Crítica de: Afterparty

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Después no hay nada

“Afterparty” supone la ópera prima del director Miguel Larraya. Anteriormente había realizado los cortomerajes “Estocolmo” en el 2008 y “Para no dormir” en el 2010. En “Estocolmo” se aprecian no pocos elementos de un cineasta con estilo y en busca de una identidad propia. La historia se basa en la vida de un constructor corrupto que mantiene una doble vida, pero que en un momento concreto conocerá la doble vida de su hija. Con una buena fotografía y unos buenos actores (especialmente bien está Ginés García Millán) el corto aprueba con nota el debut tras las cámaras de Larraya. Su posterior cortometraje “Para no dormir” se adentra directamente en un género en el que parece sentirse cómodo como es el thriller. Un cortometraje que juega con el vampirismo y con la intriga pero sin llegar a profundizar ni en lo uno ni en lo otro. Nuevamente la fotografía es buena y las interpretaciones adecuadas, pero aquí flojea más el guión y el desenlace, dejando el cortometraje a las puertas de algo más destacable.

La película “Afterparty”, conociendo estos dos prometedores trabajos anteriores es bastante decepcionante. Una película enfocada descaradamente a un público que beba insaciablemente de las fuentes de “Gran Hermano” o de “Operación Triunfo” y por ende con pocos escrúpulos y menos tacto a la hora de manejar todo tipo de elementos cinematográficos.
La historia, aunque predecible, podría resultar incluso interesante si se hubiese llevado por los cauces adecuados. Un popular (y guaperas) actor televisivo acude a una fiesta privada donde se desinhibe sin ningún tipo de prejuicios. Tras despertar dentro de la casa descubre que se encuentra encerrado, y que apenas queda nadie en ella, salvo él, un despistado que dormía abajo y tres chicas adolescentes que conoció en la noche anterior. A partir de aquí el thriller se desarrolla con muy poco acierto y con nefasto sentido del género.

Miguel Larraya vuelve a cuidar la fotografía como ya hiciera en sus trabajos en corto anteriores, pero yerra en todo lo demás. La historia hace aguas por todos los sitios, las interpretaciones son flojas y el pretendido thriller se vuelve disparatado, inconexo y de difícil digestión.

Un producto de corta duración que busca directamente un público juvenil sin pocas ambiciones y que desemboca en una suerte de película simplona que apenas deja rastro y que se sumerge directamente en el pozo de las películas fácilmente olvidables.



sergio_roma00@yahoo.es
twitter: @sergio_roma

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