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Crítica de: 127 horas

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Atrapado

El recientemente oscarizado Danny Boyle se ha adaptado con tanta facilidad al cine contemporáneo que se mueve con extremada soltura y solidez en todos y cada unos de sus terrenos, y le permite obtener oro de una historia aparentemente simple.

Sin apenas personajes, con un guión extremadamente simple (basado en la historia real de un aventurero se queda atrapado en una montaña con mínimas posibilidades de salir con vida) y con la imaginación como único medio para solventar la película, Boyle va construyendo un elegante producto que nos atrapa desde un primer momento, casi desde el primer plano, y a base de una cámara inquieta, una potente e incesante música (A.R. Rahman vuelve a colaborar, además de un sensacional tema de Dido) y la extraordinaria interpretación de James Franco consigue de "127 horas" un estupendo film donde suspense, angustia, drama e incluso comedia se mezclan con la suficiente destreza para poder estar hablando de una de las películas del año.

Y es que el director inglés, lejos de acomodarse tras su exitosa "Slumdog Millonaire", busca proyectos atratctivos y arriesgados, y "127 horas" no lo podía ser más. Al igual que Rodrigo Cortés con su reciente "Buried", Boyle tiene poco material para transformar un accidente en un prodigioso ejemplo de narración dinámica y con un fascinante montaje (esto la diferencia de la anterior película mencionada) logra una fluidez excepcional de una historia que debe discurrir con habilidad para conseguir el objetivo final.

Entretenida como pocas, y excelentemente dirigida por quien ya ha demostrado con creces que su capacidad de adaptación no conoce límites, y sobre todo emocionante hasta el punto de no saber qué es lo que va a pasar con este aventurero que poco a poco vamos conociendo un poco mejor y que se debate entre la vida y la muerte debido a un golpe de mala suerte.

Boyle sigue estando en forma, y eso siempre es una excelente noticia para el mundo del cine.



sergio_roma00@yahoo.es
twitter: @sergio_roma

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Crítica de: Primos

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Descompuesto y sin novia

Resulta realmente extraño y un caso ciertamente atípico dentro del mundo del cine, que un director que realizase la sensacional “Azuloscurocasinegro” (grata sorpresa en su momento del cine independiente) y la más que digna “Gordos” donde supo conjugar con cierta originalidad el drama con ligeros toques de comedia, se lance de manera descabellada hacia una comedia descarada y abiertamente comercial, y lo haga con un producto tan flojo y por ende decepcionante.

El guión, aún siendo prometedor, de manera casi instantánea se va transformando en una historia predecible, en una escapatoria hacia el maravilloso lugar de Comillas, en un ambiente vacacional y fiestero que anima al humor y la comedia pero que se hunde en un fallido intento de conjugar comedia festiva con superficiales momentos sentimentales.

Con todo, “Primos” se perfila como un atractivo producto divertido, que tendrá su aceptación, y que nos deja momentos cómicos de ligero acierto, donde el potencial de los actores mantienen viva la llama de la risa aunque sólo sea por sus interpretaciones. En este sentido Quim Gutiérrez se conforma como el auténtico motor de la comedia (pese a no tratarse de un actor cómico) y como un estupendo personaje que haciendo vibrar a una suerte de secundarios como Antonio de la Torre o Raúl Arévalo permiten que la película se desarrolle de manera aceptable y discurra por terrenos amables aunque abiertamente insuficientes. Por otro lado, el hecho de incluir a los mismos actores para las películas de Daniel Sánchez Arévalo además de confundir a los personajes, les impide obtener la credibilidad necesaria para que el personaje, con su propia personalidad nos plantee situaciones efectivas y contundentes.

Da la impresión de que “Primos” pudiera ser un paréntesis en la prometedora carrera de Daniel Sánchez Arévalo, antes de afrontar nuevos proyectos más sólidos, y nos hallemos ante un puro divertimento sin ninguna pretensión más que agradar al espectador y buscar la propia diversión.
En cualquier caso se trata de un paso atrás en un intento de crear una comedia al uso donde tan sólo el buen hacer interpretativo puede otorgarle algún potencial y donde el discurrir de los acontecimientos nos confirma que no ha habido excesivo interés ni por sorprender ni por innovar.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Miel

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Densidad y belleza

Formando parte de una trilogía que comenzó con "Huevo", a la que le siguió "Leche" y precedida por el prestigioso galardón del reciente Oso de Oro de Berlín (festival que siempre suele tener bastante buen gusto), nos llega a las pantallas (sin haberse estrenado aún en nuestro país las dos primeras mencionadas) esta interesante película del no menos interesante cineasta turco Semih Kaplanoglu.

La película narra la historia de un niño de 6 años en una zona rural y los pormenores que ello conlleva. La imaginación, los deseos, los miedos o las propias curiosidades infantiles centran el mundo de Yusuf en un viaje hacia la desconocida cotidianidad donde muchas situaciones serán novedosas, otras terriblemente tristes y la gran mayoría extrañas.
Yusuf siente admiración por su padre, recolector de miel y que inevitablemente marcará su vida para siempre.

Arropada por una espléndida fotografía donde los claroscuros centran toda la atención y la diversidad de paisajes iluminan en otros momentos la película de manera notable, "Miel" se articula como un profundo y reflexivo estudio contemplativo de la vida de Yusuf, a través de diversos pasajes. Todos y cada uno de estos pasajes tendrán una razón de ser y formarán parte de un mecanizado juego de estructuras narrativas que si bien centran el interés al comienzo de la película, a la larga la envuelven de cierta densidad que le impide desarrollarse con la fluidez necesaria para que la atención adquiera un ritmo constante.

El interés, inevitable, por el devenir de Yusuf, está conseguido, y la solidez de un discurso narrativo de notables influencias y de elevada proporción permiten que la película discurra casi siempre en un plano de indudable factura y consiguen que arte fotográfico, silencios imaginativos y bellos marcos argumentales se fundan con libertad para formar una película que bien puede ser considerada un perfecto broche final a una trilogía que se configura de manera muy original en retroceso narrativo.

Kaplanoglu culmina una extensa obra de una calidad notable con este film, que si bien se infiltró por sorpresa como vencedor en Berlín, se ha ido ganando poco a poco el aplauso y el respeto de quién se ha acercado a verla.

Una propuesta arriesgada, pero siempre con el broche de una calidad contrastada pese a que en ocasiones la densidad no nos permita contemplar la belleza del bosque.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Más allá de la vida

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El arte de narrar con carácter

Una narración casi artesanal. Una manera de contar historias de manera pausada, sosegada sin ánimo de apresurar acontecimientos aunque sean nimios. El pequeño arte del cuentacuentos cinematográfico.

Esto, en líneas generales es lo que caracteriza el último cine del maestro Clint Eastwood, y esto es lo que primeramente nos ofrece con su última película “Más allá de la vida”, que defraudará a pocos de los seguidores de este particular cineasta.

Tres historias, sin aparente nexo común más que el tema principal que no es otro que la propia muerte. La dama oscura que acecha y que en este caso plantea reflexiones sobre la otra vida sin complejos, sin necesidad de análisis profundamente científico pero con un marcado intento de darle un carácter moral que va más allá (nunca mejor dicho) de una simple lectura frívola y que provoca un ligero sentimiento de interés hasta en la mente más escéptico en estos asuntos tan poco conocidos. Nada de dogmas radicalmente subjetivos, pero sí una leve lectura filosófica de un acontecimiento que no por ser rutinario nos sigue resultando enigmático. No es casual que el director octogenario se plantee este y otros dilemas las alturas de su vida, pero resulta sorprendente la lucidez de planteamiento, el alejamiento radical de una postura ligera o superficial.

La primera historia nos lleva a conocer como de una exitosa vida profesional y sentimental por parte de la presentadora francesa Marie (Cécile de France), se puede pasar al más profundo aislamiento y desamparo por culpa del acercamiento a la muerte a través de un desastre natural. La segunda historia nos lleva a conocer la tristeza y la incredulidad de un niño al afrontar la muerte de su hermano gemelo, y con una madre drogadicta. Por último, Eastwood nos presenta al personaje que a priori podría ser el epicentro de la historia, a través de un médium (Matt Damon) que aparentemente y sin engaño alguno es capaz de ver más allá de la vida.

Eastwood elabora este trío de historias de manera absolutamente independiente pero con la particularidad de mantenerlas de alguna forma ligadas en la retina del espectador para enriquecer cada una de ellas y en cierta medida alimentarse y combinarse indirectamente entre las mismas. Uno presiente que estas historias paralelas, aunque lejos geográficamente se entrelazarán de alguna manera, se fusionarán para conseguir un éxtasis final redentor y con visos de solución a los dilemas que se plantean. No será hasta el tramo final cuando se podrá observar si existe dicha fusión, pero mientras tanto todas y cada una de las tres historias contendrán tanto interés individualmente, que por ellas mismas mantendrán la película en un elevado nivel narrativo y emocional. En este sentido es imposible no acordarse de la trilogía de González Iñárritu (Amores perros, 21 gramos, Babel) del cine de Rodrigo García (Cosas que diría con solo mirarla, Nueve vidas, Madres e hijas) o de la excelente Crash de Paul Haggis, para hacernos una idea de un cine que eficazmente se adentra en el particular y siempre controvertido estigma personal del alma humana.

La película además se adhiere al momento contemporáneo de globalización y se enmarca en tres escenarios geográficos completamente distintos y en dos idiomas (francés e inglés) a la vez que el guión de Peter Morgan emplea acontecimientos históricos relativamente recientes y de gran impacto social como el tsunami del sudeste asiático, o los atentados de Londres, para añadir modernidad, actualidad y un enfoque puramente contemporáneo que permite una visión estrictamente personal de los acontecimientos.

La certera música proviene del mismo Eastwood y la fotografía -de su fiel Tom Stern- añade ese halo denso y oscuro necesario en numerosos momentos para conseguir un climax de misterio e intriga que acompañará a no pocos instantes del film. Un film que además contiene soplos entrañables, algún enfoque íntimo de cierto nivel emocional y sobre todo una estructura narrativa tan bien elaborada que conmueve y mantiene el interés a partes iguales durante todo el intenso metraje.

Eastwood vuelve a dar con la tecla adecuada. Vuelve a hacer profundizar en el lado más amable y sensitivo del ser humano, y nos regala una propuesta interesante, reflexiva, y en algunos momentos sublime.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Camino a la libertad

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El triunfo de la épica

Que Peter Weir es un director valiente y de un cine muy personal, lo corroboran películas anteriores como "Unico testigo", "El club de los poetas muertos", o "El show de Truman". Por eso no es extraño encontrarse con un proyecto de tal envergadura envuelto en un digno halo de humildad acompañado de una escasa y discreta promoción comercial.

Peter Weir afronta en esta película un capítulo de la historia poco conocido, pero no por ello menos interesante, como es la existencia de los Gulags en la Rusia estalinista. Escapar de una prisión siberiana y todo el recorrido hasta encontrar la libertad será el camino de que deberán recorrer tanto protagonistas como espectadores en este drama épico basado en hechos reales.

Lo más destacable de "Camino a la libertad" es sin duda alguna el inmenso trabajo tanto de actores como de director que se vislumbra en los innumerables aspectos que el film nos proporciona. La variedad de idiomas (todos ellos perfectamente coherentes con la historia), de adaptaciones a climas, de situaciones peligrosas, etc, etc nos permiten comprobar que tras la cámara ha habido un compromiso que va más allá del puro cine comercial, y una profesionalidad que busca algo más que el mero aplauso interpretativo. Tanto Ed Harris, en un papel perfectamente pensado para él, como el sorprendente Colin Farrell en uno de los mejores trabajos de su carrera, como la poco conocida Saoirse Ronan, y sobre todo el magnífico Jim Sturgess conforman un equipo que encaja a la perfección en una aventura sin límites donde la complicidad de todos y cada uno de ellos puede dar o no al traste con el devenir de la película. Los diálogos, las miradas, los silencios...todo ello conforma un mundo personal e indispensable que permite que la historia (quizás excesivamente larga) discurra por un lineal y encomiable discurso narrativo que acepta el trato con el espectador en el idioma universal del entretenimiento.

Porque la película de Weir es muy entretenida. Y practicamente no deja de serlo en ningún momento. Pero dicho esto, a uno le queda la impresión de la ocasión desperdiciada. Con los moldes existentes, y un mayor enfoque narrativo y argumental, bien podríamos estar hablando de la película del año por diversos motivos. En cambio, "Camino a la libertad" se queda en una buena película en la que en cierta medida tanto esfuerzo por parte de todo el equipo se queda en suspenso ante una historia que no termina de emocionar, que a pesar de la buena complicidad de los actores, no terminan de convencer en el sentido más personal de sus relaciones, y que en definitiva se pierde en caminos excesivamente épicos para terminar sobreponiendo la aventura a la intensidad emotiva, dejando un poso amargo que impide ver el amplio espectro que en principio de había creado.

La estupenda interpretación de Jim Sturgess, que ya nos convenciera con "50 hombres muertos", nos permite confirmar un valor en alza dentro del cine contemporáneo, y la firmeza de convicciones y buen dominio de la dirección del maestro Weir, nos permite disfrutar de una película recomendable, y esperar en el futuro un nuevo y sorprendente proyecto.

No es, como pudiera parecer, la gran película de Weir, pero sí es en cambio una interesante opción para además de acercarse a un capítulo no muy conocido de la Segunda Guerra Mundial, disfrutar con espectaculares paisajes, y admirar momentos interpretativos de gran calibre.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: La llave de Sarah

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Eterna tristeza

Vivir con el peso de la culpa, de lo que se podía haber evitado, de lo que nunca debió ocurrir, es una carga demasiado importante para sobrellevarla sin ningún tipo de problema a lo largo de los años. Cuando la pequeña Sarah, en la época de la caza de judíos durante el gobierno colaboracionista de Vichy en Francia, intenta salvar la vida de su hermano pequeño, se creará en torno a ello una situación de desesperación y angustia con la llave como principal protagonista y única confidente.

Aunque el suceso ocurre en 1942, el director francés Gilles Paquet-Brenner, inspirado en la exitosa novela de Tatiana de Rosnay, elabora toda la historia en dos épocas concretas. Por un lado la época en la que suceden los acontecimientos trascendentales, y por otra el año 2002, fecha en la que la periodista Julia comienza casi de manera casual a investigar todo lo sucedido y en concreto el devenir de la vida de Sarah.

Alejándose por completo de sentimentalismos convencionales, y contando la historia con una corrección extrema y una elegancia indudable, el director francés conlleva ambos relatos con un gran acierto hasta hacerlos confluir de manera dinámica y con un estilo firme. Tanto las interpretaciones de Sarah (Mélusine Mayance ) como de Julia (Kristin Scott Thomas) son tan estupendas, que permiten seguir la historia con coherencia y emoción, con ese punto necesario de intriga y drama que enriquece la historia hasta convertir el devenir de la misma en un momento intenso y vibrante.
Aunque la película toca temas ya conocidos, sobre la barbarie nazi, lo hace de una manera tan bien estructurada y tan bien coordinada que inmiscuirse por completo en la historia resulta una tarea sencilla y convierte al espectador no sólo en un testigo contemplativo sino en un visitante indignado y dolido con todo lo que sucede.

Aunque Sarah guardaba la llave que debía salvar a su pequeño hermano, Julia tendrá la llave que le permite investigar sobre la posterior vida que llevaría Sarah, la familia que pudiese haber formado y sobre todo la experiencia personal de aquellas fatídicas fechas.

Un drama solemne, avalado y protegido por el éxito de la novela homónima, pero con unos rasgos personales y propios que la convierten en una excelente opción en la cartelera navideña y una importante oportunidad de acercarse una vez más a una época histórica que no por terrible resulta eminentemente interesante.


sergio_roma00@yahoo.es