Crítica de: Malditos bastardos

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La venganza se sirve en bobina fría.


Con un letrero inicial que reza “Erase una vez…en la Francia ocupada por los nazis”, Quentin Tarantino, uno de los cineastas más fascinantes y geniales de los últimos tiempos, nos ofrece un adelanto de la marcada pretensión por construir un particular cuento de hadas, una parábola que haga las veces tanto de redención personal a modo de liberación de ataduras, márgenes y cánones, como de puro y simple juguete recreativo. Tanto lo primero como lo segundo lo logra con acierto, y se podría añadir con maestría; el único pero, es lo que se deja en el camino.

Uno de los momentos más sugerentes y también brillantes de esta irregular película lo tenemos justamente al comienzo, en una magnífica escena en la que el habitual “caza-judíos” mantiene una tensa y emocionante conversación con un aldeano francés en la propia casa donde se supone esconde a una familia judía. Este hilo inicial, además de cautivarnos ya desde el comienzo, servirá para la construcción de una historia que se irá desarrollando intensamente en torno a la lucha contra la Alemania nazi desde un frente utópico y romántico (la niña que consigue salvarse en este primer momento) y otro encabezado por un curioso Brad Pitt, al mando de un escaso pero ambicioso ejército, bajo el nombre de “Inglorious Basterds”.

Esta primera escena (o capítulo, como le gusta señalar a Tarantino) también servirá para presentarnos a uno de los grandes hallazgos de los últimos años en el cine del director norteamericano, desde dos vertientes complementarias; por un lado el fascinante personaje (coronel Hans Landa), y por otro el magnífico actor que lo interpreta (Christoph Waltz), que en conjunto suponen de lo mejor de la película.

Desde el comienzo de la película Tarantino echa mano de sus innumerables referencias y si bien en un comienzo la sombra de Sergio Leone y el espagueti western planea de manera evidente, no se puede obviar la figura de Enzo Castellari (incluso tiene un pequeño cameo) y su “Aquel maldito tren blindado” (titulada en inglés “Inglorious Bastards”) también desde un primer momento. Toda una serie de referencias a las épicas bélicas y claramente diferenciables le siguen después como Samuel Fuller, Robert Aldrich (“Doce del patíbulo”) y películas como “El hombre atrapado”, e incluso “Ser o no ser” de Lubitsch o “Esta tierra es mía” de Jean Renoir. Aunque son sin duda las películas norteamericanas de los años 40 de las que más ha bebido el cineasta a la hora de confeccionar este film. Todo un mundo de influencias que como ya sucediera en otras ocasiones se encierran y mezclan en la particular “coctelera tarantiana” para conseguir un exótico licor-pop de indudable categoría y personalidad y de elevado poder embriagador.

A partir de ahí tenemos toda una serie de códigos muy identificativos del cine de Tarantino, en especial esa capacidad casi innata para dignificar los subgéneros, marcarlos en negrita para transformarlos, y sobre todo jugar con sus posibilidades. En este sentido, se permite el lujo de fantasear con la historia y moverla a su antojo, en una mezcla (ciertamente agradable) de personajes ficticios y reales que lleva consigo una reinvención (otra más) en este caso del género bélico en un proceso arriesgado, valiente y del que sale triunfante sin necesidad de acudir a la estricta y recurrente acción.

También nos encontramos con una gran cantidad de interesantes (no tan brillantes como en otras ocasiones) diálogos de largo recorrido y aupados en una irreverente Torre de Babel donde francés, alemán e inglés tendrán que jugar sus bazas y que nos llevará incluso a poder escuchar a Brad Pitt chapurreando el italiano en uno de los momentos más divertidos de la película.

Esta variedad de idiomas le otorga a la película un plus de autenticidad y magnetismo. Ha sido además determinante en la elección de los actores (salvo Brad Pitt en un personaje que no requería excesiva adaptación y que no pasa de ser simpático). Fue importante en la acertada decisión de dar el papel al ya mencionado Christoph Waltz, al correcto Daniel Bruhl (personaje que recuerda al actor veterano de guerra Audie Murphy) y a la excelente Diane Kruger. También destacan Eli Roth y Mélanie Laurent en papeles decisivos. Y no podemos dejar de mencionar la desafortunada decisión de convertir al “Dr. Maligno” en el General Ed Fenech protagonizado por un esperpéntico Mike Myers en uno de los momentos más decadentes de una película que mantenía una acertada línea regular hasta ese instante.

Con todo, Quentin Tarantino nos ofrece una particular versión de la II Guerra Mundial, en un estilo al que no se le puede negar sinceridad y aplomo. Nuevamente y como punto de partida (esta obsesión desde Kill Bill ya empieza a ser preocupante) la venganza vuelve a ser el hilo conductor y el motor que mueve toda la historia. Y por medio de ella nos vamos a encontrar todo un conglomerado de situaciones que permitirán un amplio conocimiento de personajes que si bien por sí solos nunca alcanzan un protagonismo destacado, en conjunto consiguen un enfoque moderno, inusual y terriblemente provocador.

Será, -en un excelente ingenio narrativo- el cine en sí, el encargado de intentar salvar al mundo. En un sentido metafórico y también en un sentido literal, que unido a unas interesantes conversaciones sobre cine europeo entre algunos personajes, conformará un alegato final de amor a este séptimo arte escenificado de manera brillante y original.

Lástima que en el camino se quede una cierta debilidad en la construcción narrativa y un exceso innecesario de subversión del género que nos impide apreciar esta película desde un conjunto más homogéneo y redondo. Para bien o para mal, “Malditos bastardos” es Tarantino en estado puro. Sin una excelente banda sonora (aunque Morricone y Bowie suenan estupendamente), sin un guión espectacular (“Pulp Fiction” es cada vez más insuperable) y con un ligero bajón en el estado de forma del genial cineasta, pero con la convicción de que estamos ante una buena película con sello de autenticidad y estilo propio:

“Nunca sigo los códigos al pie de la letra sino los placeres que procuran” Quentin Tarantino.


sergio_roma00@yahoo.es

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