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Crítica de: Blue Jasmine

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Más dura es la caída

Nada más comenzar la película, será relativamente sencillo ir familiarizándose con Jasmine. Encontraremos inmediatamente los primeros síntomas de una mujer algo desequilibrada (habla continuamente con la compañera de viaje en el avión que le ha tocado). Lo que no sabemos evidentemente es el origen o causa de ese estado y las consecuencias que le traerá.

La nueva película de Woody Allen es en cierta medida una vuelta a los orígenes. Dejado a un lado su tour cultural por las ciudades europeas que nos ha estado presentando todos estos años con películas de diferentes facturas, aquí nos reencontraremos con el cine clásico de Allen y sin abandonar evidentemente su sello personal inconfundible. Jasmine es un personaje que sufre. De la misma manera que lo hacían los numerosos personajes masculinos de Allen, y de la misma forma que Cecilia, el sensacional personaje de “La Rosa Púrpura del Cairo” interpretado por Mia Farrow. Como aquella, Jasmine es una perdedora que le ha tocado vivir en un mundo vetado a las ensoñaciones y con poca capacidad de esperanza. Un mundo donde reinventarse no es tarea fácil y donde el resto de personas suponen un obstáculo infranqueable hacia la paz interior, de vueltas de un pasado algo confuso. En este sentido, resulta inevitable también no acordarse de la maravillosa Blanche (Vivien Leigh) de “Un Tranvía Llamado Deseo (1951)”. En ambos casos la hermana- en principio afortunada- tiene que volver humillada a los brazos de su hermana más sencilla. Y en ambos casos se toparán con la cruda realidad de la mano del personaje masculino, Stanley (Marlon Brando) en aquella, y Chili (Bobby Cannavale) en esta.



Woody Allen construye una historia magnífica, pero sobre todo construye un personaje fabuloso que centra en sí toda una serie de males que se producen a raíz de una caída. Las dificultades en levantarse y las incoherencias de una nueva y completamente distinta vida. Y lo hace, como no podía ser de otra forma, a su estilo, a su mejor estilo, aquel que no encontrábamos con tanta brillantez desde la obra maestra “Match Point”. La música, la fotografía, el guión, los secundarios… todo encaja a la perfección para componer una obra redonda y para aupar más si cabe lo más valioso de toda la película: Cate Blanchett. Su trabajo es sencillamente espectacular. Un papel complicado para una actriz extraordinaria que solventa con una solidez sobresaliente y que la coloca en un lugar privilegiado dentro de su profesión. Blanchett convierte a Jasmine en un personaje inolvidable. Logra transmitir todo lo que el personaje quiere expresar, y aún más. El resto de personajes (Alec Baldwin, Peter Sarsgaard, Alden Ehrenreich, Sally Hawkins, Louis C.K., Michael Stuhlbarg, Bobby Cannavale, etc) sin destacar concretamente ninguno en especial, está a la altura que se espera y cumplen de manera notable en una historia donde los secundarios (como en casi todas las películas de Woody Allen) tienen su parte de protagonismo.

La construcción general de toda la historia es también sobresaliente, de un Woody Allen muy comprometido con la historia y con muchas ganas de contarla con brillantez: presentándonos un presente certero, mezclándolo con un pasado necesario para poder entender todo, a través de unos flash back que se presentarán de manera natural en lo que es un todo, pasado y presente unidos por destino inevitable.

Woody Allen nos deja una de las mejores películas del año, sin lugar a dudas. Una película que atrapa desde un primero momento, que se sigue con intensidad, cierta emoción y las gotas justas de humor, y que deslumbra en su tramo final.


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Crítica de: Malavita

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Tú me estás dando mala vida

El director parisino Luc Besson nos tiene acostumbrados desde hace mucho tiempo a un tipo de cine que busca el entretenimiento por encima de todo. Que lo haga con mayor o menor acierto eso ya es otra historia. Películas como “El Gran azul”, “El Profesional (Léon)”, “El Quinto Elemento”, “Juana de Arco (1999)” o la reciente “The Lady” son títulos a tener en cuenta, aunque en su filmografía aún no figure ninguna película que además de entretener se considere una gran película. “Malavita” tampoco lo es, aunque en algunos momentos cumple con su cometido de entretenimiento. Pero no en todos.

En su firme propósito de llevar gente a las salas, Besson reúne elementos imprescindibles, a saber: tres actores conocidos y respetados, historia atractiva, música interesante y ciertas dosis de humor y acción. Con un cartel con Robert De Niro, Michelle Pfeiffer, Tommy Lee Jones es raro que alguien que le guste el cine no sienta curiosidad por ver a estos tres actores juntos. Si la historia trata sobre la mafia, el interés sigue creciendo y si se le añaden las dosis justas de comedia y de escenas violentas, pues el objetivo está asegurado: las salas no quedarán vacías.



Pero si rascamos un poco en todo esto, encontraremos que Besson tampoco ha hecho muchos méritos para invitarnos a sentarnos con entusiasmo delante del cine a ver “Malavita”. Tanto Michelle Pfeiffer como Tommy Lee Jones, cumplen más o menos con unos papeles sencillos, sin deslumbrar en ningún momento, y Robert De Niro… pues otra vez de mafioso. Algo demasiado gastado, previsible y en cierto modo aburrido. Uno no acaba de comprender cómo un actor puede tener tan poco respeto sobre sí mismo y sobre su propia carrera, y sobre todo, qué fuerza sobrehumana le impide rechazar papeles que a todas luces son tan flojos que no hacen sino crear borrón tras borrón cada año en su propia y antaño brillante filmografía. Su trabajo está bien, porque no deja de ser el actorazo que nos maravilló con “Taxi Driver”, “Toro Salvaje” o “Uno de los nuestros” por citar tres ejemplos conocidos, pero resulta nuevamente decepcionante verle en una película como esta.

Superada esta decepción, y asumiendo el rol que la película juega, las casi dos horas que dura se mantienen más o menos con entretenimiento, a pesar de los continuos desniveles narrativos que nos deja. La historia (adaptación de la novela “Badfellas”, de Tonino Benacquista) trata sobre un capo mafioso que tras delatar a sus amigos, es obligado a estar el en programa de protección de testigos junto a su familia. Una familia que ya está perfectamente adaptada a las prácticas mafiosas (esto supondrá los variados, aunque no siempre acertados, momentos divertidos) y que tendrá que vivir constantemente de casa en casa, de ciudad en ciudad, adaptándose a nuevas vidas y a estar continuamente protegidos, y por ende vigilados.

Ciertos momentos a lo “Kick-Ass. Listo para machacar” resultarán divertidos, y ver a De Niro en la pantalla siempre es un aliciente, además de algún guiño atractivo que nos regalará el director y que no será casual siendo Martin Scorsese productor ejecutivo del film. Pero en líneas generales la película resulta bastante floja y a todas luces se podía haber sacado mayor partido a unos mimbres (sobre todo en el plano interpretativo) que son de altísimo nivel.


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Crítica de: Grand Piano

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Acertar con la tecla del thriller

“Si fallas una sola nota morirás”.

Esta pequeña nota, escrita en rojo, en medio de la partitura de un famoso pianista al comienzo de un concierto de música clásica, será el comienzo de una angustiosa y trepidante lucha de supervivencia, tanto suya como de su célebre y encantadora esposa.

La primera incursión en el mundo del cortometraje por parte de Eugenio Mira la encontramos en “Fade”. Un corto un tanto extraño, que juega con el mundo de los sueños y de la realidad en un marco enigmático, muy propio del ambiente Lynch y con una resolución igualmente extraña. Aún así, la realización del mismo es magnífica, tanto en fotografía como en sonido, y nos envuelve muy directamente en un mapa de terror inquietante. Más tarde participaría en el proyecto “Diminutos del calvario”, con el cortometraje “Rancor”. Un estupendo viaje terrorífico, dentro de las limitaciones que supone filmar en tan sólo un minuto. “The Birthday” fue su discreta ópera prima y hace tres años, con Eduardo Noriega como protagonista, nos presentaba “Agnosia”, un film destacable e importante. Todos sus trabajos se han rodado en inglés, así como esta última película que nos ocupa.



Qué duda cabe que contar con Elijah Wood, John Cusack, Alex Winter y Kerry Bishé en el cartel de una película ya es de por sí una buena y atractiva carta de presentación. Pero si además le añadimos unas dosis de talento en la dirección, tendremos una película sumamente interesante.

El comienzo es suave, calmado, donde un piano toma el primer protagonismo, y donde encontraremos al personaje de Elijah Wood visiblemente nervioso y angustiado ante un concierto que él mismo protagonizará como pianista. Parece que el concierto comienza bien, sin imprevistos, y solventando los primeros nervios. Pero todo cambia cuando el célebre pianista se encuentra una primera nota escrita en rojo, y a partir unas cuantas más que le llevarán a realizar el concierto más surrealista que haya llevado a cabo en su carrera. El thriller pide paso, y no da tregua, en un intenso y trepidante devenir de acontecimientos hacia la eclosión final.

Eugenio Mira maneja con extremado dominio el género. Disfruta rodando cada una de las escenas y dirigiendo la angustiosa situación de Elijah Wood que bajo un guión de Damien Chazelle intentará salvar su vida y especialmente la de su propia esposa. Es ahí precisamente, en el guión, donde la película incurre en algunos convencionalismos que la alejan de estar ante un thriller más importante. La historia es buena, y funciona, pero hay ciertos aspectos que podían haber sido más arriesgados, y dejan una sensación débil en comparación con la vibrante narración de los hechos.
Aún así la película funciona. Ofrece plenamente lo que promete y nos permite disfrutar de un apasionante concierto como nunca antes se ha vivido, donde las notas musicales del piano compondrán un apasionante suspense del que será difícil no quedar atrapado desde el comienzo.


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Crítica de: Solo Dios Perdona

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Juego de venganzas

Para que no haya lugar a engaños, y nadie se pueda sentir decepcionado, lo primero que hay que decir es que “Solo Dios Perdona” no es la secuela de “Drive”, ni se parecen en absoluto, a pesar de contar con el mismo actor protagonista, y un personaje de características similares. De hecho, la participación de Ryan Gosling (nuevamente acertada) no fue la opción inicial o preferente del director.

Partiendo de esta base, conviene por tanto analizar esta película desde un prisma completamente independiente a la anterior del director danés Nicolas Winding Refn, e intentar evitar por consiguiente cualquier tipo de comparación entre ambas, aunque evidentemente la autoría de una y otra hagan inevitable incidir en algunos aspectos comunes.
“Solo Dios Perdona” es una película de venganzas. En este sentido, y teniendo en cuenta la localización (Bangkok) y el tono de la película, podemos entrever un particular homenaje al cine asiático en este particular subgénero, viniéndonos inmediatamente a la cabeza películas como “Oldboy (2003)”, “Sympathy for Lady Vengeance”, ambas de Chan-wook Park, o incluso las “Kill Bill 1 y 2” de Quentin Tarantino. Cómo héroe solitario en busca de venganza, y en cierta medida un cowboy bohemio y oscuro, también nos resulta inevitable no acordarnos de películas tan importantes como “Sin Perdón” o “Django Desencadenado”, por citar dos casos reconocidos entre los numerosos que existen y que cada uno tendrá en su particular panteón del subgénero. De todo ello, Nicolas Winding Refn tiene referencias, y las utiliza, aunque desde cierta distancia, tanto en la manera de componer la historia, como de presentar a los personajes, encontrando también en la estética (visual y musical) ligeras reminiscencias a Kar Wai Wong y a David Lynch.



Partiendo de todo esto “Solo Dios Perdona” es una película extraña, que a pesar de beber de diferentes fuentes, tiene una autoría propia e identificable, y la convierte en una película donde a pesar todos los elementos necesarios e imprescindibles del género (acción, personajes mafiosos y elaborados, sangre, intensidad, emoción, etc) están dispuestos de una manera un tanto original, que si bien en ciertos momentos raya la auténtica brillantez, en otros se desmarca hacia caminos innecesario y se diluye en pasajes que pueden llegar a resultar incluso absurdos.

Otro problema que plantea la película es el ritmo. Lejos de ser frenético, “Solo Dios Perdona” se toma sus pausas, se ve inmersa en numerosos momentos del film en una especie de introspección puntual de personajes que si bien nos ayudan a poder elaborar un –acertado o no- esquema del personaje en cuestión, puede llegar a romper en ocasiones el tono de la película, llevándola a derroteros algo vacíos y en tierra de nadie.

Con estas salvedades, la nueva película de Nicolas Winding Refn resulta más que interesante. Bajo una estética arrolladora, con unos personajes elaborados casi al estilo cómic, donde brilla con luz propia Ryan Gosling en el personaje de Julian. Un fugitivo estadounidense que se gana la vida en Bangkok dirigiendo un club de boxeo tailandés como tapadera de tráfico de drogas, y que se verá envuelto sin comerlo ni beberlo en una lucha casi infinita de venganzas familiares, donde tendrá particular protagonismo su propia madre, que interpretada de manera estelar por Kristin Scott Thomas, aporta un particular estilo añadiendo un punto de grandeza a la película cada vez que ella aparece en escena.

No gustará a mucha gente, probablemente, ante el cambio de registro, pero es una película a tener en cuenta.


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Crítica de: Prisioneros

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Thriller de altura

Existen multitud de maneras de permanecer encerrados, prisioneros bajo una diversidad de telones que impiden en mayor o menor medida una visión transparente de la realidad y que provocan una opacidad importante a la hora de presentarse ante una realidad inminente. Junto a esto, evidentemente, está el encerramiento físico. En cierto modo, la mayoría de los personajes de esta película, se encuentran de una u otra forma prisioneros, ya sea físicamente hablando, o bien en un particular mundo interior, provocado o no, que les impide encontrar un punto de luz adecuado donde poder encontrar una realidad latente.

Anna, una niña de tan sólo seis años, ha desaparecido junto a su amiga Joy, cuando salieron un momento a la calle. Una caravana que había extrañamente aparcada y su insólito ocupante será el punto de partida por donde comenzar la desesperada búsqueda. Pero el tiempo apremia, cuantas más horas pasan, decrecen las posibilidades de encontrar a las niñas con vida. Ante tal situación, y con una fuerte convicción, el padre de Anna, Keller Dover, decide desesperadamente una particular investigación, que mantendrá la historia en dos ejes paralelos de indudable interés ambos, y con la posibilidad de que se encuentren en un punto en común.



Denis Villeneuve es un minucioso artesano del cine. Moldea, estructura y podríamos decir que mima sus historias de manera sublime, sin importar el género que maneje. Con Maelström se acerca a la complejidad de un drama sin ningún tipo de complejo y de manera sobria y certera. Con Polytechnique busca un nuevo enfoque a los crímenes basados en hechos reales y estudia las posibles visiones de una narración excepcional. Incendies fue la gran confirmación de una gran cineasta. Una película sencillamente magistral e impactante, sobre los secretos, los dolores ocultos y los viajes a mundos internos donde quizás encontrar respuestas ocultas. La novela 'El hombre duplicado' le sirve de inspiración para realizar su anterior película, donde aquí sí, tras haberlo manejado ligeramente en sus dramas, toca el género del thriller con solidez. Pero es en esta Prisioneros (primera película estadounidense del cineasta) donde domina el thriller con verdadera maestría, y nos ofrece un perturbador relato dirigido con brillantez e interpretado magníficamente por todos sus actores.

Se nos presenta un sencillo rompecabezas, donde todas las piezas se encuentran sobre la mesa de manera sustancial, directa, sin engaños, para poco a poco ir componiendo las claves que nos permitan descifrar los enigmas que como toda película de este estilo, encierra. A pesar de la larga duración (más de dos horas y media), cada minuto, cada segundo, está perfectamente elaborado para que tenga su por qué en el desarrollo de la película. Nada sobra. Todo es imprescindible en una narración fascinante, con una dirección sublime. Porque Villeneuve no se limita a entretener. Domina en thriller con la precisión de un cirujano, y lo convierte en una película oscura por momentos, íntima en diversos pasajes, transparente en desarrollos importantes, y en definitiva un producto elaborado con solidez, con elegancia y con un profundo respeto a las fuentes (las mejores) que podrían ir desde El Silencio de los Corderos, hasta Zodiac, pasando por Seven, con la evidente cercanía (por el tema, principalmente) a Adiós pequeña, adiós.

El inspector protagonista está interpretado magníficamente por Jake Gyllenhaal y el sufrido padre de la niña igualmente magnífico lo interpreta Hugh Jackman en uno de sus mejores papeles en el cine. Ambos forman un poderoso tándem que permiten elevar la película a un nivel sobresaliente y a la que es difícil encontrarle alguna fisura. El resto de interpretaciones secundarias son igualmente importantes (Viola Davis, Maria Bello, Terrence Howard, Melissa Leo, Paul Dano, Mike Gassaway…) todas mantienen el tono elevado del film, permiten que discurra por derroteros de espectacular thriller y logran que Prisioneros sea una de las mejores películas del año.

El guión está escrito por Aaron Guzikowski (Contraband) y la música por Jóhann Jóhannsson (Efectos personales), en sendos trabajos notables, junto a la siempre eficaz fotografía de Roger Deakins (The Reader (El Lector)). Todo un compendio de elementos, bajo la dirección de Villeneuve que nos permiten estar ante un thriller redondo.

Angustiosa, intrigante, poderosa, elegante, soberbia. Imprescindible.



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Crítica de: Cuerpos especiales

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Vaya par…

La fórmula no es ni mucho menos nueva: se buscan dos personajes extremos, dos polos opuestos, se les deja interactuar en un escenario común y se esperan los resultados en un guión básico o sencillo. Cuando esos personajes tienen fuerza, y quienes los interpretan son buenos actores, nos encontraremos normalmente con divertidas comedias. Si los personajes son pobres, y los actores malos, tendremos con toda seguridad una película ridícula y aburrida, como es la comedia que nos ocupa.

Y resulta una gran decepción comprobar cómo Paul Feig firma una película tan pobre, habiendo rodado tan sólo dos años antes la estupenda “La Boda de mi mejor amiga”. La gran diferencia, sin duda alguna, la encontramos en el guión y en las interpretaciones (ya que tanto en música como en fotografía vuelve a contar con los mismos Michael Andrews y Robert D. Yeoman respectivamente). Si en aquella el guión era de Kristen Wiig y Annie Mumolo, en una historia cargada de situaciones divertidas y con un desenlace incierto, en esta ocasión el guión lo firman Lee Eisenberg, Katie Dippold y Gene Stupnitsky, en una historia simple, previsible y sin gracia. Si en aquella ocasión, la interpretación principal corría a cargo también de Kristen Wiig en un papel extraordinario y apoyado muy correctamente en Maya Rudolph, en esta ocasión tenemos a la casi siempre mal actriz Sandra Bullock en un papel ridículo, y apoyada muy pobremente por Melissa McCarthy en un grotesco y exagerado papel. Ambas policías, no serán capaces, casi en ningún momento de arrancarnos una sonrisa de nuestra boca con un mínimo de gracia o de inteligencia. Precisamente el personaje de Melissa McCarthy (Shannon Mullins) está prácticamente calcado de aquel que también interpretase en “La Boda de mi mejor amiga” (Megan), aunque en aquella, el personaje sin ser el más divertido, tenía sus momentos interesantes.

La historia es sencilla a más no poder: policía pija del FBI que le toca trabajar con chusca policía local, para resolver un caso de tráfico de drogas. No hay nada más.
Lo único que puede salvar una historia así es un guión cargado de momentos al menos entretenidos o unas interpretaciones realmente divertidas. No es el caso en ninguno de los dos aspectos, y por tanto no hay quién salve esta historia que cae por su propio peso y que nos deja un sabor bastante amargo, yendo directamente al capítulo de la memoria donde clasificar a “películas olvidables”.


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Crítica de: El Camino de Vuelta

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Verano gris

La sombra de “Pequeña Miss Sunshine” es muy alargada, o al menos esa manera de hacer comedia que tanto gustó a cítrica y tan bien funcionó en taquilla. Jonathan Dayton y Valerie Faris (los directores de aquella película) saben perfectamente la fórmula, y lo volvieron a lograr con una película aún superior como es “Ruby Sparks”. A Nat Faxon y Jim Rash (los directores de esta) aún les queda mucho camino por recorrer, y muchos “caminos de vuelta” para lograr un resultado tan acertado.

Nat Faxon y Jim Rash se estrenan con esta comedia amable, en lo que supone una ópera prima digna, aunque algo decepcionante. Ambos son los guionistas de la estupenda “Los Descendientes” de Alexander Payne, y si bien es evidente que han aprendido algo en el incierto camino que va desde el guión hacia la dirección, lo cierto es que aún les falta “pagada” para noquear con una magnífica comedia.

La nueva vida de Duncan, un adolescente de 14 años que le toca convivir con su madre y su padrastro durante todo un verano será la historia principal sobre la que se centre “El Camino de Vuelta”, y alrededor de esta surgirán toda una serie de personajes secundarios que sin duda alguna se convierten en lo mejor de la película, (muy especialmente el interpretado por Sam Rockwell). El mundo interior de Duncan, los satélites que orbitan, de manera incierta, alrededor de él, y sus aspiraciones (si es que tuviese alguna) irán captando poco a poco la atención del espectador consiguiendo un resultado aceptable en cuanto a comedia sin excesiva y profunda ambición.

La película se guarda momentos realmente divertidos, especialmente como decíamos al comienzo, cuando aparecen los personajes secundarios, como Allison Janney en un papel de frívola madre (Pam) separada que tiene sus momentos más especiales conforme vamos conociendo un poco más su excéntrica vida y las historias que la acompañan. Pero es sin duda Owen (en un gran trabajo de Sam Rockwell) el auténtico motor de la película. Cada vez que aparece en pantalla la película crece, la comedia adquiere cotas notables y su interpretación mantiene en alto nivel la película, incluso cuando suceden momentos no tan divertidos.

Cuando la película se centra en la familia (Steve Carell y Toni Collette como padres no están mal, y el adolescente Liam James cumple) la película se vuelve más sencilla, más cargada de tópicos y con una destacable y evidente pérdida de interés.

Con todo, es una buena película para pasar un rato agradable, mayor conforme uno se vaya identificando con la familia, donde encontraremos pocas sorpresas de género, pero que nos permitirá disfrutar de personajes cuando menos curiosos.


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Crítica de: Pie de Página (Footnote)

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Las rivalidades familiares

Las rivalidad familiar, el orgullo, los prejuicios y en definitiva el honor es un tema bastante recurrente en el cine, y en muchas ocasiones con buenos resultados, dado el margen de maniobra que supone para un guión y para una dirección adecuada. Esta película israelí que nos llega de la mano de Joseph Cedar (“Beaufort”) afronta estos aspectos con sutileza pero profundizando en las consecuencias especialmente, haciendo verdadero hincapié en la relación padre-hijo, que se antoja compleja desde los primeros compases de la película y que con el desarrollo de la misma iremos entendiendo y encontrando claves para poder vislumbrar el desencuentro.

“Pie de Página (Footnote)” es en ciertos aspectos una película dura, y ese tono no se pierde nunca, pero Joseph Cedar se encarga a través de diversos mecanismo (especialmente en la música) de frivolizar algunos momentos, y de otorgarles ese punto ligero de comedia que la película necesita y agradece. En especial, una reunión que se mantiene en una pequeña habitación, resulta realmente cómica, y aunque rompe un poco con el tono tenso de la situación, es una paradoja que se contempla con cierto atractivo y que en definitiva resulta acertado.

Todo comienza cuando Uriel Shkolnik recibe una distinción pública con la asistencia de su familia, incluido su padre. Lo que en teoría debiera ser un motivo de orgullo para el padre, se presenta como un motivo de insatisfacción. ¿Por qué? Las respuestas se irán dando poco a poco a lo largo de la película y de manera ciertamente original en según qué momentos. Un acontecimiento trascendental que tendrá lugar sobre Eliezer Shkolnik (el padre) será el punto central en el que “Pie de Página (Footnote)” nos presente a los personajes ante determinadas disyuntivas y sepamos el alcance real de una relación que no deja de ser familiar, a pesar de los desencuentros y de los puntos (confusos o no) de rivalidad.

Un drama sincero que se visiona de manera agradable y que nos reporta momentos divertidos, con un estupendo guión del propio Joseph Cedar que le valió el Premio en Cannes al Mejor Guión en la edición del 2011.



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Crítica de: About the Pink Sky (Sobre el Cielo Rosa)

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Adolescencia en tonos grises y rosa

No cabe duda que el cine japonés ha gozado de una excelente salud a lo largo de los años. Baste recordar nombres tan consagrados como Yasujiro Ozu, Akira Kurosawa, Hiroshi Shimizu, Sadao Yamanaka, Kenji Mizoguchi, Masaki Kobayashi o Mikio Naruse para apreciar en seguida que nos hallamos con cumbres de la historia del cine. Recientemente el cine de animación ha tomado protagonismo, con directores como Hayao Miyazaki, pero aún sobresalen artistas como Akira Kurosawa, Yôjirô Takita y sobre todo Hirokazu Koreeda para certificar que la salud sigue intacta.

Keiichi Kobayashi el joven director poco conocido de esta “About the Pink Sky (Sobre el Cielo Rosa)” comenzó con los vídeos musicales y trabajos para marcas comerciales para acabar debutando en la dirección con esta película que ganó el Festival de Gijón a la Mejor Película, y que indudablemente bebe de muchas de las fuentes anteriormente citadas, incluida la animación.

Del buen tratamiento de la cámara que Kobayashi ha cultivado, en About the Pink Sky (Sobre el Cielo Rosa) encontramos algunos referentes, en cuanto a la dirección fotográfica, con planos concretos. La película está rodada en un suave blanco y negro (a pesar del título) de estética intimista que favorece el desarrollo de una historia que de por sí comienza siendo interesante. El hallazgo de una cartera con unos miles de yenes anima a una colegiala japonesa a prestar a un amigo y a su vez a intentar averiguar al dueño de dicha cartera. Esto dará lugar a una serie de ramificaciones argumentales que si bien en un principio cuesta seguir, conforme se va desarrollando la historia va adquiriendo interés, contado todo con sutileza y tacto, y logrando que esta “teen movie” convencional vaya adquiriendo seriedad, compostura y belleza.

El blanco y negro no parece imprescindible pero resulta atractivo, y las interpretaciones adolescentes, frescas y casi espontáneas (incluso con identificables aires “anime”) ayudan a que la autenticidad de la historia se mantenga sin apenas desniveles destacables. Quizás una excesiva duración de metraje, o quizás una maniquea postura del mundo adolescente pervierten por momentos lo que es una lineal y correcta narración de una historia interesante, pero puntos culminantes y elevados como la historia del chico enfermo nos permiten identificarla en un nivel más que aceptable en líneas generales.

Los sentimientos alocados de la adolescencia efervescente. Las dudas, las equivocaciones, la espontaneidad y las sonrisas. Todo un mundo sin aparente color que irá sobrevolando al ritmo sencillo y pacífico de un utópico cielo rosa. Un cielo rosa que buscará dejar el rastro de la eterna juventud.



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Crítica de: El Llanero solitario

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Piratas caribeños en el oeste

"Un fogoso caballo con la velocidad de la luz, una nube de polvo, y un caluroso "Hi-yo, Silver!", El llanero solitario!"
Normalmente con esta frase comenzaba el programa radiofónico y posteriormente la serie que dieron origen al mítico héroe que forma ya parte de la cultura popular, y que sólo por ello debiera tratarse con el suficiente respeto, en todos los aspectos. Pero resulta tan descarada la intención inicial (a saber: director Gore Verbinski, actor Johnny Depp, esquema, premisas, y evidentemente misma productora) y el resultado final, de lograr una nueva franquicia "piratas caribeños", que de primeras, y sobre todo de segundas, logra que se produzca un serio rechazo hacia esta película.

Y lo cierto, es que algunos aspectos, sobre todo al inicio, podrían resultar interesantes (con un presupuesto de 215 millones de dólares lo contrario sería insultante) en cuanto a producción, ritmo, espectacularidad de escenas, y un par de planos destacables. Pero todo se difumina de manera inmediata ante la cantidad de aspectos negativos que contiene y la excesiva (y no justificada) duración de la película.

"El Llanero solitario", mantiene los mismos esquemas normales típicos de contar el origen de John Reid, un hombre de leyes que fiel a sus principios quiere resolver los problemas del viejo oeste bajo el peso de la ley. Las circunstancias harán que poco a poco esa mentalidad vaya cambiando y vaya empuñando el arma, ir al galope de su caballo Silver, asociarse con el indio Tonto y finalmente convertirse en un forajido.

Uno de los problemas principales es que al personaje principal se le desvía de los parámetros básicos y su interacción con los indios se ve apenas difuminada en un intento de presentar a los personajes de una manera burdamente divertidos. Y en este sentido, el peor parado es sin duda alguna Johnny Depp, en uno de los peores papeles de su carrera. Un personaje absurdo, tonto (si se me permite el chiste facilísimo) carente de gracia por lo forzado de su proyección, y que le resta seriedad a lo poco respetable que se podría obtener de la pareja protagonista.

Por tanto, todo se reduce a un western familiar, sobre un personaje mítico, que si bien por momentos entretiene, por su intensidad y energía, la mayor parte de las ocasiones restantes es un cúmulo de elementos infantiles, sencillos, y mal elaborados, dejándonos como consecuencia un resultado final flojo. Muy flojo.


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Crítica de: Afterparty

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Después no hay nada

“Afterparty” supone la ópera prima del director Miguel Larraya. Anteriormente había realizado los cortomerajes “Estocolmo” en el 2008 y “Para no dormir” en el 2010. En “Estocolmo” se aprecian no pocos elementos de un cineasta con estilo y en busca de una identidad propia. La historia se basa en la vida de un constructor corrupto que mantiene una doble vida, pero que en un momento concreto conocerá la doble vida de su hija. Con una buena fotografía y unos buenos actores (especialmente bien está Ginés García Millán) el corto aprueba con nota el debut tras las cámaras de Larraya. Su posterior cortometraje “Para no dormir” se adentra directamente en un género en el que parece sentirse cómodo como es el thriller. Un cortometraje que juega con el vampirismo y con la intriga pero sin llegar a profundizar ni en lo uno ni en lo otro. Nuevamente la fotografía es buena y las interpretaciones adecuadas, pero aquí flojea más el guión y el desenlace, dejando el cortometraje a las puertas de algo más destacable.

La película “Afterparty”, conociendo estos dos prometedores trabajos anteriores es bastante decepcionante. Una película enfocada descaradamente a un público que beba insaciablemente de las fuentes de “Gran Hermano” o de “Operación Triunfo” y por ende con pocos escrúpulos y menos tacto a la hora de manejar todo tipo de elementos cinematográficos.
La historia, aunque predecible, podría resultar incluso interesante si se hubiese llevado por los cauces adecuados. Un popular (y guaperas) actor televisivo acude a una fiesta privada donde se desinhibe sin ningún tipo de prejuicios. Tras despertar dentro de la casa descubre que se encuentra encerrado, y que apenas queda nadie en ella, salvo él, un despistado que dormía abajo y tres chicas adolescentes que conoció en la noche anterior. A partir de aquí el thriller se desarrolla con muy poco acierto y con nefasto sentido del género.

Miguel Larraya vuelve a cuidar la fotografía como ya hiciera en sus trabajos en corto anteriores, pero yerra en todo lo demás. La historia hace aguas por todos los sitios, las interpretaciones son flojas y el pretendido thriller se vuelve disparatado, inconexo y de difícil digestión.

Un producto de corta duración que busca directamente un público juvenil sin pocas ambiciones y que desemboca en una suerte de película simplona que apenas deja rastro y que se sumerge directamente en el pozo de las películas fácilmente olvidables.



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Crítica de: Stoker

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Secretos de familia

Si hablamos del cineasta coreano Chan-wook Park es inevitable que vengan a colación películas tan importantes como fueron las incluidas en su trilogía de la venganza “Sympathy for Mr. Vengeance”, “Oldboy (2003)” o “Sympathy for Lady Vengeance”. Y es importante nombrarlas a parte de la trascendencia que han supuesto en el género del thriller, porque contienen rasgos y signos identificables, que también encontraremos en esta estupenda “Stoker” y que nos permitirán observarla desde un prisma diferente.

Un comienzo en voz en off narrado por la protagonista India acerca de sus supuestos poderes extraordinarios en torno a las escuchas y a las miradas nos señalará que estamos ante una película especial, y que se acercará al género del terror con bastante sutileza, sin abandonar un thriller que tanto domina el director coreano. Así mismo, desde un primer momento estaremos en condiciones de apreciar una fotografía (a cargo de Chung-hoon Chung) adecuada al género que nos ocupa y sobre todo una música (Philip Glass) que nos permitirá disfrutar de hora y media de cine de terror o suspense bañado con thriller de primera categoría. Tan sólo cabe esperar un buen guión.

La muerte del padre de India con quien mantenía una estrecha relación dará lugar al acontecimiento más importante en la familia, la llegada del hermano menor del padre (Charlie) del que parece ser no se ha había hablado en todos estos años, más allá de que era un incansable viajante. Evidentemente Charlie guarda un secreto, que será lo que se aborde a lo largo de la película y lo que encenderá el motor de esta brillante película.

Chan-wook Park se encargará con precisión de crear un extraño aura en torno a la figura de Charlie, y el actor Matthew Goode (“Match Point”) pondrá a su disposición su talento para formar un personaje lo suficientemente atractivo como para que consiga un discreto magnetismo y lo suficientemente enigmático para que logre esa inquietud que no nos abandonará hasta prácticamente el final de la película.

Como hemos dicho, tanto fotografía, como música se sitúan en perfecta armonía con el clima de la película y Chan-wook Park sabe aprovecharlo de manera excelente para que “Stoker” siempre se mantenga en un elevado nivel, y será de agradecer la extremada valentía con la que se acerca a una historia de suspense escrita por el actor Wentworth Miller (protagonista de la serie “Prison Break”) influida por películas como “Dracula de Bram Stoker” o “La Sombra de una Duda” de Alfred Hitchcock). De esta última, es evidente el paralelismo entre ambos “tío Charlie” de las dos películas.

La primera película de Chan-wook Park rodada en inglés es espléndida, cargada de códigos, matices y claves dignos del mejor cine de Hitchcock, con unas interpretaciones que van desde las aceptables Matthew Goode y Nicole Kidman (en un papel que sin duda nos recordará a aquella Grace de la película de Alejandro Amenábar “Los Otros”) hasta la magnífica interpretación de Mia Wasikowska ("Alicia en el País de las Maravillas (2010)") en un inquietante papel gótico que realiza a la perfección y que le permite coordinar de manera adecuada la intensa relación con el tío Charlie.

Es evidente que Chan-wook Park no ha contado con la libertad plena de sus películas coreanas, y quizás la participación (que no pudo finalmente ser) de Colin Firth en el film hubiese dado un tono mayor a la película, pero el resultado final de esta película es notable y su recomendación es obligada para amantes del género y para seguidores del director coreano.


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Crítica de: El Impostor

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Sé que no eres tú, pero…

Como decía aquel anuncio comercial, el ser humano es impredecible. Y en los sentimientos no manda nadie, aunque todo parezca extraño, inverosímil o increíble.

El cineasta inglés Bart Layton toma una historia real y la transforma en un documental bañado de ficción que resulta sumamente interesante. La manera de combinar tanto documental como ficción, personajes reales junto con actores, es tan adecuada que el relato funciona en todo momento y el suspense cuando se asoma provoca reacciones interesantes.

La historia es curiosa: Nicholas Barclay, un niño americano de 13 años, desaparece sin dejar rastro. Tres años después, reciben la sorprendente noticia de que el chico se encuentra en Almería, por lo que su hermana se desplaza a recogerle. Lo más interesante de la historia es que en realidad no se trata de Nicholas, sino de un “impostor” profesional, acostumbrado a llevar varias identidades. Pero en esta ocasión, por extraño que parezca, la familia le acoge como si fuese Nicholas, en una especie de hipnosis colectiva familiar que no responde aparentemente a ninguna lógica. ¿Cómo es posible que ningún familiar se dé cuenta pese a que apenas se parece a su verdadero hijo? ¿Es posible que la familia esté creando una cortina de humo en torno al “impostor”?

La película se alterna en una mezcla de testimonios reales (sin duda los del impostor Frederic Bourdin son los más interesante, pero también los de la hermana e hijo desaparecido) y de recreación de los posible sucesos acontecidos, de manera que el documental se transforma en ficción y la ficción en documental de manera paralela y de forma excelente, estando al nivel de otros proyectos parecidos que se están presentando en los últimos años y que provocan una pequeña edad de oro del cine documental, lo cual está resultando muy atractivo.

Bart Layton demuestra un dominio absoluto, advirtiéndose una solidez a la hora de dirigir la película que destaca de manera especial y que convierten “El Impostor” en una película perfecta para todo tipo de público, independientemente de si le gusta o no el género documental.


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Crítica de: Kauwboy

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El vuelo del grajo

Cuando nos encontramos con una ópera prima de un director del que apenas tenemos trabajos suyos, es inevitable buscar referencias y raíces donde indagar y poder descubrir mundos personales y paralelos. En este caso, del director holandés Boudewijn Koole sabemos poco, salvo algunos cortometrajes y documentales de bastante éxito en su país.

“Kauwboy” es un bello poema fílmico donde podemos descubrir resonancias de los hermanos Dardenne (especialmente de su último trabajo “El Niño de la Bicicleta”) de Andrea Arnold (y su última Fish Tank) y también en cuanto a forma y estilo podemos encontrar similitudes con la obra de Terrence Malick (en sus trabajos generales) o de Gus Van Sant. De todos ellos hay un poco, pero como los buenos cineastas, Koole ha sabido beber de fuentes para crearse un mundo personal y una película de autor.

La vida de Jojo, un niño de diez años que vive con su padre es ciertamente triste. Su padre parece apegado a un malestar que no consigue evadir ni siquiera ante la presencia de su hijo, más bien al contrario este suele recibir el rechazo y la marginación sentimental en todo momento. Tan sólo las llamadas a su madre (con la que se intuye una relación muy especial) que aparentemente se encuentra de gira (es cantante de country) musical parecen encontrar amparo y refugio en un frágil corazón que, como el grajo que decide adoptar, acaba de salir del nido. Más tarde, la presencia de una compañera de waterpolo (deporte que se convierte en un auténtico salvavidas) irá cubriendo espacios en su vida que empezaban a estar demasiado vacíos.

La adopción del grajo como mascota, salvado de una caída del nido y una más que probable muerte prematura será el hilo conductor a través del cual Koole nos construirá una magnífica y bonita metáfora, donde Jojo encontrará un pequeño sentido a su casi recién estrenada vida, que tras los primeros pasos presentados se antoja complicada. Será además la presencia de tan pequeño animal un pequeño vínculo a través del cual la relación con su padre cambiará de manera radical, o para mal (el padre no soporta animales en casa, ya que considera que deben estar en el exterior) o para bien, a través de una pequeña cesión que podría derivar en un gran acercamiento, imprescindible para Jojo.

Aunque la madre de Jojo no está presente, es una parte sustancial para conocer la vida y los sentimientos del niño, para entender muchos de los aspectos que rodean a su vida y a sus ensoñaciones. La interpretación de Rick Lens a pesar de su corta edad es realmente sensacional y nos permite conocer el lado más oculto de un niño que tiene mucho mundo interior y mucha vida por recorrer.

Todo el relato está bañado de una bella melancolía que Boudewijn Koole sabe aprovechar para crear un clima fascinante, donde los momentos tristes y amargos dejan paso a ciertos posos de esperanza y determinados momentos de sonrisa sin que ni unos ni otros desentonen en un conjunto muy bien estructurado y en una historia magníficamente construida, donde la puesta en escena consigue ser una parte fundamental de la película y donde la historia se perfila como un delicado cuento de hadas, con el interés incesante de conocer el desenlace final.

Al margen de referencias, Boudewijn Koole pasa con nota alta su presentación de la siempre complicada ópera prima, fundamentalmente porque ha creado un lenguaje cinematográfico propio y personal y porque la película discurre por caminos de indudable calidad narrativa y de sorprendentes momentos de inspiración.


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Crítica de: Monstruos University

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Aprendiendo a asustar

Es una obviedad afirmar que cada nuevo proyecto de Pixar debe suponer un acontecimiento a tener en cuenta. No en vano, son los responsables de la que es probablemente la mejor película de animación realizada hasta la fecha (Toy Story 3), además de muchas otras que han dejado un poso demasiado profundo en cualquier aficionado al cine: Toy Story, Bichos, Toy Story 2, Monstruos S.A., Buscando a Nemo, Los Increíbles (2004), Cars, Ratatouille, WALL·E: Batallón de Limpieza, Up, Cars 2 y Brave (Indomable). Un total de 14 películas (incluida Monstruos University y la mencionada Toy Story 3) de las que es complicado encontrar algún resquicio de poca calidad o talento. Obras casi todas ellas portentosas.

Es por esto también que el listón está tan elevado que cada nuevo estreno pudiera suponer una presión añadida que no parece afectar a los creadores.

En Monstruos University encontramos quizás lo que pudiera parecer un cierto respiro en este aluvión de talento. Se trata de la precuela de aquella magnífica Monstruos SA del año 2001. Un proyecto curioso que profundiza en las raíces de la amistad entre Mike Wazowski (el monstruo de un solo ojo) y James P. Sullivan (el monstruo azul), forjada en la Universidad, donde con caminos aparentemente distanciados acaban casi por azar trabajando en un mismo asunto, y en consecuencia moldeando una amistad que como vimos en la primera entrega se ha ido fortaleciendo. Aunque esta premisa resulta interesante, y aunque además el comienzo es más que prometedor, junto con la riqueza de los nuevos personajes, lo cierto es que el desarrollo de la historia, que emplea con descaro todos los tópicos de las películas universitarias (con hermandades incluidas) y de las películas de bandas en competición (el caso más reciente que viene a la cabeza en este sentido, con multitud de similitudes es “Dando la nota”, por poner un ejemplo reciente). Esto hace que nos encontremos con una pequeña decepción, que si bien puede venir provocada por una inicial y razonable expectación, lo cierto es que un análisis frío y alejado de comparaciones, nos deja una película de animación que no está a la altura de otras películas similares (no sólo de Pixar sino también de Dream Works por ejemplo) pero que contiene los elementos suficientes para que la podamos definir como una buena película.

Y esto se debe a como dijimos antes, una amplia riqueza de personajes, una indudable calidad en la animación, algunos momentos (no demasiados) realmente divertidos, y un cierto aire nostálgico (algo con lo que a Pixar le gusta jugar mucho) respecto a la primera película que es de agradecer sin duda.

Por tanto, y en conjunto, Monstruos University se podría considerar uno de los proyectos más flojos en esa lista de 14 maravillosas películas de la factoría, pero aún así una película relevante, interesante, divertida y casi imprescindible para los que disfrutaron con Monstruos S.A.

En la versión original Billy Crystall y John Goodman se encargan de poner las voces principales, y en la versión doblada al castellano son José Mota y Santiago Segura.



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Crítica de: Guerra Mundial Z

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La guerra contra los zombis

El subgénero de zombies, no nos ha proporcionado hasta el momento grandes películas. Lo mejor lo encontramos en la televisión con la serie 'The Walking Dead', y quizás, al margen de 'La Noche de los Muertos Vivientes (1968)', "los 28" de Danny Boyle y Juan Carlos Fresnadillo ('28 Días Después' y '28 Semanas Después' respectivamente) sea de lo mejor que se haya hecho hasta el momento, por no extendernos demasiado.

'Guerra Mundial Z' no se trata de una gran película.
Basada (muy libremente) en la novela homónima de Max Brooks (una novela creada básicamente de entrevistas) y a pesar de los numerosos giros dados a la historia, que retrasaron incluso su estreno, el guión es bastante flojo, y muchas situaciones demasiado inverosímiles. En un principio y sin haber leído o visto mucho sobre ella pudiera parecer que la película se asemeja a la interesante película 'Contagio' de Steven Soderbergh. No hacen falta ni cinco minutos para darnos cuenta que poco tiene que ver con ella, y que los zombies, o los no muertos, o los Z van a ser los absolutos protagonistas del film junto con el actor y en este caso productor Brad Pitt.

Dejando por tanto clara esta primera premisa, y aceptando las reglas de juego, que nos encontramos ante un producto "blockbuster" descarado, un puro divertimento, digamos que la película en este sentido está bien. Es decir, nos vamos a encontrar con todo lo necesario para ello: emoción, intensidad, acción, intriga, grandes efectos especiales, un actor estrella y unos zombies bien caracterizados y nada ridículos, aunque en ocasiones se nos pueda escapar alguna sonrisa con algún traqueteo de sus dientes. Y todo esto funciona.

No nos va a dar tiempo apenas sentarnos en la butaca para que Marc Forster, director de la película, nos introduzca de lleno en la trepidante acción. De poco van a importar personajes, historias pasadas o reflexiones pueriles. Al grano. Y a partir de aquí la película no descansa. Gerry Lane (Brad Pitt), es un ex miembro de la ONU del que poco sabemos por qué se retiró pero que será elegido, y determinante para la poder frenar una terrible epidemia que está asolando a la humanidad y que convierte al ser humano en zombie con un solo mordisco. En un principio la búsqueda del llamado "paciente cero" será el objetivo principal para atajar dicha epidemia, pero tras los viajes que Gerry realiza a Corea, Israel y Escocia el objetivo se modifica y la búsqueda será otra muy distinta.

Brad Pitt (actor y productor) como salvador del mundo acapara toda la atención interpretativa, realizando un trabajo aceptable, dejando a los secundarios en un segundísimo plano del que poco se puede comentar. Pitt y zombies, frente a frente, y alrededor todo un despliegue visual que tiene sus mejores momentos en las panorámica en altura (algunas realmente impresionantes) y en espectaculares montañas de zombies que se agolpan en busca de carne fresca y de atestar un buen mordisco. Aún así, no encontramos nada con cierto tono gore, ni vísceras por los aires ni excesiva sangre que salpique la pantalla, lo cuál, en este caso concreto se agradece, y ayuda a que siempre se mantenga un clima uniforme, dentro de una tensión bien elaborada y una acción bien construida.

Por tanto, aceptando sin ningún tipo de prejuicio que nos encontramos con un producto de pura diversión cinéfila, (especialmente para los amantes de este tipo de género, evidentemente) todo funciona más o menos correctamente: la tensión no se pierde en un solo momento dentro de las casi dos horas que dura la película, los zombies son terroríficos (¡y rapídimos!), Pitt está en su línea, la música (a cargo de Marco Beltrami) sin destacar excesivamente, colabora de manera positiva, la fotografía (Robert Richardson) mantiene un alto nivel en todo momento (el 3D aunque no molesta, no resulta imprescindible), y en definitiva el espectáculo y la diversión están garantizados.

Pues eso, puro espectáculo. A divertirse.


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Crítica de: Expediente Warren. The Conjuring

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Muérete de miedo

A primera vista esta película podría pasar como una más del género de terror que se estrena en pleno verano sin mucha trascendencia. Pero hay dos aspectos concretos de “Expediente Warren. The Conjuring” que hacen que merezca la pena una primera atención. Por un lado se trata de una película basada en hechos reales, con el plus de interés y de autenticidad que eso siempre provoca. Por otro lado la dirige el joven director malasio James Wan, que para quién su nombre no le diga apenas nada, baste decir que es el director de la primera y sorprendente “Saw” y de la posterior “Insidious”. Ambos aspectos no dicen nada por supuesto sobre la calidad de la película, pero sí merecen en conjunto que le prestemos una atención especial.

Una casa de Rhode Island es el escenario casi único en el que se desarrolla este proyecto terrorífico, con la familia Perron (padre, madre y cinco hijas) como víctimas irremediables y con los parapsicólogos Lorraine y Ed Warren como cazafantasmas o exorcistas, en una aventura realmente complicada. Como buen especialista en el género, Wan se encargará de ir añadiendo los terroríficos ingredientes con sutileza y precisión y sin dejarse nada en el tintero y consiguiendo un ritmo perfecto del desarrollo principal de la película.

No hay nada nuevo bajo el sol (en este caso más bien bajo la luna) ni hay una pretensión de reinvención del género ni nada parecido. Pero hay, no cabe ninguna duda, una película sumamente interesante e intensa en un género en el que no resulta fácil ser competente. Wan consigue una eficacia extrema y un propósito de solidez ampliamente logrado. El hecho de que la película se basase en hechos reales fue un aspecto que atrajo mucho a James Wan en un principio y con su talento, ha logrado sacar lo mejor de la historia para lograr un resultado bastante atractivo y profundamente eficaz.
La historia misma no ofrece excesivas complicaciones ni giros abruptos de guión. Lo verdaderamente importante de “TExpediente Warren. The Conjuring” es como se cuenta la historia, y en este sentido hay pocos “peros” que ponerle, y sí procede alabar las múltiples virtudes que se desarrollan. Comenzando, como hemos dicho al inicio por una estupenda dosificación de todos los elementos que Wan está dispuesto a ofrecer, consiguiendo que la intensidad del film vaya evolucionando de una manera más que adecuada. A esto hay que unir el acierto de contar con dos colaboradores con los que ya trabajó anteriormente, como son John R. Leonettii en la fotografía y Joseph Bishara en la música. Ambos aspectos siempre básicos en una película de terror, resultan de indudable importancia y gran aportación en la película que nos ocupa. Si a esto se le añade la solvencia interpretativa de dos actores que realizan un serio trabajo como son Patrick Wilson y Vera Farmiga (ella está especialmente brillante en este papel) y que le aportan el elemento de autenticidad necesario e imprescindible, pues el resultado no podía ser otro que estar ante una buena película, de un género que no siempre nos aporta satisfacciones en la gran pantalla. Como buen amante y seguidor del cine de terror, el propio James Wan realiza varios homenajes y guiños a películas tan consagradas y tan imprescindibles como “Poltergeist” o “El Exorcista” entre otras, algo que a buen seguro no pasará desapercibido para los aficionados a este tipo de películas.

Expediente Warren. The Conjuring es una de las mejores películas de terror de los últimos años, que sin alardes digitales, ni derroche de sangre, gritos, sonidos o trucos predecibles consigue la intensidad y emoción necesarias para mantenernos agarrados a la butaca y logrando un clima de terror adecuado a lo largo de toda la proyección, consigue ampliamente su propósito: que nos muramos de miedo.


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Crítica de: Zarafa

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Elogio de la amistad

Una película francesa de animación dirigida por Rémi Bezançon y Jean-Christophe Lie y producida por unos estudios que no tienen ninguna película de animación conocida, quizás no sea una buena carta de presentación así de inicio para atraer al público. Si rascamos un poco más sobre la superficie, encontramos que Rémi Bezançon es el responsable de la maravillosa “El Primer Día del Resto de tu Vida” (algunos elementos dramáticos de aquella película los podemos identificar en esta) y que la historia de esta película está basada en un acontecimiento histórico real entre Francia y Egipto en 1824 (que cuenta con matices históricos algo controvertidos), consiguen que nos interesemos un poco más en esta película llamada “Zarafa”.

Y la historia, aparte del interés de basarse en algo real, es ciertamente bella. Narrada a través de un anciano rodeado de niños curiosos nos presenta a Maki , un niño de diez años, sudanés y huérfano que se ha sido vendido como esclavo junto con su amiga Soula. El azar querrá que se cruce en su camino Zarafa, una pequeña jirafa que también sufrirá las consecuencias de la avaricia humana y Hassan, enlace necesario para ir transformando e hilvanando a los acontecimientos. Junto a ellos, el resto de personajes secundarios (las cabras Mounh y Sounh, Malaterre, etc) irán conformando un retablo sumamente interesante de personajes que harán que la historia resulte en todo momento atrayente.

La animación, sin alardes tecnológicos, es visualmente muy atractiva, con planos realmente bellos y con una suavidad en formas y en color que permiten mantener un clima amable y cordial y realzar los momentos emotivos sin excesivas complicaciones. Del mismo modo, la música de Laurent Perez (“Peur(s) du noir”), sencilla pero dotada de una magia muy especial ayudan a que la película siempre mantenga un estado de pureza constante y contenga los elementos necesarios para que se disfrute de manera agradable.

Una película familiar, que puede gustar tanto a niños como a adultos, y pensada precisamente para el disfrute de ambos en conjunción inocente. Como en las películas de este tipo, se ensalzan –sin excesivas ínfulas didácticas- valores tan importantes en la vida como la amistad, el sacrificio, el coraje, la honestidad y también como no, la pureza de esa inocencia inicial, que nunca debiera perderse.

Zarafa es una película que se disfruta de manera ágil, que en líneas generales gusta con pequeños detalles, y que no cuenta con excesivas ambiciones, sin ser esto algo que pudiera resultar negativo en esta película en concreto.
Pasar un buen rato en familia con una bonita y bien contada historia.





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Crítica de: Dando la nota

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Cine “a cappella”

Conviene de vez en cuando despojarse sin complejos de prejuicios y dejarse llevar por alguna película que sin muchas pretensiones nos ayude a pasar un rato entretenido. “Dando la nota” ayuda a ello, porque contiene suficientes características que la hacen una película atractiva. Aunque su premisa inicial no apunta demasiadas expectativas, el desarrollo de la historia y sobre todo la manera de contarla hacen que vaya derivando en una película interesante y amena.

El guión es sencillo. Una imaginaria Universidad comienza el curso y se prepara para las nuevas actividades. Tiene un aluvión de personajes variopintos que permitirán situaciones divertidas, dentro de un marco musical jugoso. La única que parece estar con los pies en el suelo es Beca, que aspira a ser productora de música y tiene que “pasar por el aro” de adaptarse a la Universidad y accidentalmente acabar en el equipo de las “Bellas”, un grupo de canto a cappella que participa en concursos universitarios. La lucha entre este grupo y el masculino con bastante más gancho será el punto de partida y el objetivo final de todo el fin para ir desarrollando todas las tramas alternativas y buscando la diversión.
La película no esconde nada. Juega con clichés ya conocidos de este tipo de películas para incluso parodiarlos con respeto, y en general no se toma en serio así misma, en una frívola pero sugerente manera de alejarla de cualquier intento de encasillarla, lo cual ayuda a que la película se siga con cierto interés y no decepcione casi nunca. Los momentos musicales resultan atractivos, y aunque muchas de las situaciones son predecibles, no dejan de ser una parte más de una estructura sencilla.

Y esto es lo malo. La excesiva sencillez nos impide adentrarnos en algún mundo alternativo algo más ambicioso. Aunque estamos ante una comedia, no existen demasiadas ocasiones para reírse de verdad, siendo la pareja formada por el jurado de los concursos de canto, los personajes más cómicos de toda la película con sus disparatados comentarios. El mundo femenino nos recuerda inevitablemente a la reciente “La Boda de mi mejor amiga”, aunque en esta última, la comedia está más elaborada y el talento en la interpretación más marcado en base al trabajo que realiza Kristen Wiig en ambos aspectos. También es una pena que la buena interpretación de Anna Kendrick (“Up in the Air”) no se vea correspondida con una historia algo más sustanciosa que le hubiera permitido explotar ese lado alternativo que la hace tan atractiva.

Por lo demás, lo dicho. Un acercamiento sin muchos complejos, ni expectativas del tipo “El Club de los Poetas Muertos” o “Las Ventajas de Ser un Marginado”, nos evitará decepciones posteriores, y será una elección acertada para pasar un rato simplemente entretenido y algo divertido.



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Crítica de: Los Croods

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Yabadabaduuuu

Resulta inevitable al acercarse a esta película no acordarse de los queridos Pedro, Vilma, Pablo y Betty de la entrañable serie de los años sesenta "Los Picapiedra", y sus andanzas en Bedrock. Aparte del prehistórico nexo en común, son muchas las diferencias que se pueden extraer aparte de las evidentemente técnicas. En aquella, eran dos familias las que sostenían las aventuras. En esta, una única familia será la encargada de buscar aventuras. En aquella las historias eran divertidas y exultantes. En esta, nos encontramos con una película ciertamente amena, pero la diversión hay que buscarla a cuenta gotas sin llegarse a quedar uno "de piedra". Si buscamos diferencias o similitudes dentro de la propia factoría Dreamworks, responsable de películas tan conocidas como Hormigaz, Madagascar, Kung Fu Panda, El Gato con Botas, y sobre todo la saga Shrek, TLos Croods mantiene la técnica intacta y encomiable, pero se queda un paso atrás de todas las mencionadas por diversas razones. El padre de esta prehistórica familia mantiene un curioso y seguramente intencionado parecido en forma y fondo con el legendario ogro Shrek que no será complicado de apreciar.

Comparaciones aparte, Los Croods tiene un discreto universo propio. Con la magia que aportan la música de Alan Silvestri y la maravilla de colorido y efectos visuales, la película viaja con cierta comodidad en este viaje al pasado. Sin tomarse excesivos riesgos, se nos presenta una aventura con un sencillo guión del que no se desprende un ápice de sorpresa, y donde todo sucede como es habitual en una película coral e infantil. Una familia pehistórica que a través de un excesivo protector cabeza de familia logran ir sobreviviendo a todos los avatares de la época, a base de huir de los peligros y de refugiarse en cuevas cuando la ocasión lo requiere. Pero no es precisamente esto lo que quisiera Eep, la rebelde de la familia, que busca aventuras, y mundos nuevos por descubrir. En gran medida el personaje de Eeps supondrá la auténtica metáfora de la película, esa continua búsqueda de épica, la huida de caminos oscuros y el reencuentro con la luz y con el color. Un mensaje que calará sin problemas en niños, y que en adultos resulta demasiado edulcorado y poco efectivo.

Al margen de mensajes y metáforas sencillas, que casi todas las películas de animación contienen en mayor o menor medida, la película en sí resulta entretenida sin mucho más, previsible en la mayor parte de los momentos y poco sugerente, adoptando una postura complaciente y conservadora, en la búsqueda de un público más infantil que adulto y sin apenas espacio a la emoción. Algún momento divertido esconde, personificado sobre todo en la mascota de Guy, el chico que entusiasmará a Eeps e intentará arrastrar a toda la familia en sus propósitos, así como en el personaje de la abuela.

Cine familiar, en el sentido más tradicional del término, que no pasará a la historia como anticipa su presentación en carteles, pero que en todo caso no hará sentir un poco cavernícolas de la manera más amable y cotidiana.



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Crítica de: The Host (La Huésped)

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Floja ciencia ficción “crepusculiana”

Cuando una película viene precedida por “de la autora de la saga crepúsculo”, inmediatamente deberíamos echarnos a temblar, tratándose de una de las peores sagas del cine. Aún así, hay algunos detalles, como la dirección a cargo de Andrew Niccol (director con experiencia en el género) o el papel protagonista de Saoirse Ronan (bastante mejor actriz y con mayores registros que Kristen Stewart) que nos podrían llevar a conservar cierta esperanza sobre el resultado final de esta película. Pues bien, no. Sin paños calientes: es mala hasta decir basta.

Comenzando por una historia simple que parece sacada de un cuento infantil, a saber: invasión de la Tierra por unos extraños seres que se introducen en los cuerpos de los aducidos controlando sus mentes con el objetivo de mantener a la Tierra en un estado de paz, armonía y bienestar. Distinguiremos a los invasores con la “brillante” idea de hacer que tengan los ojos blanquecinos y así no perdernos en un guión que…no tiene nada. O mejor dicho, que tiene todo lo predecible en este tipo de películas como la extraterrestre invasor que acaba adquiriendo sentimientos humanos, se enamora, etc y se convierte a la resistencia como aquel famoso lagarto de la mítica serie “V (1983)” (Willie). Y no es casual, ya que existen múltiples similitudes con aquella serie, teniendo a Diana (La leyenda del buscador), y a los guapísimos de la resistencia que harán las delicias de las adolescentes. Todo no solo previsible (y copiado de series como “V (1983)”) sino vergonzosamente inverosímil. (Es una lástima que comparta título con la estupenda película de Joon-ho Bong del año 2006).

Con una historia tan floja, a cargo de la escritora Stephenie Meyer, autora de las novelas de la saga “Crepúsculo”, era complicado realizar algo meramente interesante. Por tanto toda la película mantiene esta dinámica simplona, haciendo que se siga sin un mínimo de interés en todo momento y deseando que se acabe cuanto antes para al menos saber el desenlace que probablemente coincida con lo que ya nos estábamos imaginando. No se dice nada del origen de tan extraños visitantes ni cómo consiguen poco a poco hacerse con el poder en la Tierra (una precuela no, ¡por favor!), aunque es bastante sencillo poder intuirlo todo.

Ni efectos especiales que deslumbren, ni música con la que deleitarnos, ni fotografía destacable. Todo un cúmulo de malas interpretaciones, de diálogos infantiles y de historia aburrida. Tanto que algunos momentos melodramáticos o de tensión son directamente de carcajada, como los diálogos internos entre la invasora y la invadida dentro del mismo cuerpo, casi tan divertidos como los diálogos internos de “El Chip Prodigioso”, o los de la novela de David Safer “Yo mi me contigo”, con la salvedad de que tanto aquella película como la novela son comedias, y por tanto la diversión es coherente.

Si tuviésemos que salvar algo, Saoirse Ronan no está del todo mal, dentro de las limitaciones de su personaje (aunque esta película suponga una mancha en su prometedora carrera), y William Hurt mantiene más o menos el tipo, pero la película se les queda pequeña a ambos hasta el punto de absorberlos por completo quedando tan sólo la flojísima historia de esta más que prescindible película.

Por desgracia, que nadie dude que tendremos saga (al menos trilogía), porque la película deja una ventana abierta, y porque con casi toda seguridad funcionará entre cierto público adolescente al igual que lo hizo la saga “Crepúsculo”, con los mismos ingredientes: romanticismo de pastel, fotografía bajo la lluvia made in MTV y protagonistas recién salidos de “Sensación de vivir”.

Los amantes del cine de ciencia ficción podemos pasar de largo por esta película y seguiremos esperando, porque esta es una “huésped” a la que abría que cerrar la puerta de nuestros intereses cinéfilos en las narices.


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Crítica de: Bonsái

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Libros y cuerpos

Al final de la película, la chica muere y el chico se queda solo.

No hay que alarmarse y pensar que esto se trata de un spoiler en toda regla, ya que es la misma voz en off de Julio (el chico) la que se encarga de anticiparnos esta noticia nada más comenzar la película. La cuestión será averiguar cómo pasó todo.

No es muy habitual que llegue a nuestras pantallas una película chilena. “Bonsái” viene precedida por su participación en el Festival del Cannes del pasado año y por el Premio Fipresci a la mejor película en el Festival de la Habana del mismo año. Y ciertamente no decepciona, tratándose de una adaptación de la novela homónima del escritor Alejandro Zambra.
Toda la historia se basa en la relación entre Julio y Emilia, ambos protagonizados por Diego Noguera y Natalia Galgani respectivamente, en dos papeles oscuros, aparentemente simples, pero que esconden una complejidad que requiere un trabajo importante a la hora de darles vida. Si bien el comienzo de la relación es de lo más habitual en el ambiente universitario chileno, su desenlace y la razón por la que en un momento concreto no están juntos es un enigma que el director Cristián Jiménez se encarga de proteger dejando que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones.
“Bonsai” (el árbol que simboliza la relación entre ambos) se desarrolla en dos momentos decisivos, el momento en el que se conocen y como van profundizando como pareja, y ocho años después cuando ambos no están juntos pero mantienen un fuerte lazo de unión que se presupone no se romperá de por vida. Varios saltos en el tiempo nos irán presentando una aparentemente simple personalidad de Julio, que el actor Diego Noguera se encarga de acentuar con su manera de hablar y de comportarse. A Emilia se le advierte una personalidad algo más compleja de manera que Natalia Galgani elabora un meticuloso trabajo para además adoptar cierto misterio al personaje necesario y acertado.

La literatura, la sensualidad, la música, la filosofía, la cultura…varios elementos se conjugan para componer un conjunto que bebe de muchas fuentes intelectuales pero que adolece de otro tipo de materiales que la hiciesen más interesante y sobre todo más ambiciosa, ya que en algunos momentos la película pierde fuelle y se ahoga en sus propias arenas movedizas estructurales. Igualmente se echa de menos una mayor profundización en los personajes más allá del mero y obvio enamoramiento inicial para que la historia hubiese quedado más apasionante tal como hiciese Jonás Trueba con su historia de amor en la estupenda película “Todas las canciones hablan de mí”.

A pesar de esto, estamos ante un trabajo atractivo, donde todo fluye con cordura y de manera elegante y ante una buena oportunidad de disfrutar de una historia de amor distinta y con bastantes alicientes.

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Crítica de: Todos Tenemos un Plan

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Todos tenemos un plan

El debut cinematográfico de la argentina Ana Piterbarg es bastante meritorio en varios aspectos que conviene destacar más adelante, pero de igual modo se aprecian ciertas limitaciones propias de un debutante que impiden que hablemos de una obra mayor dentro del género del thriller, donde Argentina está exportando interesantes muestras de talento.

La vida de Agustín (Viggo Mortensen) lejos de ser todo lo plena que quisiera en una ciudad como Buenos Aires, no atraviesa por su mejor momento, anclado de manera excesiva en una rutina poco placentera y con la nada deseada paternidad inminente. Inesperadamente, la llegada de su hermano gemelo Pedro (interpretado por el mismo Viggo Mortensen) cambiará por completo sus rutinarios planes y le embarcará en un viaje con diversos riesgos y sobre todo pocas opciones, pero seguramente del gusto de Agustín que poco tiene que perder.

La película está planteada intencionadamente de manera oscura, enigmática, de ritmo lento y de continuos enigmas latentes propios de un género tratado con exquisito respeto. A pesar de esto, la película en ningún momento atraviesa por el delicado filo del aburrimiento y mantiene en todo su tramo la tensión suficiente para que la historia no se derrame en un angosto panorama de decadencias sin sustancia. Ello no impide que una mirada apasionada hacia el thriller más innato nos descubra que se echan en falta ciertos aspectos que nos hubiesen permitido hablar de una obra más interesante y que nos hubiesen dejado mejor sabor de boca.

Aún así conviene destacar los méritos de Piterbarg a la hora de emprender un proyecto complicado, un guión con giros poco esperados y un desarrollo complejo. La directora argentina emplea para ello una manera de narrar elegante donde priman los planos sobrios y se aleja de escenas excesivamente melodramáticas para emprender el camino del suspense de la manera más natural posible y otorgándole un tono en algunos momentos abstractos y en otros estrictamente enigmáticos.

Dicho todo lo anterior lo mejor de la película lo encontramos en la soberbia interpretación de Viggo Mortensen, por partida doble, dando vida a dos hermanos gemelos y logrando un trabajo sobresaliente que consigue por sí solo mantener la película siempre en un nivel destacado. A su lado, y en una interpretación más breve pero igualmente notable nos encontramos con Soledad Villamil (“El secreto de sus ojos”) aportando la cara más débil del relato y por tanto también la más dramática. Daniel Fanego cumple igualmente bien con su cometido de villano y la cara amable y dulce aportada por Sofía Gala completan un reparto inmejorable dentro de un marco inmejorable para aportar lo mejor de uno mismo en el terreno interpretativo.

Todos Tenemos un Plan, según la propia película, algunos perfectamente trazado y otros por descubrir pero siempre al amparo de un destino que en no pocas ocasiones se nos presenta traicionero y cruel.


sergio_roma00@yahoo.es
Twitter: sergio_roma