiados días de convivencia familiar

Si Neneh Cherry nos proponía 7 segundos en su sensacional canción “Seven seconds” para reflexionar sobre el mundo, en esta película se nos ofrecen siete días para conocer a una convencional familia judía con las luces y sombras que la intensa convivencia puede derramar a lo largo de los días.

Ronit Elkabetz y Shlomi Elkabetz dibujan un cuadro costumbrista en torno a la muerte de un familiar y los siete días de duelo en donde los familiares más próximos tienen que permanecer en la casa del difunto según tradición. Una excusa perfecta para que Ronit Elkabetz (que a su vez da vida a uno de los personajes más interesantes y Shlomi Elkabetz nos trasladen al mundo de las tradiciones judías, e igualmente al mundo de las hipocresías, malas conciencias y oscura moral, características en este caso universales.

A través de fabulosos planos fijos donde prima la interpretación, en un encuadre sencillo pero profundo, se observan como si de una auténtica ventana abierta se tratase todo un mundo de relaciones sentimentales, odios escondidos, mentiras y admiraciones que se van desarrollando muy lentamente a medida que van pasando los días hasta un estallido final que se complementa con el sonido de las alarmas avisando de la amenaza iraquí en forma de bombardeo.

Nos encontramos con contrastes diversos, una amalgama de personajes tan pintorescos como en ocasiones honestos y sinceros, y sobre todo un estructuración dramática que nos permite ir conociendo poco a poco pero de manera intensa a todos y cada uno de los familiares hasta encontrarnos con un brillante plano final donde comprobamos que conocemos muchos detalles de las vidas de los personajes que en él aparecen y que nos permiten una familiaridad contundente con esas personas.

No hay apenas cabida para el humor, pero sí para algún momento divertido de pura inercia. Existe en cambio un amplio espacio para la observancia crítica y la reflexión sincera sobre las relaciones humanas, la hipocresía social y en definitiva la complejidad de un mundo familiar donde los secretos y los odios se van enterrando de manera tan frágil que en cualquier momento pueden salir a la luz con más potencia que cualquiera de los misiles que amenazan a la población israelí.

Las interpretaciones son todas destacables y con un lado humano y auténtico fascinante, que permiten que el relato se mantenga perfectamente a lo largo de los minutos ganando en confianza y en interés.

Puede que pase sin pena ni gloria por las carteleras, pero a buen seguro que quién haga el valiente ejercicio de asistir a verla, no se sentirá defraudado en absoluto.



sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Génova

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La grandeza de narrar con estilo


Existen directores con una capacidad innata para contar historias aunque haya poco que relatar de la misma. Pero lo hacen con tanta brillantez que lo que pudiera parecer insignificante se convierte en trascendente y de interés.

Uno de estos directores es sin duda Michael Winterbottom. El autor de contemporáneos dramas como la sensacional “Wonderland”, o de historias comprometidas como “Un corazón invencible” nos ofrece en este caso una convencional historia narrada con una exquisitez, habilidad y extremada madurez en un bello y especial escenario italiano.

La ciudad de Génova y todo un completo recorrido por calles, personajes, catedrales y monumentos sirve además de dar un importante contenido estético a la película, para aportar una visión distinta, un enfoque medieval dentro de la modernidad social y sobre todo una colección de postales que viajan de manera paralela con los interesantes sucesos que nos pretenden relatar.

Ya de por sí el comienzo adquiere el atractivo de toda historia de pérdida familiar y las consecuencias y dificultades en las que se encuentra un padre que tiene afrontar una nueva vida juntos con sus dos hijas en plena erupción sentimental.
A partir de este momento Winternotttom demuestra una maestría poco usual en contarlo todo donde no hay en apariencia nada, en mantener inquieto a espectador con juegos malabares, narraciones esquivas y trucos de ilusionista que aportan una tensión a la historia que no cesará hasta el final de la película, y que mantendrá un hilo argumental plano pero contado con la solvencia necesaria para transformar algo común y sencillo en una compleja historia de sentimientos, recuerdos y situaciones emocionantes.

En cierta medida Winterbottom nos introduce en la enigmática línea divisoria que separa la absoluta tranquilidad de una vida convencional y los convulsos sucesos que pueden desestabilizar dicha paz en un momento concreto y probablemente casual. Establece una personalísima visión del mundo,donde acontecimientos trágicos sobrevuelan sobre nosotros como si de una espada de Damocles se tratara, y la manera en que hemos aprendido a convivir con esa certeza con esa inquietud.

Aunque no estamos ante el mejor papel de Colin Firth, su trabajo sí aporta la credibilidad necesaria para que podamos entender sus preocupaciones y miedos, y sobre todo sus necesidades y dificultades a las que tiene que hacer frente en una nueva etapa de su vida donde todo es distinto, y donde sus dos hijas están aprendiendo a vivir sin una de las barandillas en las que se apoyaban.

La mezcla entre cámara en mano para momentos de tensión, y bellos planos fijos y pausados para momentos en que los diálogos dominan la escena, o los paisajes hablan por sí solos resultan de una eficacia contundente y colaboran a conseguir de “Génova” en una película con personalidad propia y con el carácter necesario para resultar tan bella como la Piazza de Ferrari o tan conmovedora como un paseo por Via Garibaldi.


sergio_roma00@yahoo.es




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Crítica de: Vamos a la luna

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El largo viaje a la nada

Mal concepto de los niños de hoy en día deben tener los realizadores de un producto tan flojo como el que nos ocupa si piensan que pueden divertir o aún si cabe entretener a un público infantil ávido de nuevas sensaciones pero también poco conformista en cuanto al cine de animación se refiere.

Si bien “Vamos a la Luna” está destinado a los más pequeños, el resultado es una insípida y pueril película que ni a estos entretendrá ni a mayores deslumbrará con los ya hiper anunciados efectos 3D.

Si el citado cine en 3-D comienza con semejantes moldes mejor nos quedamos con nuestra “primitiva” pero segura visión, ya que aunque los efectos destacan en un primer momento, con el paso de los minutos se vuelven conservadores, y poco atractivos, y en ningún caso espectaculares como se espera en este nuevo concepto de cine.

Por si fuera poco, la historia es tan simple y aburrida que no consigue enganchar al espectador en ningún momento, con escasísimos gags de consideración y un guión que se va evaporando entre un viaje lunar y una batalla infantil entre insectos absurdos.

Vendrán tiempos mejores, y a no mucho tardar, en que las pantallas se llenen de magníficas obras donde la 3ª dimensión adquiera un protagonismo paralelo a una gran historia. De momento, en Bélgica, lo único que han logrado es una película que se cae por el propio peso de la gravedad y que no encaja en lo que pudiéramos llamar cine de animación brillante.

Para hacer este aburrido viaje, no hubiese hecho falta ningún equipaje especial, más que una buena almohada.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: La sombra del poder

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El tema –siempre efectivo- de oscuros poderes y sucias tramas que se esconden tras asesinatos de personas en apariencia humilde, no es evidentemente nuevo, ni mucho menos en vías de extinción, puesto que siempre se encuentra en el primer plano de actualidad y además al resultar tan cercano, resulta igualmente a priori interesante.

La novedad, si es que se pudiese apreciar mínimamente, reside en la manera de contarlo, con el particular estilo que imprime el cineasta Kevin McDonald donde nos muestra su valiosa capacidad para desarrollar un estilo documental y a su vez mantener intensidad y fluidez en un relato cargado de momentos vibrantes y de varias conjeturas.

Y es que la elección de este director inglés no es casual. Tras hacerse un hueco a base de buenos documentales, se estrenó en la gran pantalla con “El último rey de Escocia” haciendo grande a Forest Whitaker. Y ya demostró una discreta capacidad para adentrarse en personajes complicados e intentar sacar lo mejor de ellos, así como su facilidad para generar momentos de alta intensidad, sin necesidad de recurrir a mecanismos archi conocidos y poco originales.

Kevin MacDonald se encuentra ante el reto de trasladar a la gran pantalla la miniserie inglesa de gran éxito “State of play” (título original también del film) y hacerlo procurando mantener la esencia e intentando aportar una nueva perspectiva o un diferente tratamiento.

El asesinato de la amante de un polémico Congresista es el hilo conductor que lleva a toda una serie de complejos tramas, donde el auge de la seguridad privada en países desarrollados se pone en entredicho.
Nuevamente nos encontramos con la eterna lucha entre periodistas y policías a la hora de investigar un crimen que se salda en esta ocasión con una arrebatadora -y ridícula por su planteamiento- victoria en favor de los primeros, lo que le impide adquirir el máximo grado de autenticidad a la historia. Los héroes, -entiéndase los periodistas- se encuentran interpretados por el sensacional Russel Crowe que en un papel muy cómodo para él consigue ser el auténtico motor que mueva la historia, enriquezca el film y le vuelva a colocar en el Olimpo de los canallas adorables, tras su tenue imagen en “Red de mentiras” de Ridley Scott. Le acompaña, discretamente, y en un convencional papel Rachel McAdams, aunque es sin duda Helen Mirren la que eclipsa con esa poderosa actuación a todas las demás mujeres, incluida la siempre bella y fascinante Robin Wright Penn, como mujer de un acertado Ben Affleck, Congresista.

Con este importante elenco de actores, un más que interesante guión, y un director que sabe desarrollarlo era complicado que no concluyese en un film intenso de momentos vibrantes, de gran acierto narrativo y con la velocidad adecuada para mantener siempre la historia en un elevado interés y en una adecuada simetría emocional.

Quizás en los momentos finales pueda ir perdiendo algo de fuelle, hasta llegar a un estético plano final, pero se trata sin duda y en líneas generales de una película muy entretenida, sin excesivas ambiciones e interesante.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Los abrazos rotos

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La fragilidad de un abrazo compartido


Cada vez que nos encontramos ante un nuevo estreno de nuestro cineasta más importante (tras Buñuel), es indudable que se crea un alto grado de expectación, y también de responsabilidad por parte del director manchego. Cada vez también con más asiduidad, el resultado colma cualquier expectativa creada, y en la ocasión que nos ocupa sucede exáctamente lo mismo.

Y sucede lo mismo, porque nos encontramos ante una obra que contiene todos los elementos necesarios para catalogarla de -casi- redonda.
Sin renunciar –en ningún momento, y por fortuna- a su particular estilo y con un alto grado de madurez y personalidad, el genial director Pedro Almodóvar vuelve a construir una historia de pasiones encontradas, de emociones ininterrumpidas y etéreas nostalgias, que en esta ocasión se presentan en forma de abrazos que no terminan de fundirse, en abrazos rotos.
Este tipo de abrazos es uno de los símbolos utilizados para expresar ese sentimiento de fatalidad. Pero es sobre todo el significado doble, entendido como duplicación el valor más potente que rodea todo el film. Ya desde los créditos podemos observar como la cámara de Almodóvar observa primero a los dobles de luces de Penélope Cruz y Lluis Homar, y posteriormente a estos mismos concentrados antes de rodar una importante escena. Es una oportunidad única de captar lo que jamás se debiera ver. Un voayerismo supremo que nutre un ansia del director; su fascinación por observar sin ser visto y captar la esencia de miradas y silencios. La mencionada duplicación también la encontramos en el mismo protagonista , que tras una terrible tragedia, decide cambiarse el nombre y por ende al anterior director de cine Mateo y convertirse en el nuevo guionista Harry. También hay finalmente, doble perspectiva en la misma Lena (Penélope Cruz), tanto en su vida privada con sus dos relaciones claramente diferenciadas, como con su personaje en la película que está rodando. Duplicidad, desdoblamiento, duplicado. Diferentes conceptos para expresar una diáfana idea: la doble vertiente entre ficción y realidad. Dos conceptos que Almodóvar termina por dominar casi con insultante suficiencia. Un juego de sombras sobre el que trabajar con dos sentidos opuestos de un mismo escenario.

Si hay una cualidad en la que Pedro Almodóvar destaca por encima de casi todos los cineastas, es en la dirección de actores. Y son Penélope Cruz y Lluis Homar los que más y mejor han salido beneficiados en este sentido. Penélope se nos presenta espléndida. El director ha sabido sacar lo mejor y más brillante tanto en su labor de interpretación donde vuelve a estar a gran altura, como sobre todo estéticamente donde hay planos tan sensacionales que a uno le vienen a la mente las maravillosas Audrey Hepburn, Ingrid Bergman, Sofía Loren o Shirley Mac Laine donde explosión visual, ingenua belleza y capacidad de seducción ante la cámara son fuego y pureza a partes iguales. Por otro lado en Lluis Homar encontramos su lado más seductor y atractivo en una notable interpretación tanto de galán con escrúpulos como de resuelto ciego canalla. Un trabajo crucial para entender el devenir de una historia que se nos presenta compleja en algunos tramos y contundente en momentos finales.

Si bien es cierto que la breve inclusión de actrices archi conocidas de su cine como Rossy de Palma o Chus Lampreave, o el desarrollo de una película dentro de la película que resulta ser una libre adaptación de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, pudiera interpretarse como un auto homenaje a su cine, principalmente el de los años ochenta, más bien se entiende como un guiño nostálgico hacia ese mismo cine. Un deseo de volver una agradecida mirada a aquel mundo en el que Almodóvar se movía como pez en el agua y que tantas satisfacciones le otorgó. Un discreto gesto, que culmina con divertido monólogo de la siempre espontánea Carmen Machi y que todo en conjunto supone, eso sí, un homenaje a todas las actrices que formaron parte de aquella época y que adquirieron el ya de por sí significativo nombre de “chicas Almodóvar”.

La película se mueve en el -muy cómodo para el cineasta- género “noir” que ya tocase en “Carne trémula” y “La mala educación”, siempre sin abandonar los inconfundibles toques pop-art tanto estéticos como morales, y miradas cargadas de matices “warholianos” y un thriller tratado con el respeto y el tacto suficiente para dotar a la historia de un dinamismo y emoción que no pierde fuelle en ninguno de los momentos del metraje. Todo ello acondicionado con una sucesión de magistrales tomas, secuencias y escenas a caballo entre lo urbano y la naturaleza de Lanzarote, y que alcanzan su momento más espléndido con dos en concreto. La primera en la que Penélope se auto dobla a sí misma en una escena de elevada carga moral y psicológica y que supone un punto y seguido en el desarrollo de la historia. Y una segunda donde nos encontramos una escenificación de la siempre imposible tarea de atrapar el tiempo perdido. Sostenerlo en las manos como Mateo intenta a través de una pantalla de televisión donde fotograma a fotograma se presencia lentamente lo que quiso ser un beso eterno. Un beso roto.

Nos hallamos ante una verdadera y abierta declaración de amor al cine en general, y al neorrealismo italiano en particular, en su personalísima visión de entender éste y de comprender el mundo actual que le rodea y al que le añade sutiles matices de obligado reconocimiento. Todo un ejemplo de valentía y pureza narrativa. Un nuevo acierto del que a día de hoy, es el director más importante de nuestro cine.


sergio_roma00@yahoo.es



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Preguntas Digitales: Neus Asensi


Con motivo del estreno de la película "Los muertos van deprisa" he tenido ocasión de hacerle 3 preguntas a la actriz Neus Asensi:

  • Pregunta nº2:
Hola Neus. Me imagino que serás consciente que eres una de nuestras "sex symbols" de nuestro cine patrio. ¿Cómo se lleva esa "carga" y sobre todo cuál es el secreto de tu "sex appear"? Muchas gracias

Muchas gracias. Una no se da cuenta de esto. Si es verdad que hay un montón de personajes que he hecho que son muy sensuales, que tienen carga erótica. Después de 'Torrente' es un poco lo que me cayó encima. No sé cual es el secreto, supongo que no ser consciente de ello, ser tu misma. Yo soy muy mediterránea de actitud. Eso en sí mismo igual es sensual o erótico, eres vitalista, alegre, es una cultura que acompaña a los sentidos.

  • Pregunta nº 8:
Hola Neus, ¿nos puedes adelantar algo de tu próximo proyecto "Tú eliges" con Antonia San Juan como directora? Gracias

No he visto la película todavía, pero me han llegado muy buenas noticias de ella, de gente de la profesión que sí la ha visto. Es una película con varios personajes, muy coral, rodada en muy poco tiempo, pero dirigida por Antonia, que es muy aguda como directora y muy graciosa como actriz. Tiene diálogos vertiginosos, trata sobre el engaño, el autoengaño y el engaño a los demás, y las elecciones que hacemos, correctas o no. En concreto, mi personaje es la eterna equivocada. Muy trupera.

  • Pregunta nº 15:
Hola Neus. ¿Cómo observas desde tu posición la situación del cine en general y el español en particular, y cuál crees que pueden ser las soluciones para hacer que el espectador vuelva al cine? Gracias

A mí me parece que el cine español está en un buen momento. Verdaderamente no podemos competir con la publicidad del gran gigante americano, con lo cual lo único que podría ayudarle es la actitud del espectador. Ir al cine se ha convertido en un acto de voluntad. Todos tenemos acceso a imágenes por internet, por muchos canales de televisión, por lo cual es un acto volitivo. La solución es que acudáis ya, desde el viernes, a apoyar al cine español.


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