Crítica de: Honeymoons (Lunas de miel)

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Borrando fornteras


En muchas ocasiones, la grandeza del cine no sólo la encontramos en su nada desdeñable función de entretenimiento, sino en elementos tan importantes en una sociedad moderna como la capacidad de unir culturas, países y principalmente sociedades históricamente distanciadas, a través de una mirada concisa y certera. El cineasta serbio Goran Paskaljevic a través de sus películas es sin duda un ejemplo de ello, y con este último trabajo –ganadora de la Espiga de Oro en el último Festival de Valladolid- ha conseguido en la primera coproducción albano-serbia de la historia un enfoque imparcial, austero y especialmente audaz de lo que supone un ejercicio sincero y comprometido de una eliminación idílica de fronteras.

A través de dos historias paralelas, una pareja albana y una pareja serbia, y en dos momentos literalmente idénticos en el tiempo, Paskaljevic traza un gris esquema contemporáneo en torno a las citadas parejas, víctimas ambas tanto de errores del pasado como de los conflictos del presente.
Los sueños, los anhelos, y el deseo de una vida mejor se enfrentan a la burocracia, los prejuicios y el inmenso desajuste social que existe en un mundo repleto de injusticias y a las puertas siempre de un estado de bienestar mínimamente satisfactorio. Quizás Paskaljevic opte por enmarcar estas historia dentro de un contexto amoroso, en busca de un contraste necesario y causal e intentando conseguir un punto plenamente dramático que encaje dentro del ingrato paisaje que si bien adquiere siempre connotaciones grises, mantiene en ocasiones una exultante entonación verde como último resquicio de esperanza. Una esperanza a la que se agarrarán cuatro jóvenes, con distintas motivaciones, distintos sueños, pero un mismo nexo en común: la libertad.

Paskaljevic se aleja discretamente del discurso político para centrarse plenamente en un cine social, humano. Una película que conmueve y permite reflexionar sobre los problemas fronterizos, los conflictos familiares y las dificultades de encontrar una salida hacia un futuro más estable y sobre todo más seguro.

Las interpretaciones de los cuatro protagonistas, así como de los secundarios son precisas y auténticas hasta el punto de adaptarse milimétricamente a la historia y conseguir que fluya sin perder un ápice de interés, e incluso incorporándose momentos divertidos dentro de un marco que tiende de manera necesaria hacia la tristeza.

Cine comprometido, intelectualmente elevado y con la clara consigna de unión entre pueblos distantes, pero sin olvidarse nunca de contar historias entretenidas, emocionantes y con ese plus de realismo que tanto se agradece en la gran pantalla.


sergio_roma00@yahoo.es

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