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Crítica de: Código fuente

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Regreso a la memoria reciente

Fue una película tan estupenda la realizada por Duncan Jones hace tan sólo dos años, que la siguiente le correspondía una merecida expectación y una ganas de comprobar que ciencia ficción y thriller se pueden combinar de manera brillante. Y lo vuelve a lograr. Aunque el aumento de presupuesto no suponga un correlativo aumento de calidad, sí estamos ante una nueva buena película de un director que sabe observar con ojos diferentes un género del que no resulta en absoluto nada fácil conseguir resultados positivos.
Duncan Jones tiene talento para este género. Se mueve con elegancia, brillantez y mucha determinación a la hora de sorprender jugando con los tiempos, las imágenes y un guión (Billy Ray, Ben Ripley) perfectamente elaborado para que no quede ni un solo cabo suelto, a pesar de que a veces “Código fuente” se deje llevar por terrenos llanos y sencillos.
En esta ocasión el guión nos traslada a los viajes en el tiempo, o más estrictamente los viajes a la memoria, a los últimos ocho minutos de la memoria para protagonizar una y otra vez ese momento hasta conseguir un objetivo concreto. En este sentido es invitable que nos vengan a la cabeza películas tan emblemáticas como la magnífica “Atrapado en el tiempo”, “Regreso al futuro” o la interesante “Los cronocrímenes” de Villaronga.
“Código fuente” posee su propia particularidad y quizás va un poco más allá en este subgénero para adentrarse en un terreno pantanoso donde realidad y ficción se diluyen para crear una tercera dimensión temporal de dudosa coherencia.
Jones maneja con soltura el guión, se concede pocas licencias y por ende pocos errores aparentes y permite un seguimiento fluido, coordinado y con el suspense necesario y pertinente para que el corto metraje atrape al espectador con suficiencia y sin altibajos.
Jake Gyllenhaal y Michelle Monaghan demuestran una química especial y necesaria para afrontar complicados papeles, y la bella Vera Farmiga consigue ser un eje central perfecto en un diagrama de personajes y situaciones de ligera complejidad en algunos casos y de elevada actitud fílmica en todos.
La ciencia ficción está de enhorabuena siempre que Jones acoja un proyecto con tanta solvencia y brillantez como lo hizo en “Moon” y lo vuelve a repetir en esta ocasión con una película que a buen seguro no pasará desapercibida en pantallas y que supone todo un soplo de aire fresco en un género que como la reciente malograda “Destino oculto” demuestra que necesita no sólo de una buena historia, sino también de un buen artesano que sepa manejar todas y cada una de las piezas de un complejo puzle de elevada factura.

sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Happythankyoumoreplease

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Elogio de la sencillez

El legado que Woody Allen (Si la cosa funciona) viene dejando a lo largo de los años se hace cada vez más verificable y objetivo, para bien del cine y de las historias interesantes. La sencillez como dogma y el juego de sensaciones y sentimientos desde el espejo que supone la empatía con el que se tiene delante se anteponen a cualquier otra circunstancia alternativa y conforman un mundo particular donde la palabra adquiere un valor determinado, y las miradas y actitudes se antojan sustanciales y un elemento determinante de todas y cada una de las relaciones entre los personajes.

Josh Radnor, director, guionista y protagonista de este film independiente se aventura como un cineasta de lo más interesante de cara al futuro, en un debut de lo más prometedor y un talento inusual para manejar los tiempos de cada una de sus composiciones narrativas.

Premiada en el último festival de Sundance con el premio del público a la mejor película, HappyThankYouMorePlease es un compendio contemporáneo de relaciones humanas sobre el marco floral y a veces insustancial del amor como punto de partida y objetivo casi primordial en la huida a ultranza de la temida soledad.

Varias historia, en un mismo contexto de amistad de unen de manera fluida, a la vez que una minúscula historia del protagonista con un niño encontrado casualmente en el metro sirve para interrelacionar a personajes y permite componer un marco cómico dentro una amalgama de situaciones ligeramente dramáticas, sonsiguiéndose un interesante resultado emocional, que si bien nunca adquiere un tono demasiado elevado, se mantiene casi siempre en un aceptable discreto plano de entretenimiento.

Película que en apariencia no aspira a demasiadas cosas ni inventa nada nuevo, pero que sí consigue trasladar situaciones cotidianas en un mundo rabiosamente actual donde las relaciones personales se convierten en un eje dinámico al que amarrarse cuando la soledad llama a la puerta. Lástima que en el tramo final, Radnor se deje llevar por un flojo romanticismo y unas poco creibles situaciones que impiden que nos hallemos ante una película a la altura de los grandes cinestas del mismo estilo.

Aún así, cine clásico, emotivo y con dosis suficientes para atraer a un público que no busque excesivas metas fílmicas, y que quizás encuentre más de lo que esperaba, con una simple y sencilla receta para alcanzar la felicidad: gracias, más por favor.


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Cuestión de principios

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Cuestión de principios

Ah los principios. De aquel viejo y consumido paradigma moral cuán poco queda y qué poco y mal ha sobrevivido el paso del tiempo. Obsoletos, prescindibles. Morir o ser encarcelado por unos principios era relativamente habitual en los comienzos del siglo pasado, pero actualmente no se observan de la misma manera, e incluso adquieren connotaciones negativas dependiendo de contexto o grado.

En esta ocasión, una preciada revista, la única que le falta a le jefe, la tiene casualmente Castilla, un humilde empleado que bajo la rústica apariencia moral, esconde unos poderosos principios que si bien nunca se pueden decir que puedan ser inquebrantables si tendrán la solidez suficiente para mantenerse firme en no ceder la revista por aparecer en ella un familiar suyo.

El joven cineasta argentino Rodrigo Grande se atreve a plantearse ciertos criterios morales en torno a estos conceptos, que obsoletos o no siguen manteniendo todo el interés en cuanto a la moral del ser humano y los límites que es capaz de asumir. Y lo hace con frescura, absorto en sus propios actores, y con la sencillez necesaria y a su vez compleja (valga la paradoja) de que la historia fluya sin sobresaltos imprevistos ni giros extraños, siempre con los personajes como punto de partida y esquema final de la historia. Una historia que parte de un relato corto homónimo de Roberto Fontanarrosa, que además co-participa en el guión de la propia película.

Nadie mejor que Federico Luppi, probablemente el mejor actor de la historia del cine argentino, para protagonizar un papel que puede tener cierta consonancia –precisamente por el tema de valores, o principios- con los ya realizados en películas como “Martín Hache” o “Un lugar en el mundo”, ambas de Adolfo Aristarain. Precisamente de este genial cineasta también argentino, bebe muchísimo Rodrigo Grande en conceptos tan puros como los diálogos y la manera de dar vida a unos personajes que en todo casi siempre serán los protagonistas supremos de la historia narrada, que en ocasiones parecen ser protagonistas íntimos de una escena teatral.
Mejor compañía que la siempre deliciosa Norma Andrea difícilmente podría encontrarse a Federico, ambos formando un tándem sensacional que junto a Pablo Echarri, en el incómodo papel de Silva, forman un conjunto homogéneo que da vida a una confrontación certera entre burguesía y poder, o lo que es lo mismo entre principios consolidados y frivolidad social.

“Cuestión de principios” no llega a ser la película argentina del año porque se pierde en algunos conceptos y situaciones un tanto abstractas y ligeramente rudimentarias, pero con su intencionado clasicismo argumental y su fresca puesta en escena, nos presenta una manera de hacer cine que nunca caduca y que nunca pasará a la historia, no así como los mencionados principios de los que la película debate y profundiza, porque en estos tiempos, como ya anticipase en genial Groucho Marx: “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros.”


sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Incendies

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Rutas incendiarias

Hace unos pocos meses se podía disfrutar en Madrid (en el Matadero) de una obra de teatro impactante, del autor Wajdi Mouawad sobre la metamorfosis de unos personajes en continua búsqueda personal. Ahora nos llega a los cines la adaptación de aquella obra de la que el director canadiense Denis Villeneuve se quedó maravillado nada más verla, y a la que le concede particulares y en general acertadas licencias que favorecen el espectáculo fílmico hasta llevarle en ocasiones a un éxtasis dramático y emotivo.

El curioso y enigmático testamento de Nawal, mujer de pasado desconocido pero intenso, será el eje inicial a través del cual sus hijos comenzarán la búsqueda de todas aquellas cuestiones que van surgiendo y van sorprendiendo a sus protagonistas. De este modo, “Incendies” explora tanto los caminos del flash back imprescindible, hasta los del road movie crudo y real, para conseguir de manera brillante que la historia nunca pierda intensidad y sobre todo mantenga una emoción se prolongará a lo largo del film, hasta conseguir resolver todas las claves que se proponen desde el inicio mencionado. La interpretación de Lubna Azabal es tan soberbia que resulta complicado desligarla de Nawal y su terrible drama, mostrándonos tantas capas internas y ventanas insondables que la historia se enriquece en cada aparición al margen de circunstancia o tiempo del que nos tratemos.

Si al cenit dramático, le unimos la situación geopolítica a la que nos traslada, y la denuncia social, nos podemos reencontrar con películas como “Zona libre” protagonizada por Natalie Portman, “Los limoneros” o “Paradise Now”, y sobre todo, sin lugar a dudas ante una obra absoluta, que tan sólo se le encuentra debilidad en algún momento final, pero que a lo largo de toda la emocionante historia mantiene un nivel elevado y un pulso constante entre eficacia dramática y estilismo virtuoso.

Villeneuve nos regala un espectáculo dramático brillante, basado en una magnífica obra teatral y con todos los argumentos posibles para haber sido candidata al Oscar de habla no inglesa y por supuesto para haberlo ganado.

sergio_roma00@yahoo.es

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Crítica de: Destino Oculto

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Ajuste de cuentas

Hablar de una película de ciencia ficción, en términos románticos y amorosos ya de primeras produce cierto rechazo. No suele funcionar y no son dos ingredientes que encajen bien en casi ningún argumento de este tipo salvo raras excepciones. Si además ni lo uno lo manejamos con brillantez, ni lo otro resulta creíble, pues entonces nos encontramos con un cocktail dificil de digerir y con pocos alicientes que destacar.

George Nolfi firma una ópera prima tirando de caballo ganador en cuanto a guión. Toma un relato poco conocido de Philip Kindred Dick (autor de relatos o libros en los que se han basado exitosas películas como "Desafío Total" o "Minority Report" o "Blade Runner") para moldearlo sin mucha ambición y buscar un resultado discreto que le permita solventar una pepeleta que a priori se antoja complicada y que no está a la altura del cometido.

El eje principal de la historia no resulta especialmente esperanzador, habida cuenta de las numerosas películas que nos presentan cómo manejar a los humanos sin que ellos se enteren, pero lo que en absoluto funciona casi en ningún momento es el propio desarrollo, que se muestra inverosimil, a veces simple e infantil y en no pocos momentos aburrido.

La fantasía y la coherencia mínima no fluyen como debieran, y lo que pretende ser una historia a la que sacar todo el jugo posible, se convierte en un derroche vanal de artificios sin mucha sustancia que tener en cuenta.

Matt Damon y Emily Blunt hacen lo que pueden y están como mínimo a la altura de unos personajes de los que poco se puede sacar y que apenas aportan intensidad a un relato vago y ambiguo. El disfrute de alguna secuencia en la que ambos se enamoran es de lo poco interesante que nos podemos encontrar a lo largo del film.

Estamos por tanto ante una nueva decepción de un tipo de película que si bien se presenta con visos esperanzadores de al menos hacernos pasar un rato entretenido se va conviertiendo poco a poco (y pese a que los primeros minutos prometen algo más) en una acumulación de recursos insustanciales y de situaciones poco destacables y sobre todo muy predecibles.

Ajustándonos a la realidad, una película floja en un género del que siempre se espera mucho.


sergio_roma00@yahoo.es