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Crítica de: Enemigos Públicos

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El arte de robar (y rodar) con guantes blancos.

Si bien es cierto que a la figura del popular atracador de bancos John Dillinger se habían acercado ya, tanto escritores como cineastas, nunca se había hecho desde una perspectiva tan evocadora por parte del director, ni con tanto magnetismo en su proceso interpretativo.
El hecho de que ambos (Mann y Deep) tengan en Chicago una serie de lazos comunes, puede que explique algo de lo anteriormente dicho, pero evidentemente hay mucho más.

Lo primero que conviene destacar es la excesiva y probablemente necesaria idealización de un personaje, que aún siendo delincuente se ganó las simpatías de buena parte de la ciudadanía de aquella época. Un personaje que se dedicó a robar a los que más tienen, y a los que -en plena época de la Gran Depresión- más estaban ahogando a la población de a pie. De por sí, la “profesión” de ladrón de bancos ha resultado cautivadora y terriblemente eficiente en cine, pero si a esto le añadimos que nos encontramos ante un personaje que en ocasiones devolvía el dinero a los clientes que se encontraban en el momento del atraco en el Banco, y que además se burló por activa y por pasiva de la policía con sus continuas y espectaculares fugas, tenemos como resultado la creación de un antihéroe cargado de romanticismo, un Robin Hood del Chicago de los años 30. En definitiva un personaje endiabladamente cinematográfico.

Para aprovechar al máximo este filón, Michael Mann decide apostar a caballo ganador, y le ofrece el proyecto a un actor que nació a 240 km del pueblo natal del delincuente en cuestión: Johny Deep. Un actor al que siempre le ha fascinado la historia de John Dillinger, y que consigue una espectacular y efectiva interpretación de un delincuente con carisma, añadiéndole ese toque mitad romántico mitad canalla que el personaje necesita y agradece. Le tocará bailar con la merecidamente oscarizada por su papel en “La vida en rosa” Marion Cotillard, inmersos ambos en una más que interesante historia de amor donde la mayor parte de los sentimientos se encuentran cuidadosamente camuflados, la pasión se sobrentiende y la estrechísima unión que se produce entre ambos se refleja en cada mirada que conectan.

Con esta película Michael Mann se consolida como un peculiar cineasta que combina con sencillez independencia y comercialidad, que se mueve en arenas de diferente factura y calibre con relativa comodidad y que fundamentalmente sabe perfectamente lo que quiere y no escatima en recursos para obtenerlo. En esta ocasión, Mann se entrega por completo en elaborar una acertada puesta en escena de los años de la Gran Depresión (una época por la que siempre ha mostrado un gran interés) y para ello recurre a escenarios reales como la cárcel Crown Point, la posada Little Bohemia, y especialmente el cine Biograph donde estallará el momento final de este logrado film.
Mann no se limita a cuidar los exteriores y el aspecto físico de la época, sino que sobre todo nos muestra es aspecto moral y psicológico de una complicada época, con sus modales, maneras de pensar y actuar y pequeños detalles que nos trasladen sin excesivo esfuerzo a aquella época de los años 30.

Aparte de lo mencionado, es muy destacable la excelente dirección en todos y cada uno de los aspectos de la película, la magnífica combinación de primeros planos, movimientos de cámara en mano, y planos contemplativos y casi inertes que se deleitan con la escena formal. Una mezcla de acción y planos sugerentes que le dan a la película un marcado sabor al mundo del hampa sin abandonar otros aspectos más intensos, consiguiendo una adecuada y muy acertada velocidad narrativa, en una perfecta absorción de la novela en que se basa este “Enemigos Públicos”.

Del mismo modo, se deleita y nos embriaga con tres escenas fascinantes: dos de ellas tienen lugar dentro del cine. La primera nos muestra un abarrotado cine y un aviso “estilo no-do” de que el terrible delincuente John Dillinger bien podría estar a nuestro lado en estos momentos. Inquietante y divertida a la vez. La segunda se produce en el tramo final viendo como un apasionado Dillinger disfruta con la película “El enemigo público número uno” donde sin duda se siente identificado en varias fases. Pero antes de esto, y como nueva escena destacable, el valiente atracador se pasea por las oficinas policiales sin que nadie se entere, para degustar el placer de sentirse perseguido, admirado y en definitiva importante. Una secuencia de elevadas proporciones que nos muestra la talla de un ambicioso director y un excelente actor, que con un estilo sobrio del primero, y embriagador del segundo redondean un momento decididamente subrayable.

No podemos olvidar, el nuevo e inquietante duelo interpretativo que Mann vuelve a emplear, esta vez entre Deep y Christian Bale. Este último, y aunque tiene todas las probabilidades de salir perdedor, aporta ese grado de seriedad, conservadurismo y extraña bohemia que necesita el personaje en contraposición a un Dillinger que se va ganando el afecto del espectador a cada minuto. Si en “Heat”, el duelo interpretativo y de personajes se antojaba en un empate técnico, en esta ocasión caerá del lado del que parte con demasiada ventaja desde el inicio y ,como en aquella ocasión, una breve y pletórica escena donde ambos se verán frente a frente disipará en buena medida el desenlace.

Cine de acción de alto grado, con una –ya antes empleada- discreta exploración de la psique de personajes cautivadores y un sinfín de momentos donde deleitarse con imágenes, diálogos o simplemente sensacionales momentos narrativos.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Desgracia

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Luces, sombras, y estigmas morales
Difícil y ambicioso proyecto el que decidió emprender el director Steve Jacobs, tratándose de una de las mejores novelas del siglo XX, premio Booker 1999, del escritor sudafricano J.M. Coetzee, con unas connotaciones políticas, sociales y también literarias muy particulares.
Toda la historia transcurre con el telón de fondo de una Sudáfrica post Apartheid pero con unas secuelas muy significativas en la moral y el estilo de vida de sus habitantes.
La vida del profesor David Lune cambiará para siempre cuando se vea inmerso en un asunto de abuso sexual en su Universidad y con diversos problemas de convivencia cuando decida apartarse a vivir con su hija en una granja apartada.
Personaje complejo donde los haya, muy al estilo de algunos papeles que ya emprendiese con anterioridad John Malkovich, por lo que se intuye su fácil adaptación al mismo, lo cual se ve reflejado en el resultado final. Conecta aunque en ocasiones parezca distante; expresa suficientemente aunque resulte ciertamente desequilibrante.
Steve Jacobs se ha decidido por una adaptación lo más fiel posible a la novela. Lo que en otros casos podría ser algo destacable e incluso plausible, en esta ocasión se encuentra con una importante barrera. El hecho de ser fiel a dicha novela configura demasiados enigmas, momentos de alguna confusión y principalmente un tiempo narrativo que en otras historias se antoja aconsejable, pero en esta termina por exprimir demasiados momentos monótonos y sin profundidad.
“Desgracia” es una novela magnífica, que revela un submundo moral y social que permanece aún desconocido en buena parte de Occidente. Steve Jacobs absorbe toda esa esencia y lo adapta a una sutil manera de rodar, donde son los personajes los que conformarán los matices, y donde la cámara se limitará a observar en la distancia, creándose momentos de reflexión y preguntas sin respuestas.
La convivencia en una Sudáfrica post Apartheid servirá de excusa para conformar toda una estupenda metáfora sobre la moral humana en momentos límites, y especialmente la barbaridad asomando a la puerta de un hogar cargado de desidia y sueños arruinados. Es un verdadero toque de atención sobre lo que existe y no se quiere observar, sobre lo que todavía permanece y cuesta ver desaparecer.
Aunque la historia es realmente buena, debido al talento del escritor Coetzee, la adaptación se quedan en un vano intento por mostrar el mismo resultado literario. La primera historia se sostiene con pinzas, donde no está bien explicado el abuso de poder, y no se obtiene la garantía de credibilidad necesaria para comprender las connotaciones en toda su profundidad. La segunda y más compleja historia deja demasiadas cuestiones sin resolver.
Luces y sombras en un cruel cuento que se va perdiendo en la distancia.

sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: El cuarto ángel

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Jugar con fuego sin quemarse


-->“Y el cuarto ángel vertió su copa sobre el sol, y le fue concedido que pudiera quemar a los hombres con fuego”.

Con esta premisa recogida del Apocalipsis 16:9, se fragua una historia que si en sus comienzos se antoja interesante, se va diluyendo al ritmo de un guión enrevesado y con poco fundamento. Todo suena artificial y en cierta medida mediocre, a pesar de que las interpretaciones de Jeremy Irons (esencial) y de Forest Whitaker ( a su altura) de dan un marcado acento categórico a lo que se sostiene con pinzas.

No acierta el director John Irvin en la propuesta de thriller político, y se enreda en un guión muy poco sostenible que juega bazas que a la larga terminan siendo perdedoras.
El final (sencillo) es una muestra más de poca astucia para conformar este proyecto.
Interpretaciones, algo de ahogado interés en algunos tramos y muy poquito más. Fuego inofensivo.


sergio_roma00@yahoo.es

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Pregunta Digital: Marta Etura

Con motivo de la presentación de la película "7 minutos" tuve ocasión de hacerle una pregunta digital a Marta Etura, en el Encuentro Digital de "El Mundo". (22 Abril 2009)

Pregunta nº13

13. Hola Marta. Me gustan muchas de tus interpretaciones, especialmente en "Azul oscuro, casi negro", "Las trece rosas", "Casual day"..etc, tengo ganas de verte en esta nueva aventura. ¿Con qué director te gustaría trabajar de los que todavía no has trabajado? Gracias

Con muchísimos. Me gustaría trabajar con Almodóvar, con Amenábar, con Fernando León, con Jaume Balagueró, con Álex de la Iglesia, me encantaría repetir con Daniel Sánchez-Arévalo y en realidad con todo aquel que tuviera una historia interesante y un personaje potente.


Leer Encuentro Digital

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Crítica de: Up

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Comenzar expresando abiertamente que estamos ante una nueva y maravillosa aventura de los chicos de Pixar, puede que a estas alturas ya no sorprenda a nadie, lo cual dice mucho de un grupo de trabajo que se esfuerza en conseguir productos atractivos, espectaculares y especialmente novedosos. Cuando todavía no nos habíamos recuperado de la agradable sensación que nos dejó la película que ha dejado el listón más alto (Wall-E), ahora nos presentan una historia que si se le pudiese añadir un pero es posiblemente lo poco imaginativa de la misma en su núcleo general y particularmente en su tramo final.

La aventura de un anciano, que obligado a ir a una residencia, decide en un inesperado acto de rebeldía, cumplir su sueño y el de su mujer de viajar a Paradise Falls (un exótico lugar de Sudamérica), es a priori sencilla, y poco novedosa. Es sin duda alguna, en la pureza y fuerza narrativa, y en el ingenioso desarrollo de esa historia en donde reside la magia, la categoría y la grandeza de esta película de animación, que paradójicamente renuncia a explotar de manera readical el formato 3D en favor de un estructurado y preciosista contenido.

Tras un sencillo y cómico juego acerca del nacimiento de los niños, y tras la presentación del niño que posteriormente va a ser el protagonista anciano de la aventura, Pixar reúne todas sus potentes armas cinematográficas para fascinar, sin previo aviso y con alevosía, con una magistral secuencia narrativa de unos cinco minutos que tan sólo acompañados de imágenes y música conformarían de por sí sola, una obra maestra del cortometraje de animación. Un espectacular momento que deja atónito, sorprendido y emocionado al espectador, y que anticipan unas expectativas que más tarde se cumplen a medias.

La gran novedad de “Up” respecto a sus predecesoras en esta factoría sinónimo de garantías, es el valor humano por el que esta vez se apuesta y al que se le da verdadera importancia. El sentimiento, la emoción y las delicadas y muy cuidadas escenas dramáticas, es el principal envite de una historia que aunque por momentos puede resultar predecible, se disfraza a base de golpes (muy ingeniosos) de humor, gotas (muy delicadas) de ternura y animaciones (muy cuidadas) de muy alto nivel. Hay un delicoso aroma a Chaplin que planea sobre toda la película, del mismo modo que planea una surrealista casa volante, que nos evoca a la maravillosa "Una historia verdadera" de David Lynch, donde la cortadora de césped servía de vehículo utópico para una reconciliación con el pasado, o como en esta ocasión con el sueño anhelado.
Todo ello conforma un cocktail al que dificilmente podemos resistirnos; una explosión de situaciones de magnífica precisión narrativa y un juego de imágenes, diálogos y situaciones que convierten el cine en magia y la película en metáfora visual. Una excelente e inmejorable mezcla entre momentos divertidos y otros tantos emotivos, todo ello bañado de imágenes efectivas, brillantes y en alguna ocasión espectaculares que se pueden ver incrementadas si le añadimos la tecnología 3D.

El gran valor de “Up” reside en esa pureza narrativa que antes señalaba, y en un tratamiento de los valores como nunca antes se había hecho, donde caben críticas, metáforas y por supuesto mensajes que calan y contienen un alto grado de intención. Los sueños como deliciosa utopía rodea toda la aventura, que si bien en general deslumbra, no siempre consigue una plena y satisfactoria conexión.

Mínimos detalles como miradas, sonrisas, una casa que sobrevuela vuela sotenida por globos, o un simple y divertido collar en unos perros, se convierten en una magistral excusa para conseguir el efecto deseado y a su vez una complicidad con el espectador que se mantendrá a lo largo de toda la película.
Un nuevo acierto, una excelente aventura visual y narrativa y una apuesta segura (esta vez sí) a las nuevas y (desafortunadamente ampliadas) nominaciones a los próximos Oscar.

sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Despedidas

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El adiós envuelto de magia

Existen ciertos oficios, que en su esencia producen el rechazo de la mayor parte de la gente, o al menos la indiferencia. El trabajo de amortajador, aparte de ser uno de los más desconocidos, especialmente en Occidente, es uno de esos oficios. Es en Oriente, donde la ceremonia de amortajamiento, (que consiste en lavar, maquillar, y en definitiva dejar lo más presentable posible al difunto ante la presencia de sus allegados) cobra una mayor importancia y se transforma en un ritual de enorme significación.

El actor protagonista Masahiro Motoki, fue el verdadero impulsor de la idea de esta original película, a raíz de un viaje a la India, donde pudo observar con detalle la importancia que se le da a ese oficio en dicho país, y en términos generales, la naturalidad con la que conviven vida y muerte, luz y oscuridad. La capacidad de mirar de frente a la muerte, y asumirla con absoluta sencillez dejó fascinado al actor japonés.

Con este molde, Kundo Koyama se encargó de elaborar un guión que pusiera de relieve una infinidad de aspectos en torno a este tema, y el director Yojiro Takita se encargó de dar vida a un mundo olvidado, rechazado en algunos aspectos, pero sobre todo un eje central donde construir en torno a él, todo un recital de temas relacionados con la amistad, la pareja, las relaciones familiares y laborales y las dificultades de construir una armonía alrededor de uno mismo. Yakita emplea diversos matices cómicos donde enfocar un adecuado contraste en momentos de compleja tensión. Utiliza el humor como salvaguarda de un ambiente escabroso, un destello de luz que se erige en torno a una obligada y profunda sombra silenciosa que lo intenta abarcar todo. Para ello, difícilmente podía haber encontrado un actor mejor que Masahiro Motoki, que aporta ese grado de inocencia e incredulidad en sus comienzos, y destreza y personalidad a lo largo de la serie de acontecimientos en los que se ve envuelto, combinando a la perfección humor, drama, ternura y pasión. A su lado, la joven Ryoko Hirosue aporta la frescura necesaria que necesita el personaje que si bien se mantiene fiel en sus inicios a su pareja, más tarde se ve en la disyuntiva de afrontar una difícil convivencia con algo que no acaba de entender.

"Despedidas" se enmarcan dentro de un tono amable en torno a la última visión del difunto, subrayando su aspecto estético y artístico y dando importancia a la forma sobre el fondo, convirtiendo esa despedida en un enigmático viaje donde la persona que se despide se presenta con su aspecto más deslumbrante, y si cabe evocador.

Todo está cuidado y buscando un encaje casi milimétrico, incluyendo una sensual música a cargo de Joe Hisaishi (habitual en los filmes de Takita) y una estupenda fotografía ambientada en los escenarios naturales de la zona de Yamagata. Todo bajo una dirección llena de matices y con un profundo interés por ofrecer naturalidad a lo que a priori produce un habitual rechazo.

La vida y la muerte en una singular convivencia. La última despedida provista del mejor atuendo y el más sobrio maquillaje. Manos capaces de amortajar con la misma dulzura con la que acarician un instrumento musical. Cine de categoría superior.


sergio_roma00@yahoo.es