lunes 9 de enero de 2012

Crítica de: Intruders

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La sombra del miedo

Tal es el nivel que hasta el momento ha demostrado Juan Carlos Fresnadillo en sus dos únicas películas anteriores (“Intacto”, “28 Semanas Después”) que un nuevo proyecto suyo y además del mismo género que los anteriores es toda una garantía de al menos algo interesante. Y el resultado final en este caso, vuelve a cumplir las expectativas.
Aunque la película podrías encasillarse en el género del terror, lo cierto es que en el suspense es donde se encuentra más cómodo. “Intruders” a pesar de beber de diversas fuentes es una película muy personal, que juega entre la realidad y la ficción con una extremada habilidad y domina registros que normalmente no se parecían en otras películas del mismo tipo.

Tras un guión (Jaime Marqués, Nicolás Casariego) Fresnadillo encuentra el molde esencial para destapar su caja de experimentos cinematográficos, y sobre todo disfrutar desarrollando una historia que permite varios prismas y múltiples maneras de contarla. La manera por la que ha optado Fresnadillo, sin duda alguna es la más estimulante. Desde dos puntos de vista, desde dos espacios distantes, la historia se desarrolla de manera paralela. Los extraños sucesos que le suceden a un niño en España se reflejan en los extraños sucesos que le suceden a otra niña en Inglaterra, y dos padres angustiados como satélites imprescindibles de ambas historias.

La angustia, el miedo, la pérdida o el dolor son las bases en las que se mueve “Intruders” y son las características que reúnen un guión que está estupendamente configurado para terminar –como buena película del género- en un final que gustará a muchos y dejará indiferente a muy pocos.

Tanto interpretaciones (correctísimo Clive Owen en un papel a medida) como fotografía (Enrique Chediak consigue alternar sombras irreales con cotidianas escenas de manera sustancia) como montaje (Nacho Ruiz resultará fundamental a la hora de combinar dos historias paralelas sin que el espectador pierda una visión general de lo que sucede) e incluso la música (Roque Baños se confirma como un auténtico especialista) aprueban con nota cada cual en sus respectivas funciones, pero la combinación de todo en su conjunto deja un ligero tono insípido que impiden que nos hallemos ante una gran obra de género. La historia no pierde intensidad en ningún momento, pero sí adolece en algún instante de algo más de brillantez en cuanto a fuerza narrativa se refiere por una lado, y en cuanto a magnetismo dramático imprescindible en su fase de realismo cotidiano por otro lado, dejando que la historia por momentos esté a punto de perderse en una marea incomprensiblemente abstracta.

Aún así, estamos sin duda ante una gran película de suspense y ante una ocasión única de disfrutar en el cine con una historia suculenta y de alta categoría a todos los niveles.


sergio_roma00@yahoo.es
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Crítica de: Somewhere

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Círculo vicioso

Hace un año, una simple, pero a ratos divertida comedia llamada en nuestro país “Todo sobre mi desmadre” trataba el mismo tema que “Somewhere”, la vida privada de una estrella popular con sus venturas y desventuras, con sus ventajas e inconvenientes. Evidentemente nada tiene que ver aquella película con esta salvo el tema, pero sí resulta curiosa las diferentes maneras (y géneros) que pueden encontrarse a la hora de abordar un tema.


Si la película de Nicholas Stoller era un simple divertimento sin mayor pretensión de trascendencia, la última película de Sofia Coppola peca precisamente de lo contrario, de buscar una trascendencia tan exacerbada que en ocasiones se queda en terreno muerto o escasamente fértil.

Johny Marco es un popular actor que se ha dejado llevar de la manera más rutinaria por los excesos y que lleva una vida que podría ser la envidia de la mitad de los mortales. Pero bajo esa capa de éxito, es donde Sofia Coppola (que firma también el guión) se encarga de arañar cuidadosamente en busca de alma interna tanto de su vida como de la película en sí. Y en esa labor, la realizadora emplea todos los medios con los que más cómoda se siente, donde con más fluidez le gusta contar sus historias. En ese sentido podemos encontrar ciertos guiños de su anterior y escasa filmografía.
En sus películas, Sofia Coppola se preocupa de manera casi obsesiva por indagar sobre el mundo interior de los personajes, por mirar más allá de su reflejo público, y por encontrar respuestas que quizás ni el mismo personaje conozca o aparente no conocer. Para ello, opta por crear, de manera muy acertada e inteligente, cierto halo de misterio, que si bien comienza por la vida personal e íntima de los personajes, acaba atrapando a toda la película, convirtiéndola en una nebulosa de sensaciones y de enigmas cotidianos.

Aquellas “Virgenes Suicidas” que tanto nos inquietaron, una inusual “María Antonieta” víctima tanto de la época como de sus miedos, pero sobre todo aquellos Charlotte y Bob (magníficamente interpretados por Scarlett Johansson y Bill Murray) confluyendo en mundos paralelos aparentemente distintos pero con tanto en común, en la estupenda “Lost in Translation”. Hay mucho en común en cada uno de esos personajes y en ciertos climas de cada película, especialmente en “Lost in Translation” donde escapar de la rutina, navegar contra marea o buscar alternativas se convierten en tablas de salvación a veces utópicas pero siempre necesarias.

Johny Marco necesita un giro radical en su vida aunque quizás no lo sepa todavía. La aparición casi casual de su hija en unos puntuales capítulos de su vida puede que sirvan para darle a conocer otro lado diferente de la vida, otro prisma por el que observar su personal mundo.

Sofia Coppola, de manera muy sutil se limita a desarrollar la historia sin apenas inmiscuirse en los personajes, dejándolos navegar por aguas tibias y sin sobresaltos y lo hace con un lenguaje fílmico pausado, lineal y monótono que corre el riesgo (como en ocasiones sucede) de resultar demasiado plano.

Aún así, la historia mantiene el interés en casi todo el metraje, está rodada con firmeza, mucha clase y gran dominio de los tiempos, y sólo se echa un falta algo más de calor, de intensidad, de emoción.

Vuelve a darse suma importancia a la música, y casi siempre de muchísima actualidad y modernidad con bandas como la francesa “Phoenix”, “Foo Fighters” o “The Strokes”, que junto con los interesantes y originales planos conforman un sello inconfundible y fresco de la directora neoyorkina.

Quien se sienta atraído por su secuencia inicial, un coche dando vueltas y vueltas a lo largo de una circular carretera, además de buscarle posteriormente una respuesta metafórica, seguramente se sienta satisfecho con el resultado de la película, que no es ni mucho menos, para paladares convencionales, pero que supone un paso más en la carrera de una cineasta que tiene visos de ser más que interesante.


sergio_roma00@yahoo.es
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Crítica de: La piel que habito

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Mujer al borde de un ataque de nervios

Aunque el título de esta crítica pudiera parecer un paralelismo entre “La Piel que Habito” y “Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios”, nada más lejos de la realidad, ya que los 21 años que median entre ambas películas son suficientes para distinguir una radical viraje en el cine de Pedro Almodóvar que ahondando en terrenos cercanos al suspense e incluso thriller poco habitual en su cine, finalmente desemboca en una esencia cinematográfica tan personal como auténtica, tan controvertida como esencial.

El director manchego, consciente de la libertad con la que juega en estos momentos, experimenta diferentes registros sin perder su particular visión, y en líneas generales no naufraga en ningún momento, y su cine se mantiene con la misma consistencia como si de un debutante ambicioso se tratase, y con el mismo oficio que caracteriza toda su magnífica filmografía, demostrando que está apto para saludar con auténtico atrevimiento al nuevo milenio, echando incluso la vista atrás a conceptos y arquetipos clásicos.

No conviene contar mucho de “La Piel que Habito” ya que la película nos reserva más de una sorpresa. Almodóvar se encarga de manera muy precisa de mostrarnos a una mujer encerrada en una habitación (Elena Anaya) ante la atenta mirada y escrutinio de un reconocido cirujano experimentando en beneficio de la ciencia. Poco más se debe contar, ya que la estupenda manera de narrar (jugando de manera hábil con los tiempos) nos irá hilando el resto de la historia hasta trasladarnos a la resolución de incógnitas como solo Almodóvar sabe hacer y sabe “manipular”.

Todo en “La Piel que Habito” nos conduce a una gran obra en sus inicios. La intensidad se mantiene en el transcurso de la historia, y su final nos deja un buen sabor de boca y no decepciona en absoluto a pesar del listón tan alto que debe ir superando nuestro director más internacional. Pero hay ciertos aspectos que impiden que nos hallemos ante un paso más de gigante, ante una monumental película, ante la gran película que todo el mundo espera.

Por un lado, Antonio Banderas, aunque correcto, no consigue nunca que nos olvidemos del icono hollywoodiense que tanto le caracteriza, y ante esta adversidad cuesta horrores tomarle en serio como el personaje que desarrolla merecería, por lo que en este sentido nos encontramos ante una renqueante pata de la mesa que impide la firmeza de la película. No podemos decir lo mismo del estupendo trabajo de una sensacional Elena Anaya que consigue transmitir al milímetro lo que el personaje requiere e incluso va más allá en cuanto a sugerencia e imaginación. Probablemente el mejor trabajo de una actriz que crece a pasos agigantados.

Sin nada que objetar a los secundarios (excepto que Marisa Paredes a pesar de la excelencia de sus trabajos, resulta demasiado evidente en el cine de almodoviano) el lado interpretativo, tan importante en este director (probablemente el mejor director de actrices del mundo) vuelve a tener su peso importante, y en este sentido no se consigue la necesaria complicidad que la película requiere y necesita.
A pesar de esto, la historia interesa, se mantiene con firmeza a lo largo de las dos horas de metraje en lo que supone una personalísima adaptación de novela, y en líneas generales, gusta.

Ligero cambio de registro de un director solvente, que sin llegar en ningún momento a defraudar, no logra superar ni igualar registros pasados, pero de igual modo vuelve a demostrar que apenas tiene rival en su campo de juego, y que se mueve con plena fluidez en el cine contemporáneo, adaptándose, experimentando, sorprendiendo y sobre todo fascinando.


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miércoles 14 de diciembre de 2011

Crítica de: El perfecto anfitrión

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Cena de amigos

Hay numerosas películas, que llegan sin hace mucho ruido, de las que se espera bien poco, pero que tras el visionado uno termina realmente satisfecho, e incluso entusiasmado.

Puede que este sea el caso de “El Perfecto anfitrión”, una modestísima película que se presentase en las últimas ediciones de Sundance y Sitges, y que apenas se acerca sigilosamente a la cartelera para hacer un guiño a quien se atreva a profundizar en campos cinematográficos interesantes y algo complejos.

Uno de los aspectos más importantes de esta película, es no conocer nada, absolutamente nada de ella. Por tanto es altamente recomendable no leer sinopsis, y mucho menos ver el tráiler. Baste saber que John Taylor, atracador de un banco, acaba de manera premeditada y no con buenas intenciones, en la lujosa casa de Warwick Wilson, que prepara una cena de amigos. A partir de ahí, uno está preparado para embarcarse en una aventura primero curiosa, y luego tan cautivadora que puede llegar a entusiasmar, pasando por momentos divertidos, tensos e incluso dramáticos, pero siempre encauzando una historia que pudiera parecer que carezca de hilo conductor, pero que se encuentra perfectamente engranada para conseguir un resultado espléndido que no deje indiferente.

Nick Tomnay, director y guionista australiano se estrena con esta magnífica película, donde la lucha de clases, la doble moral, el lado más oscuro o extraño del alma humana e incluso la dualidad de apariencias caben perfectamente en una historia que parece hecha a la medida del actor David Hyde Pierce que muchos recordarán como el hermano de “Frasier” y que realiza en este más que interesante film, el papel de su vida, dando color abstracto a un personaje que se mueve entre la locura y la extravagancia sin perder un ápice de la magia que lo envuelve, y sobre todo el misterio que le rodea.

“El Perfecto anfitrión” es una estupenda invitación a disfrutar de un cine donde un magnífico guión es el eje principal, y donde los actores se mueven al son de una historia que se eleva minuto a minuto para obtener un conjunto excelente y una particularísima y extraña cena improvisada de amigos.


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Crítica de: Conan el bárbaro (2011)

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Lucha, sangre y poco más

Dificil se me antoja poder olvidarnos de Arnold Schwarzeneggery su Conan el Bárbaro del año 1982, a la hora de hablar de este nuevo Conan. No porque aquella fuese una buena película en términos generales, sino porque fue muy significativa.

Nunca se tiene muy claro cuáles son las intenciones verdaderas a la hora de realizar un remake, versión o adaptación de una película de este tipo. Mayor poder visual y refrescar la memoria a las nuevas generaciones podrían ser escasamente los objetivos que busca y logra el realizador... pero aparte de esto, poco más podemos encontrar que merezca la pena y que nos permita constatar que lo nuevo supera a lo anterior.

El Conan el bárbaro del 2011 posee como ya se ha dicho un poder visual arrebatador, potenciado más si cabe por unos 3D que harán saltar de la butaca a más de uno ante tanto chorro de sangre, y tiene ese punto interesante de devolvernos a un personaje muy significativo dentro del mundo cinematográfico, y que sin duda alguna dejó huella.

Este remake tiene la virtud de la constancia en cuanto a aventuras se refiere. Apenas pierde el pulso aventurero y en pocas ocasiones llega a aburrir de manera descarada, gracias a espectaculares combates (lo más destacable sin duda es una lucha de Conan contra guerreros de arena) y momentos de predecible emoción, que harán las delicias de quién se acerque sin muchas pretensiones a verla.

Pero dicho todo esto, esta versión se muestra en general bastante floja en otros aspectos esenciales, como la credibilidad de un Conan adulto mal interpretado por Jason Momoa, un guión que resulta demasiado evidente y unos diálogos que se presentan excesivamente infantiles en muchas ocasiones, lo que impide que la película pudiese contener mayor intensidad narrativa.

Se acierta ligeramente en la forma, pero se falla en el fondo, donde cualquier espectador ambicioso echará en falta multitud de argumentos para que la película le satisfaga plenamente.

Por tanto, ante esta nueva versión de Conan nos encontraremos con los que disfrutasen antaño y vean esta película mejorada por los efectos visuales y especiales. También habrá los que consideren al Conan un personaje de culto y no estén nada de acuerdo con esta versión. Y una gran parte de espectadores que se acerquen por primera vez al personaje y encuentren este aluvión de aventuras sangrientas como un motivo más que suficiente para pasar un rato entretenido.

Lo cierto es que la película no llega a aburrir a pesar del largo metraje, pero sí se aprecian excesivas lagunas e importantes detalles negativos como para que nos encontremos con una versión de Conan que no gana con los años, sino que se presenta un poco más pobre.


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martes 13 de diciembre de 2011

Crítica de: Super 8

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Emoción y nostalgia


Cuando una película viene precedida de una discreta pero efectiva táctica de marketing siempre hay que mantenerse alerta, e intentar preservar ese punto de objetividad que permita opinar sobre la película intentando no perder un norte fundamentalmente imparcial. Y es que resulta ciertamente complicado mantenerse firmemente impasible en pos de dicha visión objetiva, cuando un grupo de cineastas "atacan" el lado más débil y delicado de un espectador: la nostalgia. De principio a fin, existe un baño de alegre nostalgia que atrapará a todo aquel que creció con la fantasía de E.T., se inquietó con la misteriosa "Encuentros en la tercera fase" o se divirtió con las aventuras de "Los Goonies". Porque de todo esto hay en "Super 8" aunque sólo sea en pequeños retazos a veces o en directos homenajes a aquel cine de los 80.

Ya el mismo título del film nos traslada a aquella época en que las pelïculas caseras tenían ese aroma de lo sencillo, lo cotidiano y para los más intrépidos, la manera de hacer cine con escasos recursos. Tan escasos como los que disponen los niños protagonistas de la película, que con una cámara Super 8 al hombro se disponen a rodar un cortometraje de terror para participar en un concurso local de cine. Dicha aventura les llevará a rodar una de las escenas en la estación de tren donde ocurrirá el accidente que dará pie a todo el desarrollo de la historia.

Como película homenaje al cine de los 80 en general y al cine de Spielberg (productor) en particular, "Super 8" está cargada de todos esos elementos que nos permiten un ligero regreso al pasado. Pero además de esto, J.J. Abrahams añade su toque personal y convierte una película aparentemente sencilla en un "paquete sorpresa" donde cabe tanto el inevitable y muy estimable compendio de extraordinarios efectos especiales, como el intrigante juego de misterios a la hora de mostrar (con cuenta gotas y muy habilmente) la extraña criatura que pondrá patas arriba un tranquilo pueblo norteamericano.

Como ejercicio nostálgico hay que reconocer que la película funciona, con algún que otro momento emotivo, ilusiona y con un ligero toque contemporáneo, sorprende, por lo que ya sólo por esto nos hallamos ante un producto recomendable y poco decepcionante. Si la observamos en cambio un poco desde la distancia, buscando el aislamiento emotivo que puede producir el recuerdo es cuando nos encontramos con alguna laguna, principalmente en forma de guión y que permite reflexionar que se podría haber profundizado en una historia más genuina.

"Super 8" hará las delicias de mucha gente que estaba inconscientemente esperando un revival de cierta época cinematográfica y dejará bastante indiferente si no decepcionada a otro tipo de público aislado de factores externos y temporales.

En términos generales la película funciona y aunque no será, ni mucho menos la película del año, sin duda alguna dará que hablar.


sergio_roma00@yahoo.es
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