Crítica de: Génova

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La grandeza de narrar con estilo


Existen directores con una capacidad innata para contar historias aunque haya poco que relatar de la misma. Pero lo hacen con tanta brillantez que lo que pudiera parecer insignificante se convierte en trascendente y de interés.

Uno de estos directores es sin duda Michael Winterbottom. El autor de contemporáneos dramas como la sensacional “Wonderland”, o de historias comprometidas como “Un corazón invencible” nos ofrece en este caso una convencional historia narrada con una exquisitez, habilidad y extremada madurez en un bello y especial escenario italiano.

La ciudad de Génova y todo un completo recorrido por calles, personajes, catedrales y monumentos sirve además de dar un importante contenido estético a la película, para aportar una visión distinta, un enfoque medieval dentro de la modernidad social y sobre todo una colección de postales que viajan de manera paralela con los interesantes sucesos que nos pretenden relatar.

Ya de por sí el comienzo adquiere el atractivo de toda historia de pérdida familiar y las consecuencias y dificultades en las que se encuentra un padre que tiene afrontar una nueva vida juntos con sus dos hijas en plena erupción sentimental.
A partir de este momento Winternotttom demuestra una maestría poco usual en contarlo todo donde no hay en apariencia nada, en mantener inquieto a espectador con juegos malabares, narraciones esquivas y trucos de ilusionista que aportan una tensión a la historia que no cesará hasta el final de la película, y que mantendrá un hilo argumental plano pero contado con la solvencia necesaria para transformar algo común y sencillo en una compleja historia de sentimientos, recuerdos y situaciones emocionantes.

En cierta medida Winterbottom nos introduce en la enigmática línea divisoria que separa la absoluta tranquilidad de una vida convencional y los convulsos sucesos que pueden desestabilizar dicha paz en un momento concreto y probablemente casual. Establece una personalísima visión del mundo,donde acontecimientos trágicos sobrevuelan sobre nosotros como si de una espada de Damocles se tratara, y la manera en que hemos aprendido a convivir con esa certeza con esa inquietud.

Aunque no estamos ante el mejor papel de Colin Firth, su trabajo sí aporta la credibilidad necesaria para que podamos entender sus preocupaciones y miedos, y sobre todo sus necesidades y dificultades a las que tiene que hacer frente en una nueva etapa de su vida donde todo es distinto, y donde sus dos hijas están aprendiendo a vivir sin una de las barandillas en las que se apoyaban.

La mezcla entre cámara en mano para momentos de tensión, y bellos planos fijos y pausados para momentos en que los diálogos dominan la escena, o los paisajes hablan por sí solos resultan de una eficacia contundente y colaboran a conseguir de “Génova” en una película con personalidad propia y con el carácter necesario para resultar tan bella como la Piazza de Ferrari o tan conmovedora como un paseo por Via Garibaldi.


sergio_roma00@yahoo.es




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