Crítica de: Agallas

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Mariscada gris

En nuestro país, el thriller es un género poco tocado, y en general con poco acierto, si exceptuamos interesantes aportaciones como la de Agustín Díaz Yanes en el año 1995 con su película “Nadie hablará de nosostras cuando hayamos muerto”. No estamos, por desgracia ante una excepción en este caso concreto, y sí ante un autocomplaciente ejercicio de asimilación de conceptos básicos del género, con reglas previamente marcadas y cien veces vistas, y un elenco de numeroso clichés y situaciones que convierten la película en un puro producto de entretenimiento que a duras penas conseguiría este ínfimo objetivo si no fuese por alguna situación divertida, y una buena interpretación por parte de Carmelo Gómez.

El debut en el cine de dos “canteranos” de TVE como son Samuel Martín Mateos y Andrés Luque Pérez, se ahoga sin contemplaciones como pez fuera del agua, no cuenta con la frescura y talento de otros debuts más notables. Poca ambición y un excesivo interés por buscar el camino más cómodo, impiden que nos hallemos ante momentos intensos y atractivos de un género sumamente interesante y del que siempre se puede sacar un enorme partido.

Cuenta eso sí, con la inestimable ayuda de una (como casi siempre) formidable interpretación de la mano de Carmelo Gómez, que aúna las suficientes habilidades para que la película adquiera algo de atractivo, aunque sólo sea por ver sus situaciones en pantalla. Tampoco podemos obviar la escasa pero crucial aparición de Celso Bugallo en un –por desgracia- escaso papel, pero con pequeñas joyas como un monólogo bañado de alcohol en lo que se antoja uno de los mejores momentos de la historia. Hugo Silva, por su parte, cumple con suerte dispar una interpretación dividida en dos momentos. Pese a sus loables intentos, su papel es tan ridículo en uno de esos primeros momentos, y tan encasillado, que poco más puede hacer que dejarse llevar por el personaje.

Aparte de eso, poco más. La historia es tan simple, que apenas inquieta: narcotraficantes en una Galicia bajo sospecha. Tampoco hay acción que pudiera elevar el tono de la película, ni unos fascinantes diálogos que mantuviesen un mínimo de interés ante una posible lucha de poderes. Poco más; casi nada.

Han faltado, (y sirva el símil fácil) agallas para emprender un proyecto de mayor factura, ambiciones y valentía, porque moldes había, localizaciones sobraban y la historia prometía.

Aguas de borraja.


sergio_roma00@yahoo.es

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