0

Crítica de: Fish Tank

Etiquetas:

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjphpH8bWIMSaDeJ6SrWZ15SEcPizDOraMBqwPsINGbwp_vrNKSVciV6KCMkly6tBB3O4ABn2UO8BctOHA1vQ-TA0-X5B5v8WkpGZL7pflR4UV5S_XKQxDX-tcM4nUbt9xMb5ZAzFIn88MY/s1600/4.png

Quince complicados años


Cuando se habla se sucesores de Ken Loach, (con el que estuvimos no hace mucho tiempo en la rueda de prensa de su última película “Buscando a Erick”) hay que estar siempre alerta y mantener cierta perspectiva al respecto, puesto que nos hallamos ante uno de los mejores directores de cine social contemporáneo. Buscar y mantener su estilo, puede que no resulte a priori demasiado complicado, pero conseguir los resultados tan eficaces es lo que sin duda alguna se antoja difícil.

Andrea Arnold ya nos sorprendió con su primer largo (“Red Road”) y demostró una capacidad para indagar en lo más profundo de la soledad humana y urbana, al tiempo de conquistar una pequeña parcela intuitiva donde observar se convertía en un ejercicio de alevosa curiosidad crítica que desembocaba en un turbio enredo sentimental. Con todo, se vislumbraba una habilidad innata para enfocar a los personajes bajo una sombría luz, siempre en la búsqueda de la claridad más tenue posible. Acertó plenamente en aquella ocasión, y por ello se esperaba bastante de este segundo trabajo.

En “Fish Tank”, Arnold retoma el enfoque social y humano en esta ocasión con una adolescente de quince años y multitud de conflictos internos en torno a ella. Arnold, reincide en la búsqueda de la soledad menos deseada pero inevitable. Recurriendo a actores muy poco conocidos, persigue esa naturalidad y desencanto que guardan los barrios bajos de cualquier ciudad cosmopolita. Coloca hábilmente la cámara como un mero y silencioso observador, dejando que los personajes desarrollen su particular día a día dentro de un destino confuso y marcado por la falta de recursos. En este entorno desestructurado, es donde Arnold se maneja con especial soltura, sin desmarcarse de las influencias del citado Loach, o de Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, deja entrever un territorio propio y personal en el que consigue una ligera marca de distinción.

La magnífica interpretación de una desconocida Katie Jarvis consigue trascender lo puramente dramático para asentarse con extremada sencillez en un particular protagonismo cargado de autenticidad sorprendentemente madura.

Estamos pues ante una buena muestra de cine hecho desde la más estricta humildad, con ese acento anglosajón que escarba en lo profundo del estigma social automatizado y con la elegancia de quién quiere contar una historia sin pecar en desmedidos ornamentos suburbanos.


sergio_roma00@yahoo.es

0

Crítica de: Honeymoons (Lunas de miel)

Etiquetas:


https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjphpH8bWIMSaDeJ6SrWZ15SEcPizDOraMBqwPsINGbwp_vrNKSVciV6KCMkly6tBB3O4ABn2UO8BctOHA1vQ-TA0-X5B5v8WkpGZL7pflR4UV5S_XKQxDX-tcM4nUbt9xMb5ZAzFIn88MY/s1600/4.png

Borrando fornteras


En muchas ocasiones, la grandeza del cine no sólo la encontramos en su nada desdeñable función de entretenimiento, sino en elementos tan importantes en una sociedad moderna como la capacidad de unir culturas, países y principalmente sociedades históricamente distanciadas, a través de una mirada concisa y certera. El cineasta serbio Goran Paskaljevic a través de sus películas es sin duda un ejemplo de ello, y con este último trabajo –ganadora de la Espiga de Oro en el último Festival de Valladolid- ha conseguido en la primera coproducción albano-serbia de la historia un enfoque imparcial, austero y especialmente audaz de lo que supone un ejercicio sincero y comprometido de una eliminación idílica de fronteras.

A través de dos historias paralelas, una pareja albana y una pareja serbia, y en dos momentos literalmente idénticos en el tiempo, Paskaljevic traza un gris esquema contemporáneo en torno a las citadas parejas, víctimas ambas tanto de errores del pasado como de los conflictos del presente.
Los sueños, los anhelos, y el deseo de una vida mejor se enfrentan a la burocracia, los prejuicios y el inmenso desajuste social que existe en un mundo repleto de injusticias y a las puertas siempre de un estado de bienestar mínimamente satisfactorio. Quizás Paskaljevic opte por enmarcar estas historia dentro de un contexto amoroso, en busca de un contraste necesario y causal e intentando conseguir un punto plenamente dramático que encaje dentro del ingrato paisaje que si bien adquiere siempre connotaciones grises, mantiene en ocasiones una exultante entonación verde como último resquicio de esperanza. Una esperanza a la que se agarrarán cuatro jóvenes, con distintas motivaciones, distintos sueños, pero un mismo nexo en común: la libertad.

Paskaljevic se aleja discretamente del discurso político para centrarse plenamente en un cine social, humano. Una película que conmueve y permite reflexionar sobre los problemas fronterizos, los conflictos familiares y las dificultades de encontrar una salida hacia un futuro más estable y sobre todo más seguro.

Las interpretaciones de los cuatro protagonistas, así como de los secundarios son precisas y auténticas hasta el punto de adaptarse milimétricamente a la historia y conseguir que fluya sin perder un ápice de interés, e incluso incorporándose momentos divertidos dentro de un marco que tiende de manera necesaria hacia la tristeza.

Cine comprometido, intelectualmente elevado y con la clara consigna de unión entre pueblos distantes, pero sin olvidarse nunca de contar historias entretenidas, emocionantes y con ese plus de realismo que tanto se agradece en la gran pantalla.


sergio_roma00@yahoo.es

0

Crítica de: Fantástico Mr. Fox

Etiquetas:


https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjs5WOmhLr76rIEfFm1Zy3dHStQhoVUzh7byPMiWesrp50prvpxh7jhseghihSBG8Bpp6Yk1Y-UgrDGfjz87cNy3iLfIfwgSf-wrYMJTf6C0Vep-Pos-kRiYzFiN56L0IGAbZAIZ7KsobNc/s1600/3.png

Artesanía e imaginación

A pesar de la buena (o excelente) salud que goza el cine de animación en estos momentos, y de la espectacular y aparatosa tecnología digital puesta a disposición de cineastas y productoras, películas como “Fantástico Mr. Fox” son de las que te hacen aficionarte aún más a este tipo de cine y al mismo tiempo disfrutar de los manjares que la nostalgia nos proporcionan a modo de arquitectura animada rudimentaria en su aspecto más externo, pero precisa y de indudable armonía artesanal en su íntima visión sosegada. Y es que esta interesantísima película de Wes Anderson nos devuelve la magia del cine animado convencional en su estética, revolviendo los pasajes más añejos de nuestra memoria, y reencontrándose con una manera de trabajar tan minuciosa como radiante en su resultado final.

El director norteamericano Wes Anderson ya había manifestado sus deseos de explorar la técnica “stop motion” en el cine, y de la mano del director de animación Mark Gustafson han elaborado un particular submundo donde cabe por ejemplo la extraña situación de encontrarnos compulsivos e ingeniosos diálogos en un ambiente minuciosamente prefabricado, y donde el citado ambiente que parece conquistar con autoridad la pantalla se pone a disposición de la historia sin arrebatarle su protagonismo pero destacando en su particular parcela de notoriedad con una estética impecable.

Es probablemente en la historia en sí, donde quizás podamos encontrar mayores motivos de ligera insatisfacción. La película es una adaptación de un libro infantil de Roal Dahl (“El superzorro”), donde no sólo se cambia el título, sino también algunos pasajes y protagonistas. Mr.Fox, como personaje principal absorbe a todos los demás de una manera aplastante, pero a su vez y aunque suene paradójico cede protagonismo al involucrar a cada personaje de manera generosa en su propio mundo, permitiendo una complicidad que se aprecia desde los primeros compases narrativos. Los personajes fluyen de manera armoniosa al compás que marca Mr. Fox, lo que le permite a Anderson manejar a su antojo la historia y a su vez reflejar su propio universo personal. Un universo que aún cargado de nostalgia (como su cine anterior) acude a la llamada del optimismo con especial ímpetu, y frecuenta los fugaces rincones de la esperanza con particular convicción. No todo está perdido pese a que el destino aguarda con estricto e incómodo sigilo, pero para burlar a ese destino, habrá que recorrer intrépidos e incómodos pasajes donde perfilar un camino aún desconocido para los protagonistas, pero sin duda anhelado. Emoción, aventura, acción, y un cuidadísimo humor inteligentemente posicionado se mueven al son de una familia de zorros que luchan por marcar su territorio huyendo de las pautas dictadas por el destino en busca de un hábitat más saludable. Mantener la intensidad del relato es lo que más esfuerzo ha debido de costar y es en cierta medida lo que nos priva de una obra redonda junto a un mayor esfuerzo imaginativo en momentos puntuales.

Imposible comentar esta película sin que nos venga a la cabeza la reciente y extraordinaria “Donde viven los monstruos”. Películas ambas que gozan de la aceptación por igual y por diferentes cauces interpretativos tanto del público infantil como del público adulto. Y no es casual, puesto que directores como Wes Anderson y Spike Jonze tienen sobrada capacidad para experimentar en múltiples mundos y sacarles partido a todos ellos, sin perder un ápice de eficacia y consiguiendo un resultado tan exhaustivo que en no pocas ocasiones emociona. Tampoco deberíamos olvidarnos en este sentido del singular Tim Burton que sin bien con su Alicia no destaca precisamente en su aspecto más trascendental, y en su búsqueda del sentido último del libro de Carroll, sí existe un acercamiento a lo que Anderson y Jonze pretenden de manera inteligente.

Imprescindible se antoja el visionado en versión original si se quiere disfrutar plenamente de esta película, ya que si finalmente nos resulta imposible separar a Mr. Fox de George Clooney o a Mrs. Fox de Meryl Streep por ejemplo, es sin duda por las sensacionales interpretaciones vocales de ambos, especialmente de un Clooney en particular estado de gracia en cuanto a la elección de personajes se refiere. Un auténtico lujo, y por supuesto un especial aliciente que no debiera quedarse excluido del agradable espectáculo fílmico, donde también destacan momentos musicales extraordinarios compaginados con una excelente elección musical.

Película formalmente impecable y trabajada, narrativamente interesante y con los ingredientes suficientes como para conseguir la atracción de un público diverso y con especial interés en devorar cine de esplendorosa factura.



sergio_roma00@yahoo.es

0

Crítica de: Alicia en el país de las maravillas

Etiquetas:


https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjs5WOmhLr76rIEfFm1Zy3dHStQhoVUzh7byPMiWesrp50prvpxh7jhseghihSBG8Bpp6Yk1Y-UgrDGfjz87cNy3iLfIfwgSf-wrYMJTf6C0Vep-Pos-kRiYzFiN56L0IGAbZAIZ7KsobNc/s1600/3.png
Radiante explosión formal

A estas alturas, cualquier nuevo estreno de Tim Burton supone ya de por sí todo un acontecimiento cargado de expectación. Y es que el niño travieso de Los Angeles se ha ganado a pulso un hueco de honor en ese complicado y poco habitado cetro donde se adhiere la respetabilidad cinematográfica. Con un universo propio, terriblemente auténtico y donde lo normal deja paso a un esquema ilusorio, irreal y fascinante de los mecanismos humanos, Burton ha sabido llevar su carrera con personalidad e inteligencia. Alternando películas de encargo con proyectos más personales, se ha reencontrado a sí mismo y ha conseguido un estatus que le permite una mayor independencia, o lo que es lo mismo un mayor divertimento personal, lo cuál se aprecia constantemente en sus películas.

Y en esas estamos con el estreno de esta esperada versión de “Alicia en el país de las maravillas”. Película homónima de la novela de Lewis Carroll y una de las más complicadas de realizar, no sólo en cuanto a la mecánica de rodaje (ha tenido que invertir su proceso de trabajo habitual) sino a la dificultada de trasladar el universo que Carroll creó en 1865 y darle la consistencia necesaria para mantener viva su esencia. Es en este aspecto precisamente donde la película flojea deliberadamente. Con una profunda decepción comprobamos que Burton saca a relucir su lado más conservador, y lejos de aventurarse en un complicado ejercicio de traslación psicológica se conforma con presentar y adaptar personajes en un escenario –esto sí- fascinante. Se despreocupa por completo de captar el sentido último de la novela, o ni siquiera de aportar su particular punto de vista respecto a la misma, para simplemente recrear tradicionalmente un conservador cuento de hadas en que el mayor punto fuerte lo encontramos en la forma (incluyendo su proyección en 3D) sin darle mayor importancia al fondo.

En este aspecto (la forma), Burton vuelve a deslumbrar con una explosión de colorido, fantásticos personajes (extraordinarios los gemelos gorditos) y una música tan adecuada que resulta difícil separarla de la historia. Los personajes ganan enteros en cuanto a su estructura, aunque en algunos casos (Johnny Depp y Mia Wasikowska principalmente) pierden muchísima fuerza por culpa de unas interpretaciones poco resolutivas. Deep no conecta en absoluto con un personaje tan fundamental, y Mia Wasikowska no llega a encajar como la Alicia del mítico cuento. Por el contrario tenemos a la actual pareja de Burton (Helena Bonham Carter) realizando una sensacional aportación al personaje de la Reina de Corazones y una discreta Anne Hathaway como hermana “blanca y pura” de esta última.

Por tanto nos encontramos con una película difícilmente criticable en su aspecto formal, visual, estético, pero muy decepcionante en su aspecto más interno y personal, con una novela de la que se podía haber extraído un sentido más profundo y de la que apenas vislumbramos un ápice de surrealismo ilusorio. Una gran oportunidad perdida de estar delante de la gran adaptación, pero una estupenda oportunidad de disfrutar de un nuevo capítulo, un nuevo callejón sin salida del enigmático universo “Burtonland”.


sergio_roma00@yahoo.es

0

Crítica de: El mal ajeno

Etiquetas:

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiLrj40RulUPtegw8Io-KpwbBA7YJsI9H2_L7V6RaGy-huRuU5rpcY3GIq2kUdaLyhLGHV3edP0WhoUJVRPg5Ktl2ZxcsXqWoiITT5HXm9UyqtsbLcVZx4w6AztK3K4gTKi8G6U1S3DO-Wt/s1600/2.png

Las consecuencias del dolor

Recientes estudios están encaminados a conocer e indagar sobre los diferentes grados de dolor, y la reacción que provoca tanto en hombres como en mujeres. Los resultados no suelen ser del todo concretos, debido principalmente a la abstracción natural del término, y a la subjetividad en cuanto a la forma de padecerlo. Decía el extraordinario compositor austriaco Franz Schubert que “nadie podía comprender el dolor ni las lágrimas de los demás. Sólo marchamos los unos al lado de los otros”. Quizás sea cierto, que no alcanzamos a la comprensión del dolor ajeno, pero no cabe duda que nos cuesta desentendernos de él aunque nos toque lejanamente. Pero además hay profesiones como la de médico, en las que el dolor ajeno es el pan de cada día, y conviene ir fabricando una coraza a fin de no caer en la locura cotidiana.

El protagonista de esta historia, Diego (Eduardo Noriega) no sólo ha sido capaz de confeccionarse a la perfección dicha coraza, sino que a su vez la ha trasladado como si de un mecanismo de autocorrección se tratase, al resto de los sentimientos humanos, formando una personalidad fría, distante y con evidentes carencias de afección, lo cuál le llevará a ser protagonista involuntario de un hecho extraordinario.

La destacable presencia de Alejandro Amenábar en la producción de esta cinta puede suponer un plus de garantía y un aliciente interesante. El grado de implicación nos dirá si se trata de un “mero” apoyo a un amigo, y director novel tal y como hiciera Jose Luis Cuerda con él, o por el contrario un producto marca de la casa con todas sus consecuencias. Por desgracia, el resultado nos lleva directamente al primer estadio, y el grado de implicación se intuye escaso, y más bien se entiende que se trata de poner un nombre (sin peligro de ensuciarlo) a un producto que a priori no parece mediocre. Y efectivamente, Amenábar no sale del todo mal parado con esta película, aunque ciertamente algún grado de credibilidad personal se queda en el camino, y algún que otro elemento de prestigio.

Y es que “El mal ajeno”, ópera prima del realizador Oskar Santos se mueve entre lo fantástico y lo real, con resultado ambiguo y desigual. Baila al son tanto de su productor Amenábar como de su guionista Daniel Sánchez Arévalo, y entre medias queda poco. La conjugación de ambos elementos se realiza con desorden y escaso acierto, y lo que en un principio parece una historia interesante, poco a poco se va convietiendo en un compendio de situaciones poco creíbles, envueltas en un mundo de personajes opacos y un escenario que se tambalea a cada paso mal direccionado. Oskar Santos se mueve con soltura en cuanto a la investigación de los personajes, y su comportamiento, pero peca quizás de dejarles en exceso una libertad inapropiada y de proceder a un inadecuado ánimo de improvisación, de manera que si en un principio Isabel (Belén Rueda) nos atrae por su situación personal, con el paso del tiempo se diluye tanto la importancia de su papel que acaba por traernos sin cuidado su historia personal y mucho menos su desenlace. Todos los actores están correctos y sin sobresalir ninguno aportan su particular grano a una historia que difícilmente se sostiene con solvencia en lo que es un ejercicio de buen hacer cinematográfico en términos teóricos y mala aplicación en términos puramente narrativos.

El suspense marca de la casa de Amenábar se puede llegar a apreciar, e incluso resultar familiar (más si cabe con la presencia de Eduardo Noriega) y la situación de personajes a los que el dolor no les es indiferente nos lleva directamente al cine de Sánchez Arévalo (especialmente "Gordos") en no pocas ocasiones, pero el problema fundamental es que el resultado final adolece de personalidad propia y flojea en lo sustancial y trascendente, dejándonos un relato sobrio, ligeramente espeso y con una inminente falta de gancho esencial.

Aún así, estamos sin duda alguna ante un interesante comienzo, de un cineasta que apunta maneras y que cuando encuentre su verdadero camino a buen seguro nos dejará un producto de más alto nivel.

sergio_roma00@yahoo.es

0

Crítica de: El concierto

Etiquetas:


https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjs5WOmhLr76rIEfFm1Zy3dHStQhoVUzh7byPMiWesrp50prvpxh7jhseghihSBG8Bpp6Yk1Y-UgrDGfjz87cNy3iLfIfwgSf-wrYMJTf6C0Vep-Pos-kRiYzFiN56L0IGAbZAIZ7KsobNc/s1600/3.png

Música de reencuentro

La reunión de viejos compañeros varios lustros después para cumplir un sueño con motivo de una situación casual e irrepetible, es un tema bastante recurrente a lo largo de los años en el mundo del cine. Esto, al igual que en esta película, da lugar a extensos guiños bañados de comedia y una curiosa mezcla de situaciones que bien elaboradas puede dar lugar a una interesante historia. Clint Eastwood ya nos entretuvo con bastante solvencia con sus “Space Cowboys” y Kenneth Branagh nos delumbraba con aquella reunión de “Los amigos de Peter”, por poner dos ejemplos bien diferenciados.

El motivo de esta nueva reunión es la celebración de un concierto. Pero este concierto llevará tantas connotaciones consigo que lo que en un principio pudiera parecer una historia predecible, poco a poco se va tornando en un cuento mágico, donde los matices, las nostalgias y los sentimientos más encontrados se irán apoderando de la historia y de la pantalla con la misma facilidad con la que estos músicos rusos se apoderarán de las calles de París donde se celebrará el tan esperado concierto.

El realizador rumano Radu Mihaileanu (“Vete y vive”, “El tren de la vida”) se mueve con aparente sencillez entre dos campos paralelos y compatibles. Juega al melodrama inocente con las necesarias pero selectivas notas humorísticas, y a su vez intenta adentrarse en un campo un poco más maduro, más elaborado y si cabe comprometido donde por momentos muestra alguna que otra debilidad pero en términos generales se resuelve con discreto acierto y por tanto correcto resultado final.

La historia entretiene sin excesivos alardes y llega con notoria normalidad a conseguir una complicidad entre personajes y espectador que será el pilar en el que se sustentará un film en apariencia poco ambicioso, pero con cierto aire enfático que puede llegar a funcionar por momentos, aunque nunca llega a lograr un éxtasis tan majestuoso como sí lograba la música de Tchaikovsky que en cierta medida el film homenajea. Aún así, “El concierto” nos reserva algún momento emotivo y más de una sonrisa amable.

De todas las interpretaciones, que en cierta medida ayudan a que la historia se mantenga con suficiencia, las más destacables son por un lado la francesa Mélanie Laurent que consigue aportar ese ojo de incredulidad tan necesario ante tanta situación variopinta, y por otro y casi como contrapartida Aleksei Guskov sorprende en algún que otro registro y eleva el tono de la película cuando se mueve peligrosamente en el lado de la comedia insensata.

Atractiva propuesta que se presenta sin demasiado aura comercial, pero que tiene todo lo necesario para gustar a quién se acerque sin excesivas pretensiones y ganas de pasar un buen rato.


sergio_roma00@yahoo.es