Crítica de: Gran Torino

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Sombras de bohemia


Si hay un cineasta capaz de reflejar las contradicciones de una sociedad americana que camina rumbo hacia una nueva realidad, ese es sin duda alguna Clint Eastwood. El único director actual capaz de aunar de manera más o menos unánime a crítica (incluso los que ahora se suben al carro) y público ( especialmente tras “Sin perdón”) y seguir presentando obras que lejos de decepcionar siguen vislumbrando la capacidad y talento de un autor contemporáneo como pocos y con la esencia clásica necesaria para rodar con elegancia y necesaria –por momentos- sobriedad.

El veterano Clint Eastwood nos presenta en esta ocasión a un peculiar personaje (Walt Kowalski), ampliamente reconocible y que contiene todos los arquetipos clásicos del ciudadano americano irascible con el mundo que le rodea. Se trata sin duda, de una excelente síntesis de varios de los personajes que Eastwood ha llevado a la pantalla, constituyendo por tanto un sensacional ejercicio de exploración interna a través de unos personajes que como él han ido creciendo y aprendiendo a lo largo de los años. Nos encontramos en este sentido por un lado con un reflejo deformado de estereotipos que se han ido desarrollando en su carrera a través del thriller o del western especialmente en sus formas, y por otro con un mundo interior a descubrir, observar y en ocasiones cuestionar. Así, tenemos el espíritu vengativo de “Sin perdón”, en la misma medida que el carácter de eterno perdedor de “Million Dollar Baby”.
Si es cierto que se trata de la última interpretación de Eastwood en la gran pantalla, estamos sin duda ante un magistral testamento cinematográfico a través de un Kowalski que lucha consigo mismo y que conjuga todos los elementos para convertirse en el personaje definitivo a la hora de analizar a todos los demás. Una mezcolanza de sombras, temores, contradicciones, prejuicios, arquetipos y toda una serie de ingredientes donde encontrar al héroe americano contemporáneo en confrontación con ese espíritu de ruptura con el pasado y cierto alejamiento con el presente.

También cómo no, encontramos referencias cinematográficas clásicas como el Howard Hawks de “Río Bravo” en cuanto a la relación generacional, y literarias tanto en el Miller más autocrítico de sus “trópicos” como el Roth o el Mac Ewan más profundamente reflexivos con la sociedad contemporánea.

Y todo ello bajo un guión bastante sencillo y poco destacable y que sólo acercándose al final acelera el pulso narrativo, pero que gracias a una magnífica interpretación del mismo Eastwood consigue enlazar tanto momentos realmente divertidos (especialmente al comienzo del film, y en gran medida por esa caracterización del personaje y su modo de ver la vida), como momentos ciertamente emotivos en cuanto a su relación con los vecinos y su lenta pero completa transformación que marcará el devenir de su complicada convivencia. Esa manera de gruñir (literalmente) y hablar entre dientes ante lo que le acontece e incomoda, y esa manera de llorar (simbólicamente) ante lo que le toca vivir convierten la interpretación de Eastwood en una lección de realismo y autenticidad.

Como no podía ser de otra forma, temas de nuestro tiempo como la religión, la guerra, el odio, la juventud (a través de las pandillas), la inmigración, etc tienen cabida en esta amena historia, algunos desarrollados con más acierto, y otros con tanta sencillez que se acercan a la torpeza, aunque interfiera poco en una narración que pasa de ser amable y divertida, a intensa y dramática. Y todo ello bajo planos que en todo momento simbolizan tanto la seguridad de Kowalski en un primer estatus, como la posterior derrota y decepción en tenebrosas perspectivas de aire “caravaggista”. Un lenguaje visual certero y cuidado hasta el detalle.

Destacable resulta finalmente la canción final, compuesta y cantada por él mismo y Jamie Cullum y que constituye un excelente broche final a una de las mejores películas del año.

Un nuevo paso adelante en la carrera de un director que nos llega en su más espléndida madurez, y que nos ha dejado este año una emocionante y verídica historia de coraje (“El intercambio”) , y esta emotiva, sincera y sensacional historia que indaga con maestría en el corazón de la América más profunda.

sergio_roma00@yahoo.es


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