Crítica de: Kauwboy

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El vuelo del grajo

Cuando nos encontramos con una ópera prima de un director del que apenas tenemos trabajos suyos, es inevitable buscar referencias y raíces donde indagar y poder descubrir mundos personales y paralelos. En este caso, del director holandés Boudewijn Koole sabemos poco, salvo algunos cortometrajes y documentales de bastante éxito en su país.

“Kauwboy” es un bello poema fílmico donde podemos descubrir resonancias de los hermanos Dardenne (especialmente de su último trabajo “El Niño de la Bicicleta”) de Andrea Arnold (y su última Fish Tank) y también en cuanto a forma y estilo podemos encontrar similitudes con la obra de Terrence Malick (en sus trabajos generales) o de Gus Van Sant. De todos ellos hay un poco, pero como los buenos cineastas, Koole ha sabido beber de fuentes para crearse un mundo personal y una película de autor.

La vida de Jojo, un niño de diez años que vive con su padre es ciertamente triste. Su padre parece apegado a un malestar que no consigue evadir ni siquiera ante la presencia de su hijo, más bien al contrario este suele recibir el rechazo y la marginación sentimental en todo momento. Tan sólo las llamadas a su madre (con la que se intuye una relación muy especial) que aparentemente se encuentra de gira (es cantante de country) musical parecen encontrar amparo y refugio en un frágil corazón que, como el grajo que decide adoptar, acaba de salir del nido. Más tarde, la presencia de una compañera de waterpolo (deporte que se convierte en un auténtico salvavidas) irá cubriendo espacios en su vida que empezaban a estar demasiado vacíos.

La adopción del grajo como mascota, salvado de una caída del nido y una más que probable muerte prematura será el hilo conductor a través del cual Koole nos construirá una magnífica y bonita metáfora, donde Jojo encontrará un pequeño sentido a su casi recién estrenada vida, que tras los primeros pasos presentados se antoja complicada. Será además la presencia de tan pequeño animal un pequeño vínculo a través del cual la relación con su padre cambiará de manera radical, o para mal (el padre no soporta animales en casa, ya que considera que deben estar en el exterior) o para bien, a través de una pequeña cesión que podría derivar en un gran acercamiento, imprescindible para Jojo.

Aunque la madre de Jojo no está presente, es una parte sustancial para conocer la vida y los sentimientos del niño, para entender muchos de los aspectos que rodean a su vida y a sus ensoñaciones. La interpretación de Rick Lens a pesar de su corta edad es realmente sensacional y nos permite conocer el lado más oculto de un niño que tiene mucho mundo interior y mucha vida por recorrer.

Todo el relato está bañado de una bella melancolía que Boudewijn Koole sabe aprovechar para crear un clima fascinante, donde los momentos tristes y amargos dejan paso a ciertos posos de esperanza y determinados momentos de sonrisa sin que ni unos ni otros desentonen en un conjunto muy bien estructurado y en una historia magníficamente construida, donde la puesta en escena consigue ser una parte fundamental de la película y donde la historia se perfila como un delicado cuento de hadas, con el interés incesante de conocer el desenlace final.

Al margen de referencias, Boudewijn Koole pasa con nota alta su presentación de la siempre complicada ópera prima, fundamentalmente porque ha creado un lenguaje cinematográfico propio y personal y porque la película discurre por caminos de indudable calidad narrativa y de sorprendentes momentos de inspiración.


sergio_roma00@yahoo.es
twitter: @sergio_roma

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