Crítica de: Madres e hijas

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Acertada conjunción de historias paralelas

Si hay algo que ha caracterizado la breve pero fructífera carrera del cineasta Rodrigo García (hijo del sensacional literato autor de “Cien años de soledad”) es su particular manera de contar historias. Si obviamos el nefasto e incomprensible thriller “Passengers”, el resto de su obra viene marcado por un profundo concepto del drama íntimo, personal y extraordinariamente privado. Con su ópera prima “Cosas que diría con solo mirarla”, presentaba sus credenciales a la vez que sus referencias, y nos mostraba un barrio de Los Angeles desde un punto de vista femenino, un universo en ocasiones traumático, pero con tantos puntos comunes como caminos paralelos. “Nueve vidas” supuso la confirmación de que estábamos ante un cineasta a tener en cuenta. De nuevo el universo femenino y en este caso la prisión (metafórica y literal) como enlace, como cruce inevitable.

En esta ocasión reincide en retratar el ángulo de la mujer desde tres puntos de vista diferentes. A priori pudiera parecer que nos hallamos ante dos historias con nexo en común; la mujer madura, amargada y con un triste pasado y la joven solitaria que lucha contra sus propios fantasmas. Y en un tercer término la mujer “felizmente casada” y con la necesidad de ser madre aunque sea de adopción. El desarrollo de la historia nos conducirá a un estupendo final donde las piezas del puzle encajan con suavidad y la historia encuentra la similitud y grado de moderado dramatismo apropiado para un intenso climax final.

El punto fuerte que emplea García, que además se encarga de elaborar el guión, son las historias en sí. Estas se encuentran narradas desde una perspectiva sobria, donde la fotografía percibe los matices con extraordinaria cautela, y donde los personajes interactúan de manera independiente pero dejando un rastro ineludible a la hora de ir elaborando la propia historia común. Las mujeres protagonistas se encuentran magníficamente interpretadas, de manera que a la verosimilitud necesaria para su papel se añade una aportación majestuosa en la manera de identificar y mostrar los aspectos más escondidos. Kerry Washington nos traslada a la vida de la mujer de color, casada y con la fortuna aparentemente sonriendo en cada cristal de cada ventana de una casa de cuento de hadas. La desesperación y la amargura serán los rasgos que Washington se encargará de transmitir en este peculiar personaje. Annette Bening echará mano de experiencia y pese a encontrarse con un personaje complejo, aportará lo necesario para convertirlo creíble e incómodo, pese a que en ocasiones ralle la excentricidad más imperfecta. Pero será sin duda alguna Naomi Watts la que destaca especialmente para mostrarnos un enfoque tan dramático como real, dando vida a un personaje tan oscuro como descarado, y dando muestras una vez más de que la muchacha londinense es una extraordinaria actriz con la magia y coraje necesarios para dar vida a personajes complejos y nada tradicionales.

En una historia de personajes se acierta plenamente con las interpretaciones, y tampoco podemos olvidar el lado masculino, de la mano de un Samuel L. Jackson que sin necesidad de mostrar su mejor registro se aleja de registros más violentos y aporta la experiencia suficiente para que la historia no haga aguas en ningún momento y más bien mantenga el tono elevado y especialmente delicado con su aportación.

Historias paralelas de madres dañadas, la sensibilidad de vidas marcadas por un pasado traicionero y cruel, la soledad más traumática, el efímero sueño de la felicidad más pasajera, y la lágrima más íntima y causal son algunos de los rasgos que acompañan a esta estupenda película que nos trasladan a los mundos de Alejandro González Iñárritu y su extraordinaria trilogía, Paul Thomas Anderson y aquel palpitante universo de magnolias, Paul Haggis y su manera de hacer colisionar varios estadios de pasión y drama y por su puesto Robert Altman y su estupenda “Vidas cruzadas” que tantos cimientos ha prestado y tantas variantes ha admitido.

Cine de alto y poco pretencioso grado dramático, intensidad constante y un estilo propio, particular y patente para narrar sin fisuras en un marco común y desalentador donde nos espera un acertado final digno de una película con suficiente peso fílmico como para ser tenida en cuenta sin ningún tipo de complejo.


sergio_roma00@yahoo.es

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