Crítica de: La vida de los otros

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Conociendo otras vidas

Todo cine que se adentra en el espectro político de manera valiente y arriesgada merece todo respeto aunque sólo sea por esto mencionado. Pero si además lo hace de manera brillante entonces el respeto se transforma lenta y apaciblemente en admiración.
Para su primer largometraje, Florian Henckel Von Donnersmarck realizó un meritorio y esforzado trabajo de documentación de todo lo que giró en torno a la República Democrática Alemana y su sistema de seguridad, así como la manera de vivir y hacer política. Y ese trabajo lo refleja en una visión cineasta sin complejos, aparentemente objetiva y con un marcado acento político-crítico para desarrollar un relato histórico, amoroso y emocionante.
La historia gira en torno al espionaje realizado por la Stasi (policía secreta) hacia todo lo sospechoso de ser contrario al régimen dominante en el país, y en concreto a un reconocido escritor (Dreyman) y su compañera sentimental y actriz(Christa-María). Ya de por sí el tema podría resultar interesante, pero esto se magnifica cuando intervienen sentimientos como el amor, la dignidad, y la coherencia personal unida a unos principios. ¿Qué pasaría si el espía se enamora de la espiada? ¿Qué resulta de ese conflicto interno? Esto principalmente es lo que pretende abordar esta película con un resultado realmente brillante. En una magnífica y fundamental escena en la que el Capitán Gerd se encuentra en un café con la actriz, esta le pregunta “¿Así que sabe cómo soy?” a lo que responde el espía “Soy su público” en un doble juego bien interpretado entre público de escena y público de cascos.
El mencionado Capitán Gerd (mejor conocido por HGW XX/7) está muy bien interpretado por un poco conocido Ulrich Mühe en una labor encomiable de presentarnos a un despiadado policía como alguien con sentimientos internos y conflictos personales. El papel femenino está interpretado por Martina Gedeck, a la que pudimos ver y “degustar” en "Deliciosa Martha", y hace bien poco en la adaptación de la novela de Houllebeck “Las partículas elementales”, demostrando que atraviese por un estupendo momento, como no podía ser de otra manera por el trabajo de esta gran actriz.
Tanto la música como la fotografía están extremadamente cuidados. Lo primero por Gabriel Yared en una labor técnica muy interesante, y lo segundo por Hagen Bogdanski quién cuida mucho tanto de planos especiales como el juego colores con un marcado significado político.

En una sociedad cinematográfica como la nuestra donde apenas se recibe cine europeo (ya sea o no de calidad) es de agradecer la irrupción de estas películas (aunque sea a golpe de Oscar) en este caso alemana, tan bien elaboradas, y tan profundamente narradas. No es un cine de masas, pero sí estoy convencido que llegará a más gente de la que se piensa, porque afronta problemas cotidianos, intensos y cercanos en un prisma político, emocionante y bajo el límite de una presión dominante del que resulta dificil desmarcarse. Y si de paso nos acerca a un momento de la historia no muy lejano, para permitirnos el libre ejercicio de la opinión crítica y política, no se puede pedir más. En todo caso, siempre es saludable conocer otras vidas.
sergio_roma00@yahoo.es

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