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Crítica - Her

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Sentimientos y emociones virtuales

¿Es posible enamorase de un sistema operativo con voz? Supongo que para cualquiera la respuesta inmediata sería que no. El gran mérito de Spike Jonze (especialista en realizar auténtica magia en el cine) es precisamente que eso pueda suceder, y lo más difícil, que eso pueda resultar creíble.





“Her” se desarrolla en un futuro cercano, en Los Angeles, en un mundo donde internet sigue siendo una herramienta imprescindible. La salida al mercado de un nuevo sistema operativo para el PC despierta la curiosidad de Theodore, una persona solitaria y melancólica, que aún vive con la tristeza de un pasado cercano donde se produjo la dolorosa ruptura con su pareja, Catherine. Este novedoso sistema operativo tendrá voz femenina (Scarlett Johansson) y estará basado en el modelo de Inteligencia Artificial que además de satisfacer cualquier tipo de necesidad del usuario, interactuará con él, podrá mantener una conversación inteligente y amena, e irá desarrollando su propia personalidad. Pronto Theodore se encontrará con un conflicto de difícil solución.

Hay tres elementos fundamentales que convierten a “Her” en una estupenda película. En primero lugar tenemos la mano maestra de un Spike Jonze que sabe medir los tiempos como con acierto, sabe transformar lo utópico y lo idílico en profundas ensoñaciones de realidad certera y viable, de manera que el espectador siente la necesidad de saber más sobre algo que le está fascinando. Y Jonze va aportando poco a poco los elementos necesarios para que la historia se vaya construyendo de manera sencilla pero profundamente intensa, hasta el punto de encontrar verdaderos momentos emocionantes que persistirán en la memoria durante todo el desarrollo del film.

En segundo lugar nos encontramos con la magnífica interpretación (vocal) de Scarlett Johansson. No aparece ni un solo minuto en pantalla, dado que interpreta a la voz del sistema operativo (Samantha), pero su voz es tan importante y fundamental en la película que la convierte en uno de sus mejores trabajos en el cine. Sus conversaciones con Theodore nos permitirán ir conociendo poco a poco qué fluye en el cerebro (virtual) de un sistema operativo e incluso qué siente. Scarlett se presenta tan sensual como divertida y tan emotiva como intrigante, permitiendo que podamos imaginarla, sentirla, y en multitud de ocasiones entenderla, logrando una especial empatía con alguien que en realidad es algo, y que gracias a ella y al guión logramos casi olvidar esta compleja dicotomía, para centrarnos simplemente en Samantha. Por último no podemos dejar pasar la excelente interpretación del personaje principal, Theodore, a cargo de Joaquin Phoenix, en un nuevo trabajo complicado que solventa de manera sobresaliente dando vida a un personaje complejo que vive inmerso en un mundo interior difícil de descifrar, pero con sentimientos y emociones (reales) de fácil comprensión y entendimiento.

Si a estos tres elementos, le unimos un gran trabajo en todos los demás ámbitos (un magnífico guión, escrito también por Spike Jonze, una fascinante música a cargo de los siempre soberbios Arcade Fire y de Owen Pallett, y concretamente una brillante pieza de Karen O titulada “The moon song”, y una sencilla pero certera fotografía de Hoyte Van Hoytema) permiten que nos encontremos ante una gran película que presenta planteamientos novedosos, de interesante reflexión sobre el presente, el futuro más cercano que nos espera, los sentimientos y emociones virtuales en contraste con las carencias afectivas y la sociabilidad perdida.

Todo un conjunto de factores que confluyen en un solo personaje como ejemplo más significativo y que reivindican con acierto la necesidad de plantearnos hacia dónde nos llevan los avances tecnológicos en un mundo donde poco a poco se está perdiendo la capacidad de interactuar físicamente con las personas.





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Crítica de: La gran estafa americana

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Estafa como puedas

El inicio de la película nos sitúa en uno de los puntos culminantes de la trama sin saber aún qué está pasando, para posteriormente, resituarnos al inicio de todo y poder ir atando cabos, sin excesivas dificultades. Y el inicio de todo es el origen y desarrollo de toda una serie de personajes singulares e incluso esperpénticos dentro de una historia que juega a ser seria pero que directamente se ríe de sí misma, resultando en un momento dado que la trama va poco a poco careciendo de interés, -siendo muy sencilla- y lo que verdaderamente interesa son los personajes que David O. Russell se ha encargado de elaborar para divertimento del espectador, y de los que uno quieres saber mucho más.





Por tanto, es en este punto, el de los personajes, donde más se debe incidir para comentar adecuadamente esta película. Y es aquí precisamente donde encontramos lo mejor de esta comedia, comenzando por Christian Bale. Fantástico en su interpretación de Irving Rosenfeld, un aparente timador de poca monta, con una peculiar personalidad y un físico realmente esperpéntico. No resulta creíble que este personaje sea tomado en serio por políticos, policías o mafiosos, y la película no se esfuerza en absoluto en lograrlo, pero Bale consigue que nos olvidemos de todo esto y nos centremos en el puro divertimento que supone su presencia a lo largo de todo el film y el magnetismo que consigue lograr a lo largo y ancho de cada escena. Además se le otorga cierto gancho para las mujeres, lo que le hace ser el epicentro de un interesante duelo entre dos féminas. La primera, su esposa Rosalyn (Jennifer Lawrence) se presenta como frívola, con pocas luces, pero divertida, en contraste con Sydney (Amy Adams), inteligente, audaz persuasiva. Irving sentirá una profunda atracción por Sydney, lo que provocará un auténtico volcán en este trío de personajes, donde los tres brillan con especial acierto y gracia. Para cerrar el cuarteto tenemos a un divertido Bradley Cooper, como policía también excéntrico, de vida personal extraña y de ambiciones profesionales sin límites para desgracia de su superior. Todos están estupendos, logrando un adecuado clima cómico. Por último, Jeremy Renner, Louis C.K., Michael Peña, Jack Huston, Alessandro Nivola, Shea Whigham, Paul Herman, Elisabeth Röhm, e incluso Robert De Niro conformarán toda una serie de curiosos secundarios que lograrán lo que se pretende, que nos hallemos ante una divertida película de personajes, casi como si de un cómic de humor se tratase.

Porque el resto es algo más vacío. La propia historia hace aguas, precisamente porque se diluye en un mar de pretendida intrascendencia. Poco o nada se puede tomar muy en serio de ella porque realmente importa muy poco para el objetivo que se quiere lograr, pero lo cierto es que esto impide que, aunque estemos ante una comedia, nos permita reconocer una película de algo más de empaque.

La selección de los temas musicales es acertadísima, y permiten continuar con el tono singular del film. David O. Russell a su vez cuida ciertos detalles para evitar que la película se desvíe por recorridos extraños, pero lo cierto es que el resultado final deja una sensación de poca contundencia fílmica y se mueve o remueve en terrenos más cercanos al entretenimiento ligero que a una esperada solidez que pudiese conformar con más rotundidad el pretendido homenaje a las películas de mafias, estafas, etc.





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