Crítica de: El silencio de Lorna

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La Europa de los olvidados

La aparición de una nueva película de los hermanos Dardenne siempre es un motivo de celebración, y a fe que se lo han ganado a pulso. Películas como “Rosetta” y “El Hijo” y sobre todo “El Niño” se han confirmado como todo un ejemplo de verdadero cine social desde una perspectiva dinámica, reflexiva y con un marcado tono de denuncia que hacen de las películas de estos cineastas un acontecimiento casi imprescindible para conocer la realidad social del mundo contemporáneo, al menos en el rincón desde el cuál proyectan sus inquietudes, que es igual de brillante como el que pudiera ser el de Ken Loach o Andra Arnold, pero desde una perspectiva diferente.

“El Silencio de Lorna” mantiene este pulso social, y además esta vez se envuelve de cierto halo de misterio que lo hace aún más interesante. A pesar de que es fácil vislumbrar la relación que pueda existir entre la pareja protagonista, no cabe duda que el hecho de que todo se vaya mostrando con cuentagotas lo hace aún más interesante, y permite un visionado muy personal y siempre en un continuo estado de inmediatez narrativa.

En este caso son los problemas con la inmigración, las nacionalidades y las mafias que generan el foco en el que los hermanos Dardenne centran su atención, provistos siempre de una especial sensibilidad para afrontar el lado femenino y casi siempre el más perjudicado y controvertido. Pero Lorna, interpretado con acierto por la desconocida Arta Dobroshi, es testigo silencioso de todo lo que ocurre y arde en deseos de acabar con un silencio que poco a poco la va destruyendo y que además con el devenir de los acontecimientos la atormentará hasta límites incalculables.

La cámara se convierte en un testigo silencioso pero inevitablemente curioso, y sobre todo partícipe de un sufrimiento que irá en aumento a lo largo de toda la película, que si bien mantiene una más que aceptable intensidad narrativa y emocional, bien es cierto que en su tramo final pareciera que llega falta de fuelle o de ideas para concluir una historia sumamente interesante y con un tono elevado, conciso y prudente, evitando tentaciones dramáticas que hubieran estropeado el clima perfectamente creado.

Estamos por tanto ante una película que contiene todo lo necesario para mantener un prudencial interés sin apenas sobresaltos, y conseguir una plena satisfacción en quién busca algo más que una película ligera de verano.

Los hermanos Dardenne vuelven a dar en la diana, apuntando con muchísimo cuidado y con un oficio que aumenta en cada película y les convierte en unos directores a tener siempre en cuenta y a no pasar por alto ni una sola de sus películas.



sergio_roma00@yahoo.es

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