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Crítica de: Celda 211

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Intenso motín carcelario

Qué duda cabe que el cine español atraviesa por una fase de esplendor en cuanto al género de terror se refiere. Una estupenda generación de directores se lanza con descaro y con sello personal a la búsqueda de la reinvención del género, y de paso la posibilidad de una aventura americana que les aporte solidez internacional. No ocurre lo mismo –de momento- con géneros como el thriller, donde la película que nos ocupa supone una agradable excepción a producciones por lo general sin mucho ingenio y menos oficio.

“Celda 211” es un extraordinario thriller acerca del drama carcelario. Y lo es principalmente porque Daniel Monzón maneja el género con soltura, atrevimiento y sobre todo mucha eficiencia. Si ya en películas anteriores, como “El corazón del guerrero” o “La caja Kovak” había dado muestras sobradas de su capacidad, con esta película se consagra como un excelente cineasta, y le abre las puertas de su proyección internacional.

Toda la historia (basada en la novela de Francisco Pérez Gandul, y estupendamente adaptada por el mismo Monzón y el guionista Jorge Guerricaechevarría) transcurre alrededor de un motín carcelario, en que se verá envuelto por error un funcionario al que no le quedará otra que hacerse pasar por preso para salvar su propia vida. Monzón se servirá de esta circunstancia para analizar el instinto de supervivencia humano desde un triple enfoque. Por un lado el puramente carcelario; los presos que lucharán por conseguir reivindicaciones que les permita una subsistencia más asequible en la propia cárcel. En este sentido, tendrán como representante al que supone uno de los personajes más fascinantes de los últimos años: Malamadre. Soberbiamente interpretado por Luis Tosar, este preso será el eje principal que moverá todo en entramado carcelario y su personalidad nos conducirá a todas las posibles opciones que la película plantea. Personaje rudo, sincero, y con un mundo interior por descubrir o aventurar, junto a unos compañeros de viaje a cuál más pintoresco (gran trabajo de Carlos Bardem). Como segundo enfoque tenemos al funcionario Juan Oliver (muy bien interpretado por Alberto Ammann) que por error se verá envuelto en una situación comprometida, y que su lucha será por proteger su propia vida. Para ello tendrá que fingir, sobreactuar, sufrir y liderar con el fin de conseguir respeto, posición y alguna opción viable para acabar con ese drama personal. Finalmente y como enfoque si cabe más importante tenemos a la gente de fuera: funcionarios, policías, políticos, periodistas, etc. Todos buscando sus propios intereses, y la salvaguarda de su estatus social y laboral, derribando cualquier tipo de obstáculo que interfiera su camino. En este plano nos encontramos con un excelente elenco de actores secundarios (destacando Antonio Resines) que aportarán la misma autenticidad que la historia mantiene en todo momento.

Además de este acertado y tenaz análisis de la naturaleza humana, Monzón aprovechará también la complicada situación del funcionario protagonista, para crear en torno a él, un emotivo encaje narrativo acerca de su mujer y futuro hijo, añadiendo las necesarias páginas dramáticas a una historia que alcanza por momentos niveles de excelencia.

Por último, y no menos importante, es imprescindible señalar los dos grandes bastiones sobre los que se sustenta esta magnífica película. Y es que nada de esto tendría su excesiva relevancia, si no estuviésemos hablando de un estupendo trabajo de género con mayúsculas. Un elaborado, intenso y monumental thriller que tiene la virtud de mantener un elevado tono a lo largo de todo el metraje, y que tiene la capacidad de intensificarse sin vacuos excesos, consiguiendo llegar a una explosión fílmica final de la manera más razonable, sin restarle ni un ápice a la espectacularidad.

Mención aparte, y como segundo gran valor de la película, supone la magistral interpretación de un Luis Tosar que si ya había dejado claro su capacidad interpretativa en magníficos papeles anteriores, con este se matricula “cum lauden” con todos los honores. La transformación lograda (incluso en la voz) para conseguir otorgar credibilidad al complicado personaje de Malamadre es asombrosa, y esa maestría a la hora de ofrecernos dos caras, la bruta y la sensible, de un presidiario sin aparentes escrúpulos es sencillamente extraordinaria.

El cine español está de enhorabuena con la que probablemente sea una de las sensaciones del año, y con la que tardaremos en olvidar el número de aquella celda tan inquietante.

Impacta, sobrecoge, entretiene, conmueve e impresiona. Puro thriller, del más alto nivel.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Home ¿dulce hogar?

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Road movie invertida

Cuando uno está acostumbrado a un tipo de vida concreto, perfectamente estructurada y asumida, por muy extraña que pudiera resultar a ojos de los demás, cambiarla de la noche a la mañana, puede resultar violento, y acercarse a lo que podríamos llamar un shock cercano a la quiebra de la rutina. A grosso modo, Ursula Meier -que debuta en la dirección con esta película- pretende enfocar este desequilibrio, además de otros muchos factores relativos a la existencia –cotidiana o no- humana.

Cuando la familia protagonista, acostumbrada a vivir en una solitaria casa de una retirada villa rural ve cómo se construye una autopista cerca, su mundo cambiará para siempre. Será entonces cuando fluyan todos los miedos, rechazos y contradicciones que habían estado escondidos durante mucho tiempo. La rotura de la armonía desempolvará la crudeza de una realidad a la que no se había prestado atención. Cada miembro de la familia aportará su particular punto de vista y su consiguiente vía de escape a la nueva e inesperada situación.

La película atraviesa tres estadios claramente diferenciables y a su vez con su particular importancia. En primer lugar tenemos el estadio inicial, donde el devenir de la familia transcurre de manera apacible y rutinaria, en un clima de paz y reservada alegría. Olivier Gurmet, con una interpretación adecuada, logrará ser el padre-eje que conecta la realidad con lo efímero. Con la llegada de la carretera, tenemos un segundo momento donde cabe tanto la perplejidad como la decepción y que va a ser el origen mismo del drama que se va fraguando y que irá despejando dudas y desenmascarando ficciones utópicas. El tercer y último momento, sin duda el más interesante, será el que como consecuencia de todo lo anterior, desemboque en un estallido de sentimientos encontrados. Una extraña mezcla de soledad que va dando paso a la desesperación y que se transforma por momentos en una inesperada impotencia, que vendrá perfectamente interpretado de la mano de Isabelle Huppert.

Todo ello conforma lo que sin duda es un ejercicio reflexivo y metafórico de una sociedad que en momentos puntuales puede llegar a asfixiar. En este sentido Ursula Meier se encarga de retratarlo casi de manera literal: una insolente falta de oxígeno como símbolo de ese indiferente ahogo social y un exceso de alquitrán como símbolo de la suciedad que contiene todo lo que pretende imponerse a base de fuerza. El asfalto, el alquitrán van absorbiendo poco a poco y sin ningún tipo de escrúpulos la unidad y el cariño que hasta ese momento había existido, hasta ahogar metáfora y literalmente la concordia familiar.

Una película que permite momentos entrañables, alguno divertido y una controlada intensidad dramática suficiente para obtener un punto de necesaria complicidad por un lado, y lógica perplejidad por otro.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Sympathy For Lady Vengeance

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La venganza en formato de lujo estético.
La venganza es uno de los platos más apetecibles para servir por directores con un marcado acento protagonista. En este caso Chan-Wook Park cierra toda una trilogía acerca de este aspecto con esta esplendorosa película.

Dos historias entrelazadas, viajes de flash-backs perfectamente adaptados, una historia ligeramente compleja pero de fácil seguimiento y sobre todo una estética y calidad visual que destaca sobre todo lo anterior.

El director coreano se divierte y nos hace disfrutar con ello en torno a una interesante historia, envuelta en un impactante decorado y con una interpretación magnífica a cargo de Lee Young-ae conforman una impactante película con la venganza nuevamente como telón de fondo y como eje principal de todo el argumento.


sergio_roma00@yahoo.es

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Pregunta digital a: Jaume Balagueró y Paco Plaza


Con motivo del estreno de la película "REC 2" tuve oportunidad de hacerles una pregunta a sus directores Jaume Balagueró y Paco Plaza, en el Encuentro Digital organizado por "El Mundo".

Pregunta nº 5

Hola Jaume y Paco. Hay que reconocer que la primera entrega de REC fue un "bombazo" cinematográfico, ¿creeis que esta segunda entrega puede mantener la capacidad de sorpresa y sobre todo aquella intensidad? Muchas gracias

Esperemos que sí. Hemos intentado introducir el ésta muchas novedades y giros inesperados. Ya nos dirás.


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Crítica de: Edén al oeste

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En busca del paraíso artificial.

Si algo ha demostrado Costa-Gavras a lo largo y ancho de su filmografía es su capacidad para remover conciencias. Su cine, siempre comprometido, ha tocado palos diversos, y especialmente delicados. Todo estamento en situación de abuso, o toda situación de injusticia ha sido analizado bajo la lupa de un cineasta con principios; un intelectual con valores.

En esta ocasión, el cineasta franco-griego se adentra en las turbulentas y farragosas aguas de la inmigración ilegal. A través de la mirada y desventuras de un inmigrante que llega a las costas de Occidente, Costa-Gavras nos ofrece toda una sucesión de, en general, dramáticas situaciones por las que debe atravesar el joven para conquistar un trozo de paraíso. Precisamente aquí (en el Paraíso-Hotel) es donde comienza su andanza, y a modo de road-movie (en auto-stop) viajaremos a rincones sin escrúpulos, conoceremos la maldad encubierta y la indiferencia más abrupta, y también por supuesto compartiremos con este joven inmigrante la impotencia ante la dificultad que tiene él y cualquier otro por formar parte de nuestro particular edén occidental. Siempre claro, con derecho de admisión. Este inicial Hotel de lujo hará las veces de sensacional metáfora, que abarca desde las paraísos artificiales en los que se sumerge el adinerado hombre occidental, hasta la incapacidad de afrontar la cruda realidad una vez se tiene delante de las narices.

Uno de los grandes aciertos de la película, está sin duda en la elección de Riccardo Scamarcio para este papel tan complicado. La mezcla de ingenuidad, picardía y ternura junto con una particular belleza conseguirán un realismo meritorio, y una complicidad con el espectador fascinante. El trabajo interpretativo es palpable, así como el de documentación y experiencias aportadas, dando a todo el marco fílmico un empaque dramático adecuado y en muchas ocasiones emotivo.

La historia engancha desde un primer momento, no pierde nunca interés y va ganando enteros a lo largo de la narración como buena historia relatada. Sin olvidar un deje de amarga comedia, se centra principalmente en ocupar los mayores huecos posibles de compromiso y denuncia. Las críticas, a veces directas y a veces encubiertas estallan aquí y allá sin desarmonizar la historia, sino más bien enriqueciéndola. Todo un ejercicio de maestría tanto en narración como en capacidad de reflexión.

La sociedad actual retratada a través de la siempre reveladora mirada de un cineasta que punto puntos en íes y encuentra un cauce adecuado a través de sus imágenes por el que materializar sus ideas y especialmente su visión de un mundo que se acerca peligrosamente a límites de indiferencia social y humana.

Notable y entretenida historia, en la que nos sentiremos como un compañero de viaje, de un pasajero con el billete más complicado de adquirir.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Yo también

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En busca de la normalidad


¿Puede una persona con Síndrome de Down desarrollar una vida lo más normal posible en una sociedad tan cargada de barreras (especialmente morales) como la nuestra? ¿Pueden llegar a entablar una relación sentimental con una persona “normal”? En estos y otros aspectos similares intenta profundizar tanto esta película como el anterior cortometraje “Uno más, uno menos” dirigido también por Antonio Naharro y Alvaro Pastor. Ya en este mencionado corto de 20 minutos se observa una decidida pretensión de mostrar la enfermedad del Síndrome de Dawn desde una perspectiva diferente, ahorrándose detalles minúsculos para acomodar la pantalla a la delicada situación social que tienen que hacer frente estas personas. Buscar puntos de normalidad donde la convivencia se configure de manera natural, y no premeditada. En “Yo también” existe una cierta línea continuista respecto a estos dilemas, si bien apoyándose en la ficción para conseguir un efecto más dramático e impactante.

Daniel comienza su nuevo empleo de administrativo como cualquier otra persona. Conoce a su compañera de trabajo, Laura, y con el paso del tiempo se acaba enamorando de ella como le ocurre a multitud de personas. Hasta ahí todo entra dentro de lo que podíamos llamar habitual. La diferencia estriba en que Daniel no es una persona normal, a pesar de sus evidentes diferencias respecto a otras personas con el mismo problema, y nuestros prejuicios sociales se encargan de subrayarlo demasiado a menudo. Antonio Naharro y Alvaro Partor realizarán un ímprobo trabajo por mostrar todos y cada uno de los recovecos de una posible relación entre Daniel y Laura. Dejarán desarrollar el enamoramiento de Daniel expectantes ante las reacciones de Laura, una mujer que lleva una vida complicada, y que encuentra un lazo de amistad y apoyo en Daniel. Para ello, una sensacional Lola Dueñas, en un registro poco conocido, se encargará de aportar la complejidad necesaria que requiere ese papel, y entablar una cercana complicidad con Daniel para conseguir un plausible realismo que pese a todo no se conseguirá mantenerse a lo largo de la película.

No se podía haber recurrido a un actor mejor que Pablo Pineda, primer licenciado europeo con el Síndrome de Down, y que no sólo se interpreta a sí mismo (lo cual no hubiese restado mérito) sino que le añade un vínculo reflexivo apreciable, y una capacidad para desarrollar toda una serie de situaciones morales y de gran trasfondo dramático que le otorgan un gran valor interpretativo y un meritorio trabajo.

Son sin duda alguna Lola Dueñas y Pablo Pineda –ambos galardonados con la Concha de Plata en el último Festival de San Sebastián- los grandes valores de esta digna película, que si bien pretende un sincero y reflexivo acercamiento hacia esta enfermedad y sus connotaciones sociales, no consigue en cambio ese impulso dramático que el guión necesitaba, quedándose a las puertas de una sensibilización acentuada. Hay ciertos momentos en que la historia se estanca, y hay varios en que la cima emocional aunque se atisba, nunca se alcanza, dejando una agridulce sensación de uniformidad narrativa.

No hay excesos, ni giros valientes, pero sí una respetable historia, con momentos divertidos, diálogos efectivos y un loable mensaje de esperanza, tanto a la sociedad en general como a las familias que conviven con estas personas.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Infectados

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Virus mortales contemporáneos


En los tiempos actuales donde las infecciones se están convirtiendo en nuestro pan de cada día, y donde tocarse con nuestros allegados supone ya casi un ejercicio de heroísmo, resulta morboso, y casi masoquista adentrarse en esta extraña película que pareciera transportar un gris mensaje apocalíptico. Razones para un tímido acercamiento hay unas cuantas, entre otras y principalmente, la dirección de los hermanos españoles Alex y David Pastor en una producción cien por cien norteamericana. Razones para ir perdiendo interés según avanza la película hay otras tantas, destacando la acumulación de tópicos y un estancamiento del guión que impiden un intenso compás medianamente atractivo.

A priori, la irrupción de los hermanos Pastor en el cine norteamericano pudiera mantener cierta similitud con la de Juan Carlos Fresnadillo y su excelente “28 días después”. Pero por desgracia esta esperanzadora similitud se desvanece a medida que la historia pierde personalidad y poco a poco se va convirtiendo en una película más, dentro de un género escaso de imaginación en estos tiempos. Alex Pastor por su parte ya se dio a conocer de manera brillante con su cortometraje “La ruta natural”, que ya destacara en la edición del “Sundance” del 2006, donde volver la vista atrás y retroceder los pasos previamente marcados supuso una originalidad narrativa interesante. Posteriormente se atrevió con el western rodado en blanco y negro en Almería “Pacemaker” incorporando una calidad técnica considerable. Por desgracia, nada de lo prometedor que había en aquellos dos cortometrajes lo encontramos en “Infectados”.

En un planeta donde la mayoría de la población están infectados con un extraño virus contagioso y mortal, del que apenas nada se nos cuenta, cuatro jóvenes todavía “sanos”, emprenden la arriesgada aventura de dirigirse a una apartada playa del Golfo de México, donde aspiran estar a salvo durante una temporada. Esto convertirá a “Carriers” en una road movie de sencillo seguimiento desde un primer momento, pero donde los recursos, intervenciones y sorpresas se van agotando conforme la historia se va perdiendo a la deriva. Cuesta encontrar un norte medianamente orientativo; los neumáticos narrativos en cambio, se desgastan al son de una carretera sin apenas curvas donde dirimir algún esporádico argumento razonable.

En todo caso, la posición que ha de adoptar cada uno de los cuatro jóvenes, según van sucediendo los acontecimientos, las disyuntivas morales, y delicadas decisiones que tienen que tomar a lo largo del camino, se antojan como lo más interesante, en medio de unas interpretaciones irregulares y monótonas que no nos alejan afortunadamente del interés por sus reacciones. Volver a reencontrarnos con la niña buena del “Bar Coyote” (Piper Perabo), o presenciar un conflicto de autoridad a cargo de los dos hermanos protagonistas no supone en sí mismo ningún interés más allá de lo previamente configurado por la creación de unos personajes carentes de expectativas de orden mayor.

Ligeramente entretenida, discreta y sencilla es lo más que se puede decir de esta película de dirección española y producción norteamericana de la que se esperaba bastante más.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Modigliani

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Pasión vida y muerte de un pintor atormentado


-->Hay dos enfoques fundamentales en esta película que la hacen sumamente interesante. Por un lado su extraña y pintoresca rivalidad con Picasso, lo que le otorga un clima de “duelo al sol” particular y sugestivo. Y por otro, su relación de amor con Jeanne, visto desde un prisma muy personal y trascendente. En ambos casos, es acierto es discreto, y el resultado aceptable.
Mick Davis consigue mostrar una especial y atractiva visión de una parte de la vida de Modigliani, quizás la más importante, y quizás la más dramática, pero siempre la más personal. Con el café Rotonde, en París, como escenario principal, y con la vida bohemia de los artistas de esa época como marco imprescindible, las pinceladas que Mick nos enseña están cargadas de un cálido color y un fresco naturalismo que adquiere su mayor punto dramático en los momentos finales de la vida del pintor italiano.

Excelente las interpretaciones tanto de Elsa Zyberstein como de Andy García, escenificando una intensa pasión amorosa en la primera y una extenuante pasión carnal sobre la vida en el segundo, que mantienen la historia en un continuo e amargo lienzo impresionista, ayudado por una exótica y envolvente música.

Como un tercer enfoque no menos importante, cabe destacar el esfuerzo de Davis, por mostrarnos un acertado paralelismo entre su momento presente y su complicado pasado, logrando una irreal convivencia entre el Modigliani adulto y el infantil, en una marcada lucha de contradicciones, pensamientos y recuerdos.

Un cuadro fílmico al que acercarse lenta y paulatinamente, a escuchar algún susurro, y vislumbrar algún pasaje inusitado de extraña belleza.


sergio_roma00@yahoo.es




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Crítica de: Agora

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Hipatia, o el fin del paganismo


Dieciséis siglos después, el extraordinario director español Alejandro Amenábar nos propone un fascinante viaje a la maravillosa ciudad de Alejandría dominada por Roma, en un momento crucial para la historia de la humanidad. Por aquel entonces, Alejandría contaba con la mayor y mejor Biblioteca del planeta. Se podría decir que todo el saber de la humanidad estaba recopilado en aquel santuario de cultura, que además hacía las veces de Escuela y que ya había sido destruida años atrás.

El fin de la citada Biblioteca, la lucha de religiones en el seno de la ciudad de Alejandría en tiempos de los romanos y sobre todo la vida de Hipatia, científica, filósofa, astrónoma y una de las personalidades más interesantes de la época, será el eje sobre el que gire esta historia que Amenábar nos propone en un escenario idílico y un clima solemne.

Teniendo en cuenta lo que en nuestros tiempos representa, el misterio que gira en torno a ella, y el aura de fascinación y mito que la rodea, resulta difícil de creer que ningún cineasta se haya acercado a este personaje con anterioridad. Amenábar quedó prendado desde un primer momento, a pesar de su encuentro casual con ella, y a su vez la observó como un pretexto perfecto para abordar otra serie de temas asociados tanto a la cultura de la época como a ciertos valores que permanecen inmutables aún en nuestra sociedad actual. De esta manera y junto a Mateo Gil (co-guionista), consiguen elaborar un acertado paralelismo entre la irracionalidad de aquella época y la imperante aún en la nuestra en algunos países en general e incluso en algunos sectores de la sociedad de manera más particular.

Hipatia representa el prototipo perfecto de mujer libre e independiente, y sólo esto, desde un punto de vista social, hace que el acercamiento a su persona, vida y también obra resulte tremendamente atractivo a la vez que estimulante. Si para representarla se cuenta con una actriz del talento Rachel Weisz, entonces el personaje termina por ser tan cautivador que será complicado olvidarlo facilmente. Weisz aporta la belleza, el misterio y el magnetismo necesario para hacer de Hipatia una auténtica personalidad de la época, pero además consigue alejarla de ese aura mitológico que hubiese resultado incómodo para el devenir de su historia y busca en todo momento el lado más humano y sincero. Todo un compendio de valores escenificados a través de sus palabras, sus actos y su manera de entender el mundo siempre desde un prisma de respeto general. La ambición puesta al servicio de la armoniosa sensibilidad femenina. En torno a ella se moverán toda una serie de personajes que serán decisivos en el transcurso de su agitada vida, pero sin llegar a eclipsarla en ningún momento, y con unas interpretaciones (Oscar Isaac, Rupert Evans, Ashraf Barhom, Max Minghella…) que sin llegar a brillar en exceso en ningún momento, acompañan de manera adecuada el desfile de impresiones y circunstancias que rodean la vida de Hipatia.

Desde un primer momento, la empatía hacia ella está garantizada y se acentúa cuando es obligada a recoger lo poco que pueda conservar de una Biblioteca que será quemada, y destruida para siempre. Este será sin duda alguna el momento de mayor carga dramática de la película, y el invisible camino de emoción del cual nunca se debiera haber desviado una película que hasta este preciso instante estaba resultando prometedora.

La causa y manera en que la Biblioteca se destruye le servirá a Amenábar para afrontar otro controvertido tema histórico: la lucha de religiones como enfoque general, y la intolerancia que subyace de ellas. Las religiones mostradas como fuerte barrera cultural a lo largo de los siglos, y causa directa de conflictos, y luchas sin cuartel. En este caso es el cristianismo el que sale peor parado. Una religión que ya era la oficial del Imperio y que aspiraba a terminar con el paganismo por la fuerza y a base de mentiras, manipulaciones y dardos venenosos. Amenábar se decanta por mostrar el lado más oscuro del cristianismo de la época: intolerante con las demás religiones, hasta el punto de escenificarlos como auténticas cucarachas que se mueven al son de la supervivencia religiosa más desaforada. Un particular (y probablemente real) punto de vista que sin duda resulta controvertido, y que conforma el toque provocador que el joven director aporta de manera muy personal como ya hiciera en “Mar adentro” y su posicionamiento en torno a la eutanasia. Sedicioso, valiente, pero sobre todo sincero como ha caracterizado siempre a su filmografía.

Es, esta nefasta convivencia entre religiones, y la supremacía de una de ellas (el cristianismo) respecto a las demás, lo que marcará el devenir de Hipatia y su dramático final, que aunque no está del todo documentado históricamente, Amenábar se permite la pequeña –y acertada- licencia de decantarse por uno de los numerosos finales que pudieran haber sucedido, conservando el clima romántico que en toda la película se había creado entre la filósofa y uno de sus esclavos.

La historia tiene tantos matices, y están tan bien elaborados que es inevitable que mantenga el interés más o menos regular en toda la película. La música, (de Dario Marianelli) aunque extensa y excelsa en ocasiones, acompaña perfectamente cada uno de los momentos y planos trascendentes y aporta el aura épico necesario para intentar crear el marco incomparable que no siempre consigue. Es también destacable y de manera notable la escenificación majestuosa de la ciudad de Alejandría, sus calles, sus gentes, su mítico Faro, y en especial la mencionada Biblioteca como símbolo de la cultura y el saber que con tanto celo custodiaban. Un fascinante viaje al pasado desde una distancia adecuada, a través de bellas e impactantes imágenes, y como si de la observancia de un documental se tratara, donde los personajes de la época cobran vida para mostrarnos sus inquietudes, pensamientos y manera de ver un mundo donde abundaban cuestiones trascendentes y controversias culturales. Amenábar abre una pequeña ventana para que el espectador se asome a contemplar la apasionante vida de por entonces la ciudad más cosmopolita del planeta.

Se queda a las puertas en cambio de la gran película de época que muchos esperábamos, al no conseguir ese tinte épico y esplendoroso que la superproducción obligaba. Hay ligeros altibajos que impiden que aquella intensidad inicial se mantenga a lo largo de las dos horas de cinta histórica. Pero sobre todo, en esta ocasión, Amenábar no logra tocar la fibra sensible (como sí hiciera de manera magistral en “Mar adentro”) del espectador con rotundidad, a pesar de que navega con viento a favor. El grado de conmoción nunca supera al de la impotencia inicial que se siente ante la pérdida de la famosa Biblioteca, y la excitación por el triste final de Hipatia nunca sobresale de lo meramente puntual y ordinariamente esperable.

No obstante, estamos ante una gran película, con sello de autor, que nos devuelve a Hipatia, Alejandría y la época romana con elegancia, brillantez y un alto grado de madurez narrativa y visual.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Rec 2

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Grabando sin batería


Cuando se emprende el ambicioso proyecto de desarrollar una secuela de una película que ha tenido un éxito abrumador se puede deber a dos motivos fundamentales. O bien se quiere exprimir a la gallina de los huevos de oro y sacar un provecho abiertamente económico, o bien hay un interés plausible, de profundizar en los aspectos fundamentales de la película. A directores como Christopher Nolan, les podríamos encajar en este último apartado de cineastas ambiciosos. Lamentablemente para nosotros, en esta ocasión la gallina cacarea tan alto y en un tono tan descarado, que a REC 2 no queda más remedio que meterla en el primer grupo.

La película REC que sorprendió y logró el aplauso tanto de aficionados al género como de los que se acercaron de puntillas con aires de curiosidad, supuso un soplo de aire fresco para un género maltratado y en especial en nuestro país, poco elaborado. Toda una serie de elementos innovadores, (que iban desde un estilo periodístico con cámara en mano como imagen desconcertante, actores que buscaban (sin encontrarla) la naturalidad necesaria para dar credibilidad a la historia y un guión que dejaba abiertas varias posibilidades) convirtieron a REC en una película destacable dentro del género, y sin duda un éxito de público más que aceptable.

Aunque en un principio no se pensó en una secuela posterior, un guión tan abierto, y sobre todo una extensa demanda de gente ávida por conocer el desenlace de lo que ocurriría en esa “infectada” casa, han provocado que nos encontremos ante un REC 2, o si queremos ser más exactos, un REC al cuadrado.

El problema es que esta segunda parte se centra tan sólo en imágenes impactantes, prolongación de sustos ya previsibles, y una cansina histeria colectiva que uno duda que se trate de gente en auténtico peligro o tarados mentales sin ningún tipo de control ni raciocinio. Todo lo demás ha importado bien poco a la pareja Jaume Balagueró y Paco Plaza, que sin ningún pudor nos han vuelto a intruducir en aquella casa infectada (en este caso poseída), con los mismos seres maléficos pero ya poco sorprendentes, y con una absurda obsesión por presentarnos a los Cuerpos de Seguridad del Estado como auténticos idiotas que no son capaces en ningún momento de hacer frente a una situación de emergencia, provocando el sonrojo ajeno ante tal barbaridad de palabras, actos, situaciones y salidas de tono sin un sentido aparente.

Aún con esas, la película se hubiese mantenido más o menos con cierta dignidad si no hubiese sido por la incursión de tres adolescentes a cuál más estúpido, que supone además de un desafortunado paréntesis en la tensión general, un añadido prescindible y poco acertado.

Nos encontramos pues, ante una extensión de la primera parte, sin ningún tipo de escrúpulos, con un lamentable guión lleno de retazos mal cogidos de “El exorcista”, y una sobreactuación general que resulta en muchos casos ridícula. Cuando una película de terror provoca risas, y en no pocas ocasiones carcajadas, es evidente que algo no funciona y que no se está consiguiendo enviar el mensaje aterrador en ningún momento.

La pequeña incursión nuevamente de Manuela Velasco, que podría resultar refrescante cuando la película agoniza, no aporta apenas nada, salvo alguna pequeña sorpresa, y la presencia de un vacuo exceso de sangre a borbotones no hace más que teñir de rojo un escenario sin apenas color definido.

La presencia de cuatro cámaras “narradoras” en lugar de la única utilizada en la primera parte, una mayor elaboración técnica (en algunos momentos ciertamente destacable) y algún que otro pequeño detalle, puede hacer que merezca la pena REC 2, para quién desee acercarse sin excesivas pretensiones y menos exigencias.

En caso contrario, es inevitable la decepción, porque contra toda lógica “cinematemática”: Rec más Rec, igual a uno.


sergio_roma00@yahoo.es


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