Crítica de: Tiro en la cabeza

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Cuando la imágen supera a las palabras

Que una película que trata sobre el terrorismo destaque en un primer momento por su forma más que por su fondo ya le otorga un punto singular e innovador a dicha película. Si además de eso, cuenta con actores no profesionales y poco conocidos estamos hablando definitivamente de una película definitivamente novedosa, especialmente para los que todavía no se han adentrado en el sincero y fascinante cine de Jaime Rosales.

“Tiro en la cabeza” nos relata el terrible suceso que hace relativamente poco tiempo conmocionaba al país, con el asesinato de dos guardia civiles en la frontera de Francia por parte de ETA. Pero es la manera de relatarlo lo que le otorga a esta película un valor añadido y una oportunidad para profundizar en un cine muy diferente al que estamos acostumbrados. Jaime Rosales se enfrenta al reto de romper con la pereza de un espectador medio que sabiendo que estamos ante una película sin diálogos le cueste sentarse a dar una oportunidad a este trabajo.
La ausencia de diálogos pudiera resultar en principio una barrera de difícil traspaso, pero finalmente se convierte en un ejercicio estimulante, que nos devuelve a ciertos aspectos mágicos de aquel cine mudo de Murnau, Lang o el mismo Chaplin pero desde una perspectiva contemporánea. Rosales apuesta por el silencio, y el lenguaje gesticular para transmitir emociones e ir desarrollando una trama que se presenta como cotidiana y acaba siendo de una violencia impactante. El director nos muestra algo que en el fondo todos intuimos pero que cuesta creer: que tras un terrorista existe una personal “normal”, con sus fracasos, miserias, amistades, familia y momentos cotidianos reconocibles por todos. Esto será quizás lo que más polémica generará en torno a la película. Los diálogos, si se escuchasen, serían de lo más intrascendente. Por ello, no se puede hablar de que no encontremos ante una película de sentimientos, sino más bien de realidades auténticas y de momentos usuales dentro de un macabro marco de sinrazón y violencia.

Rosales además nos presenta las escenas desde una perspectiva lejana, con lentes de larga focal, lo que permite pasar desapercibido al equipo y a los actores rodar con la naturalidad que en ellos es habitual para conseguir un efecto de hiper realismo con el que ya nos desbordara también en su anterior y premiado trabajo “La soledad”. De esta manera, el espectador se siente como un voyeur en numerosos momentos de la película, y por tanto con la capacidad de sacar conclusiones y de sentirse partícipe de la misma, en una elipsis narrativa que permite rellenar numerosos huecos a la hora de intentar una interpretación particular y sui generis de lo que está sucediendo.

La película además contiene discretas metáforas tanto en las escenas más intensas como en las aparentemente menos trascendentes como la exposición de carteles publicitarios en momentos puntuales como crítica a la también violenta política capitalista que nos aborda en la actual sociedad, donde la publicidad ha tomado la palabra y pretende confundir las conciencias.

Ion Arretxe, que ya había trabajado con Rosales como director de arte, lo cuál vuelve a hacer en esta película, realiza su primer trabajo interpretativo, y lo solventa con acierto, metiéndose en la piel de un terrorista de manera extremadamente creíble como ya hiciera también Carmelo Gómez en “Días contados”. Ion le otorga al personaje la naturalidad necesaria para que puede ir evolucionando sin apenas sobresaltos, ni giros interpretativos reseñables ni criticables.

La película, cuasi experimental y valiente se sostiene con aparente fuerza pese a que en momentos pierda -lógicamente- intensidad, y permite un final que aunque conocido no deja de sorprender y conmover a partes iguales.
Ajeno a interpretaciones de uno u otro espectro político, Rosales simplemente ha querido mostrar una realidad ampliamente conocida y de alguna forma poner un pequeño grano de arena en la resolución de un conflicto que debe llevar inevitablemente a una paz tan placentera como la que presenta el director en la primera escena, con un mar aparentemente tranquilo, con tan sólo alguna pequeña y turbulenta ola en el fondo.

sergio_roma00@yahoo.es

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