Crítica de: California Dreamin (Nesfarsit)

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El efímero espejismo del sueño americano

Hay ciertas guerras que por carecer de excesiva repercusión mediática, o por no existir intereses económicos en ellas pasan un poco desapercibidas, o al menos –siendo más estrictos- tenemos poca información al respecto. La guerra de Kosovo es una de ellas, y la película que nos ocupa relata con la amplitud necesaria, un capítulo aislado y en apariencia insignificante sobre dicha guerra, que si bien no es verídico, bien pudiera haber sucedido tanto en Rumanía como en cualquier otro lugar con un conflicto de similares características.

Es importante subrayar antes de nada, la terrible machada que supone el diseño del cartel de la película (simulando una comedia al uso) que poco o nada tiene que ver con el contenido de la misma, y que la perjudica sobremanera tanto al espectador que espera ver una típica comedia ligera (y se sentirá defraudado), como a aquel que le apetezca ver un drama de mayor amplitud y que no encuentre aliciente en su primera estampa. Valga decir de antemano, que “California Dreamin´” no es en absoluto una comedia y sí una interesante, singular, dramática y emocionante historia que se desarrolla con inteligencia y tacto y que adquiere ese carácter propio y auténtico que pocas películas consiguen. Si bien no tiene la fuerza dramática que por ejemplo la tan celebrada por su compatriota Cristian Mungiu “4 meses 3 semanas 2 días”, sí tiene los ingredientes necesarios para situarla al mismo nivel de entrega y compromiso, aunque para ello recurra a diferentes métodos, no tan crudos pero igual de eficaces.

La acción se desarrolla por “casualidad”, en un pequeño pueblo rumano que se encuentra de paso en las vías de tren que comunican con Kosovo, lugar donde un grupo de militares americanos llevan instrumentos de comunicación en una misión de la OTAN para dicho país. Una serie de circunstancias obligará a dicho grupo a permanecer en el pueblo más de lo pensado y debido, y con ello todas las consecuencias que generará esta estancia improvisada.

Cristian Nemescu, que debutaba con este largometraje (y del que no podremos volver a disfrutar de su prometedor cine, ya que murió en accidente de coche poco antes de terminar el montaje final), nos plantea una historia peculiar, con unos personajes que en todo momento muestran autenticidad y una sorprendente naturalidad, en la mayor parte de sus casos interpretados por actores rumanos, que escenifican una vida rural soliviantada por un suceso único para ellos, como es la llegada de tan “ilustres” invitados. Sin duda alguna que en este sentido resulta inevitable la referencia a nuestra querida “Bienvenido Mr. Marshall” del gran García Berlanga, con multitud de puntos en común ante la llegada del americano, pero con menos ironía y esperpento, aunque el mismo fondo social y sobre todo político. Como en aquella, “California Dreamin´” nos muestra dos mundos diferentes, y sueños que se ahogan en el vacío por ambas partes. Sueños muy desiguales, pero con una intensidad parecida, que si bien por parte americana sólo se refleja en un solo personaje (interpretado por Jaime Elman), en el lado más humilde, en este caso el pueblo rumano, conforma un paisaje triste, desesperante y sobre todo muy poco esperanzador.

La historia en su conjunto nos revela dos grandes metáforas que Nemescu ha querido reflejar con gran delicadeza y mucha valentía. Por un lado tenemos el universal “sueño americano” (o “California Dreamin´” como cantaban The Mamas and The Papas) que ya reflejó crítica y magistralmente como hemos dicho Berlanga, y que en esta cinta vuelve a reincidir en sus elementos principales: el país de las oportunidades, del dinero y de la libertad como objetivo de un modo de vida y a fin de cuentas meta de una persona. Nemescu se encarga inteligentemente de poner en duda dicho sueño, y especialmente plantear cuestiones, dejar un espacio abierto a la reflexión y buscar un punto de partida que nos haga replantearnos aquel viejo sueño en una sociedad decadente. Por otro lado, hay una mordaz crítica a la intervención de Estados Unidos no sólo en conflictos bélicos, sino en países ajenos con regímenes dictatoriales, en busca –casi siempre- de intereses particulares. En este sentido el pueblo rumano sirve como una excelente metáfora que refleja a la perfección las posibles consecuencias negativas que dicha intromisión suele producir en el futuro de un pueblo ya de por sí ahogado por las miserias de sus propios poderes. La excelente interpretación de Armand Assante en el papel del sufrido capitán, ayuda a dibujar un perfil muy significativo del vecino invasor o más bien del inquilino impertinente. Todo ello aderezado con viejos odios y rencores provenientes de un pasado negro con el telón de fondo de la II Guerra Mundial.

Con todo, nos encontramos con una sobresaliente cinta que tiene la virtud de entretener de manera original, albergando además y muy hábilmente un pequeño hueco para reflexionar y debatir acerca de cuestiones políticas y humanas, y la certeza de que nos encontramos con lo que parece ser un principio de época dorada del cine rumano y en general centroeuropeo que sólo el tiempo nos revelará la magnitud y la meta de dicho cine que tiene como interés principal el compromiso histórico-social sin perder un ápice de estilo cinematográfico.

sergio_roma00@yahoo.es


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