Crítica de: La Noche Más Oscura

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Atrápale si puedes

Qué difícil es entra a valorar una película cuando viene ya precedida de premios, de futura candidatura firme al Oscar, y también de polémica. Lo mejor, como siempre es desconectar de todo ese ruido mediático y centrarse en lo puramente cinematográfico, que al fin y al cabo es lo que nos interesa. Y en este sentido, resulta imprescindible primeramente conocer la trayectoria de Kathryn Bigelow que si bien ya era ligeramente conocida por películas como “Le llaman Bodhi” o “Días Extraños”, fue sin duda alguna la película “En Tierra Hostil” la que la llevó a ser considerada una de las cineastas más interesantes del panorama internacional y la primera mujer en ganar un Oscar como directora de cine. Una película que se adentra en el arriesgado trabajo de un grupo de artificieros en una tierra tan hostil para un americano, como es Irak. Con esta película Bigelow demostró una pericia en aspectos cinematográficos especialmente técnicos que vuelve a repetir en “La Noche Más Oscura” logrando resultados similares en este sentido. La factura técnica resulta por tanto impecable, y se reconoce una sobrada habilidad para crear ambientes bélicos verosímiles, situaciones angustiosas, y un thriller de despachos realmente notable y perfectamente construido, donde se aprecia además una fotografía sobria especialmente destacada, de la mano de Greig Fraser (“Déjame Entrar (2010)”) y una música siempre en sintonía paralela con la historia a cargo de Alexandre Desplat (“El Curioso Caso de Benjamin Button”), aspectos ambos que junto al excelente montaje ayudan a que la historia contengan un ritmo, tono y ambiente verdaderamente sobresalientes.

Pero, ¿qué es lo que hace que “La Noche Más Oscura” no sea una película redonda? Principalmente dos aspectos fundamentales, la historia y los personajes. En cuanto a la historia, baste decir que tan arriesgado y tan polémico proyecto necesitaba una dirección valiente y audaz, factores ambos que no aparecen en ningún momento en la dirección de la película. Desde el mismo concepto de la tortura como método para lograr información, no conocemos la postura real de la cineasta respecto a este asunto, entendiendo en ciertos momentos y en base a la actitud de Maya, el personaje principal que hay cierta beligerancia en cuanto a que el fin justifica los medios. Se podría argumentar en su favor que Bigelow simplemente se limita a exponer los hechos, pero esto no tendría sentido si se tiene en cuenta el valor que le concede a este asunto en la película y la justificada polémica que en estos días está generando al respecto. Por otro lado, teniendo en cuenta la poca transparencia que ha habido en torno a la persecución y posterior captura de Bin Laden (sin entrar a valorar las teorías conspiratorias), se echa en falta una postura más comprometida respecto a esto. Una actitud más crítica respecto a la información que nos ha llegado y en definitiva algo más de arrojo a la hora de afrontar los hechos, exponerlos y sobre todo sacar conclusiones. Es indudable que la colaboración que ha tenido por parte del propio gobierno norteamericano e incluso de la CIA a la hora de obtener información sobre esta historia le ha restado independencia a la directora californiana, apreciándose un indudable aire patriótico. Y eso por desgracia, se percibe con notoriedad.

El segundo aspecto más negativo son unos personajes exageradamente planos. Si bien en cualquier película bélica sin ambiciones o incluso thriller al uso, hubiese valido y no sería motivo de crítica, en esta película donde resultan tan trascendentales aspectos como motivaciones personales, cuestiones internas, sentimientos de odio o de desesperación, etc se antoja indispensable que los personajes (al menos el de Maya) tengan un potencial suficiente para que de sus acciones podamos obtener conclusiones e incluso entrar a valorar sus propias contradicciones o sus propias actitudes respecto a los acontecimientos, más si cabe cuando estamos hablando de personajes que en cierta medida están inspirados en personas reales. Es en especial en el personaje de Maya donde más se echa en falta este aspecto. Una recién llegada inspectora de la CIA de lo que no llegamos a saber apenas nada, ya no sólo de su pasado o de su vida sino si quiera de su carácter o manera de pensar. Configurada como la Erin Brockovich de Steven Soderbergh, o la Clarice de Jonathan Demme en este contexto bélico, no contiene ningún rasgo destacable que la permitan llegar a la fuerza de los dos personajes citados. En nada ayuda además que la actriz elegida Jessica Chastain, a pesar de realizar un buen papel, le resulte complicado al espectador quitarle la etiqueta de personaje dulce y sumiso que ha realizado en otras películas y que en nada se parecen a este. Esto unido al guión que se le ha creado en torno a ella donde un personaje sin apenas argumentos de peso suficientes, ni carácter destacado, pone patas arriba todo el entramado de la CIA, (incluyendo una ridícula escena de subordinación a un superior), hacen que el personaje carezca de la credibilidad necesaria para que se le tome en serio, y nos impida obtener más intensidad de una historia que por sí sola debería ser arrebatadora.

A pesar de esto, la película se sostiene adecuadamente en base a las características positivas anteriormente comentadas. Se aprecia un talento y una mano experta a la hora de dirigir escenas de acción (fantástico el tramo final con el asalto a la mansión donde supuestamente puede estar Bin Laden) y situaciones de suspense que nos permiten un seguimiento apasionado del film, y un disfrute atractivo de una película que desde ya se posiciona como favorita para la estatuilla (por muchos motivos) y que no disgustará a casi nadie.


sergio_roma00@yahoo.es
twitter: @sergio_roma

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