miércoles 11 de noviembre de 2009

Crítica de: 50 hombres muertos


50 hombres muertos ( * * )

La historia del lobo infiltrado


Cuando una película acierta plenamente con el título, por su ingenio y contundencia, (si obviamos la nefasta e incorrecta traducción) qué duda cabe que ya tiene un primer paso asegurado, aunque sea ínfimo. Pero evidentemente eso no lo es todo, y un film que apuesta por mostrar algunos de los entresijos del IRA necesita toda una serie de elementos que vayan conformando un oscuro clímax de tensión e intriga, como lo consiguiese en algunos momentos “Lobo” de Miguel Courtois (si exceptuamos las nefastas interpretaciones de algún secundario) aunque le faltase a aquella más empuje para haber logrado ser un referente.

En esta “50 hombres caminando” también se concentra la trama en un topo, infiltrado o “lobo” que debe colaborar a evitar muertes inocentes a cambio de dinero, y -quizás en su foro interno- limpieza de conciencia.

El problema surge cuando desde un comienzo todo se plantea sobre un escenario de escasa autenticidad. Tanto en la manera de infiltrarse, como en la de abrirse camino, como en la de irse desmarcando, no encontramos los argumentos necesarios para que la historia se nos muestre con su cara más sincera, y sin cicatrices rítmicas que anulan la complejidad de un entorno que debiera ahondar entre lo político y lo irracional y que finalmente se estrella frente a paredes de incomprensión y muros de incredulidad. No ayuda a lograr un ambiente adecuado la sobria pero poco acentuada interpretación de Jim Sturgess, siendo en cambio el trabajo de un maduro y ejemplar Ben Kingsley lo más sobresaliente y destacable en una película que supone un nuevo intento de profundizar en el oscuro y complicado mundo de una banda terrorista.

A lo largo de los años, no pocos directores han logrado con éxito dispar, atrapar el clima apropiado en el que envolver el mundo del IRA. “En el nombre del padre” de Jim Sheridan sea quizás la más popular y la que mayor huella ha dejado tanto por su célebre interpretación de Daniel Day-Lewis como por su calidad fílmica y la conmoción que logra. Pero no podemos olvidar títulos como “Juego de lágrimas”, “Michael Collins”, “Cal”, “Omagh”, “En el nombre del hijo”, "Bloody sunday".... Todas ellas con una encomiable intención de indagar y exponer un particular modo de vida, pero que quizás adolezcan en muchas ocasiones de quedarse a las puertas de haber conseguido una mayor cota de intenso análisis, y alta capacidad emotiva para llegar con absoluta suficiencia al corazón del espectador, tal y como sucede también con la película que nos ocupa. Recientemente "El viento que agita la cebada" de Ken Loach supuso un soplo de aire fresco de realismo (auténtica habilidad de Loach) en un complicado tema en este caso en sus raíces.

Kari Skogland nos ofrece un interesante relato basado en hechos reales, que busca en todo momento la complicidad y comprensión del espectador pero que erra al acariciar momentos de frialdad y situaciones de poca gama narrativa. La película se sigue con suma facilidad, entretiene con cierta destreza, pero se queda con las ganas de dejar en la sala a cincuenta –o más- espectadores impactados.


sergio_roma00@yahoo.es

jueves 5 de noviembre de 2009

Crítica de: The Box


The Box ( * * )

Caja hueca


Es una lástima que una película que comienza de manera tan intrigante, y que a lo largo de los primeros minutos te mantenga con cierta tensión y un ligero suspense, luego se vaya diluyendo como un azucarillo en vaso de leche, y deje un sabor de boca tan desabrido.

La aparición de una extraña caja, traída por un señor en coche negro, y sin mecanismo aparente, se convierte en todo un acontecimiento en una típica familia “marido encantador, mujer responsable, e hijo adorable”. La llegada de un -más extraño todavía- sujeto explicando que si aprietan el botón de esa caja ganarán un dineral pero morirá una persona que no conocen, consiguen crear un acertado clima de incertidumbre atrayente, y uno no sabe todavía si está ante un thriller de suspense o de ciencia ficción.

Por desgracia, y conforme se van atando los cabos (dejando unos cuantos sueltos) la historia se deshace a marchas forzadas, y lo que en un principio parecía un intrigante relato, poco a poco se va transformando en un infantil cuento que bebe de “The twilight zone” e intenta destacar con mal cogidos retazos surrealistas.

La simplicidad de la historia no sería un obstáculo del todo relevante, si los diversos desenlaces no estuviesen tan agotados y no supusiesen un vano intento por construir un enigma de frágil factura. Todas las explicaciones se vuelven monótonas, y lo peor es ver aparecer al temible fantasma del aburrimiento en algún pasaje de un metraje que pudiera haberse estrechado en el rodaje, y haber ganado algún entero con alguna que otra imágen de marcado tono espectacular.

La aparición constante de Cameron Díaz, como indudable gancho comercial nos deja una interpretación sosa, convencional y en absoluto acorde con el nivel de suspense que se pretende, lo cual no deja de ser otro error en la elección de una actriz que no aporta nada más que su ya consabida belleza. Del mismo modo, su pareja protagonista James Marsden tampoco logra nunca el tono deseado.

Si esta “The Box” se hubiese configurado a modo de serie en tan sólo dos capítulos, estaríamos hablando de un primer acertado, intrigante y esperanzador capítulo inicial, y un decepcionante, pueril, y lineal capítulo final. Lo cuál en líneas generales, nos deja ante un producto con la mera intención de entretener que no termina de lograrlo de manera intensa en ningún momento.

Alguna que otra interesante referencia a Sartre, una sencilla metáfora en torno a las cajas, una aceptable interpretación de James Marsden, y un estimable intento por crear algo novedoso, pudiera salvar esta cinta de acabar en la caja del olvido, o lo que es peor, en un hipotético cajón desastre de películas fallidas.


sergio_roma00@yahoo.es

miércoles 4 de noviembre de 2009

Crítica de: A la deriva


A la deriva ( * * )

Circunstancial área de servicio

La adaptación de obras teatrales o de textos catalanes es una de las mayores aficiones y por qué no decir, cualidades de Ventura Pons. En este caso, el libro “Area de server” de Lluis Antón Baulenas, será el marco perfecto a través del cual el director encontrará la ventana adecuada para mostrarnos todo un imaginario bohemio de personajes sin raíces, futuro indefinido o simplemente sin ambiciones.

La historia gira en torno al personaje principal (Anna) llegada de Africa donde ha trabajado como enfermera en una ONG y de vuelta a una vida cotidiana, muy diferente a la llevada anteriormente y con un giro radical de valores, visión de la vida y un arsenal de sentimientos contradictorios. Anna vivirá a partir de entonces en una caravana que desde un pintoresco camping se desplazará a un área de servicio donde echará alguna raíz, que junto a su trabajo de seguridad en un hospital psiquiátrico la darán a conocer nuevas vidas, nuevos amores, o deseos, y un suelo social más o menos habitable. María Molins se encargará de dar vida a este complicado personaje y lo hará con oficio y singular capacidad para otorgarle una eficacia necesaria y a la postre uno de los mayores valores de la película.

Qué duda cabe que nos encontramos ante una historia eminentemente de personajes. Cada uno con su vida personal enjaulada en un halo de misterio que Pons se encarga de potenciar y promover. Un misterio, que si bien en muchas ocasiones se agradece y se contempla como un punto positivo en el mencionado juego de personajes, en esta ocasión consiguen que la historia alcance cotas de estrechez poco deseables y se quede encerrada en un universo de incógnitas nada apetecible y poco evocador. El comentado personaje de Anna es probablemente el mejor construido, pero hubiese sido necesario un mejor enfoque de unos secundarios que se antojan significativos y que debieran aportar un mayor potencial descriptivo en una historia que se presenta como interesante en un principio y que no puede evitar verse diluida en un mar de excesivas intrascendencias y en un cristal de inevitable contemplación traslúcida. Tampoco ayuda la esperpéntica aparición de Boris Izaguirre haciendo de sí mismo, en un personaje perfectamente prescindible ni la insulsa aparición de Arcadi como contemplador atónito de escenas sexuales, del que poco jugo ha podido sacar el excelente actor Fernando Guillén.

La capacidad de Ventura Pons de fabricar o adaptar historias nos deja verdaderas obras interesantes y otras como esta película veintiuno de su carrera, que desemboca en una incertidumbre poco nítida y en un mundo bohemio y abstracto poco pulido y falto de un necesario marco emocional adaptable y conciso.

A pesar de esto, es una película que se deja ver, y que como poco no deja mal sabor de boca.


sergio_roma00@yahoo.es

viernes 30 de octubre de 2009

Crítica de: Celda 211


Celda 211 ( * * * * )

Intenso motín carcelario

Qué duda cabe que el cine español atraviesa por una fase de esplendor en cuanto al género de terror se refiere. Una estupenda generación de directores se lanza con descaro y con sello personal a la búsqueda de la reinvención del género, y de paso la posibilidad de una aventura americana que les aporte solidez internacional. No ocurre lo mismo –de momento- con géneros como el thriller, donde la película que nos ocupa supone una agradable excepción a producciones por lo general sin mucho ingenio y menos oficio.

“Celda 211” es un extraordinario thriller acerca del drama carcelario. Y lo es principalmente porque Daniel Monzón maneja el género con soltura, atrevimiento y sobre todo mucha eficiencia. Si ya en películas anteriores, como “El corazón del guerrero” o “La caja Kovak” había dado muestras sobradas de su capacidad, con esta película se consagra como un excelente cineasta, y le abre las puertas de su proyección internacional.

Toda la historia (basada en la novela de Francisco Pérez Gandul, y estupendamente adaptada por el mismo Monzón y el guionista Jorge Guerricaechevarría) transcurre alrededor de un motín carcelario, en que se verá envuelto por error un funcionario al que no le quedará otra que hacerse pasar por preso para salvar su propia vida. Monzón se servirá de esta circunstancia para analizar el instinto de supervivencia humano desde un triple enfoque. Por un lado el puramente carcelario; los presos que lucharán por conseguir reivindicaciones que les permita una subsistencia más asequible en la propia cárcel. En este sentido, tendrán como representante al que supone uno de los personajes más fascinantes de los últimos años: Malamadre. Soberbiamente interpretado por Luis Tosar, este preso será el eje principal que moverá todo en entramado carcelario y su personalidad nos conducirá a todas las posibles opciones que la película plantea. Personaje rudo, sincero, y con un mundo interior por descubrir o aventurar, junto a unos compañeros de viaje a cuál más pintoresco (gran trabajo de Carlos Bardem). Como segundo enfoque tenemos al funcionario Juan Oliver (muy bien interpretado por Alberto Ammann) que por error se verá envuelto en una situación comprometida, y que su lucha será por proteger su propia vida. Para ello tendrá que fingir, sobreactuar, sufrir y liderar con el fin de conseguir respeto, posición y alguna opción viable para acabar con ese drama personal. Finalmente y como enfoque si cabe más importante tenemos a la gente de fuera: funcionarios, policías, políticos, periodistas, etc. Todos buscando sus propios intereses, y la salvaguarda de su estatus social y laboral, derribando cualquier tipo de obstáculo que interfiera su camino. En este plano nos encontramos con un excelente elenco de actores secundarios (destacando Antonio Resines) que aportarán la misma autenticidad que la historia mantiene en todo momento.

Además de este acertado y tenaz análisis de la naturaleza humana, Monzón aprovechará también la complicada situación del funcionario protagonista, para crear en torno a él, un emotivo encaje narrativo acerca de su mujer y futuro hijo, añadiendo las necesarias páginas dramáticas a una historia que alcanza por momentos niveles de excelencia.

Por último, y no menos importante, es imprescindible señalar los dos grandes bastiones sobre los que se sustenta esta magnífica película. Y es que nada de esto tendría su excesiva relevancia, si no estuviésemos hablando de un estupendo trabajo de género con mayúsculas. Un elaborado, intenso y monumental thriller que tiene la virtud de mantener un elevado tono a lo largo de todo el metraje, y que tiene la capacidad de intensificarse sin vacuos excesos, consiguiendo llegar a una explosión fílmica final de la manera más razonable, sin restarle ni un ápice a la espectacularidad.

Mención aparte, y como segundo gran valor de la película, supone la magistral interpretación de un Luis Tosar que si ya había dejado claro su capacidad interpretativa en magníficos papeles anteriores, con este se matricula “cum lauden” con todos los honores. La transformación lograda (incluso en la voz) para conseguir otorgar credibilidad al complicado personaje de Malamadre es asombrosa, y esa maestría a la hora de ofrecernos dos caras, la bruta y la sensible, de un presidiario sin aparentes escrúpulos es sencillamente extraordinaria.

El cine español está de enhorabuena con la que probablemente sea una de las sensaciones del año, y con la que tardaremos en olvidar el número de aquella celda tan inquietante.

Impacta, sobrecoge, entretiene, conmueve e impresiona. Puro thriller, del más alto nivel.


sergio_roma00@yahoo.es

miércoles 28 de octubre de 2009

Crítica de: Home ¿dulce hogar?


Home ¿dulce hogar? ( * * * )

Road movie invertida


Cuando uno está acostumbrado a un tipo de vida concreto, perfectamente estructurada y asumida, por muy extraña que pudiera resultar a ojos de los demás, cambiarla de la noche a la mañana, puede resultar violento, y acercarse a lo que podríamos llamar un shock cercano a la quiebra de la rutina. A grosso modo, Ursula Meier -que debuta en la dirección con esta película- pretende enfocar este desequilibrio, además de otros muchos factores relativos a la existencia –cotidiana o no- humana.

Cuando la familia protagonista, acostumbrada a vivir en una solitaria casa de una retirada villa rural ve cómo se construye una autopista cerca, su mundo cambiará para siempre. Será entonces cuando fluyan todos los miedos, rechazos y contradicciones que habían estado escondidos durante mucho tiempo. La rotura de la armonía desempolvará la crudeza de una realidad a la que no se había prestado atención. Cada miembro de la familia aportará su particular punto de vista y su consiguiente vía de escape a la nueva e inesperada situación.

La película atraviesa tres estadios claramente diferenciables y a su vez con su particular importancia. En primer lugar tenemos el estadio inicial, donde el devenir de la familia transcurre de manera apacible y rutinaria, en un clima de paz y reservada alegría. Olivier Gurmet, con una interpretación adecuada, logrará ser el padre-eje que conecta la realidad con lo efímero. Con la llegada de la carretera, tenemos un segundo momento donde cabe tanto la perplejidad como la decepción y que va a ser el origen mismo del drama que se va fraguando y que irá despejando dudas y desenmascarando ficciones utópicas. El tercer y último momento, sin duda el más interesante, será el que como consecuencia de todo lo anterior, desemboque en un estallido de sentimientos encontrados. Una extraña mezcla de soledad que va dando paso a la desesperación y que se transforma por momentos en una inesperada impotencia, que vendrá perfectamente interpretado de la mano de Isabelle Huppert.

Todo ello conforma lo que sin duda es un ejercicio reflexivo y metafórico de una sociedad que en momentos puntuales puede llegar a asfixiar. En este sentido Ursula Meier se encarga de retratarlo casi de manera literal: una insolente falta de oxígeno como símbolo de ese indiferente ahogo social y un exceso de alquitrán como símbolo de la suciedad que contiene todo lo que pretende imponerse a base de fuerza. El asfalto, el alquitrán van absorbiendo poco a poco y sin ningún tipo de escrúpulos la unidad y el cariño que hasta ese momento había existido, hasta ahogar metáfora y literalmente la concordia familiar.

Una película que permite momentos entrañables, alguno divertido y una controlada intensidad dramática suficiente para obtener un punto de necesaria complicidad por un lado, y lógica perplejidad por otro.


sergio_roma00@yahoo.es

martes 27 de octubre de 2009

Crítica de: Sympathy For Lady Vengeance


Sympathy For Lady Vengeance ( * * * * )

La venganza en formato de lujo estético.

La venganza es uno de los platos más apetecibles para servir por directores con un marcado acento protagonista. En este caso Chan-Wook Park cierra toda una trilogía acerca de este aspecto con esta esplendorosa película.

Dos historias entrelazadas, viajes de flash-backs perfectamente adaptados, una historia ligeramente compleja pero de fácil seguimiento y sobre todo una estética y calidad visual que destaca sobre todo lo anterior.

El director coreano se divierte y nos hace disfrutar con ello en torno a una interesante historia, envuelta en un impactante decorado y con una interpretación magnífica a cargo de Lee Young-ae conforman una impactante película con la venganza nuevamente como telón de fondo y como eje principal de todo el argumento.


sergio_roma00@yahoo.es