Crítica de: Infectados

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Virus mortales contemporáneos


En los tiempos actuales donde las infecciones se están convirtiendo en nuestro pan de cada día, y donde tocarse con nuestros allegados supone ya casi un ejercicio de heroísmo, resulta morboso, y casi masoquista adentrarse en esta extraña película que pareciera transportar un gris mensaje apocalíptico. Razones para un tímido acercamiento hay unas cuantas, entre otras y principalmente, la dirección de los hermanos españoles Alex y David Pastor en una producción cien por cien norteamericana. Razones para ir perdiendo interés según avanza la película hay otras tantas, destacando la acumulación de tópicos y un estancamiento del guión que impiden un intenso compás medianamente atractivo.

A priori, la irrupción de los hermanos Pastor en el cine norteamericano pudiera mantener cierta similitud con la de Juan Carlos Fresnadillo y su excelente “28 días después”. Pero por desgracia esta esperanzadora similitud se desvanece a medida que la historia pierde personalidad y poco a poco se va convirtiendo en una película más, dentro de un género escaso de imaginación en estos tiempos. Alex Pastor por su parte ya se dio a conocer de manera brillante con su cortometraje “La ruta natural”, que ya destacara en la edición del “Sundance” del 2006, donde volver la vista atrás y retroceder los pasos previamente marcados supuso una originalidad narrativa interesante. Posteriormente se atrevió con el western rodado en blanco y negro en Almería “Pacemaker” incorporando una calidad técnica considerable. Por desgracia, nada de lo prometedor que había en aquellos dos cortometrajes lo encontramos en “Infectados”.

En un planeta donde la mayoría de la población están infectados con un extraño virus contagioso y mortal, del que apenas nada se nos cuenta, cuatro jóvenes todavía “sanos”, emprenden la arriesgada aventura de dirigirse a una apartada playa del Golfo de México, donde aspiran estar a salvo durante una temporada. Esto convertirá a “Carriers” en una road movie de sencillo seguimiento desde un primer momento, pero donde los recursos, intervenciones y sorpresas se van agotando conforme la historia se va perdiendo a la deriva. Cuesta encontrar un norte medianamente orientativo; los neumáticos narrativos en cambio, se desgastan al son de una carretera sin apenas curvas donde dirimir algún esporádico argumento razonable.

En todo caso, la posición que ha de adoptar cada uno de los cuatro jóvenes, según van sucediendo los acontecimientos, las disyuntivas morales, y delicadas decisiones que tienen que tomar a lo largo del camino, se antojan como lo más interesante, en medio de unas interpretaciones irregulares y monótonas que no nos alejan afortunadamente del interés por sus reacciones. Volver a reencontrarnos con la niña buena del “Bar Coyote” (Piper Perabo), o presenciar un conflicto de autoridad a cargo de los dos hermanos protagonistas no supone en sí mismo ningún interés más allá de lo previamente configurado por la creación de unos personajes carentes de expectativas de orden mayor.

Ligeramente entretenida, discreta y sencilla es lo más que se puede decir de esta película de dirección española y producción norteamericana de la que se esperaba bastante más.


sergio_roma00@yahoo.es

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