Crítica de: El concierto

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Música de reencuentro

La reunión de viejos compañeros varios lustros después para cumplir un sueño con motivo de una situación casual e irrepetible, es un tema bastante recurrente a lo largo de los años en el mundo del cine. Esto, al igual que en esta película, da lugar a extensos guiños bañados de comedia y una curiosa mezcla de situaciones que bien elaboradas puede dar lugar a una interesante historia. Clint Eastwood ya nos entretuvo con bastante solvencia con sus “Space Cowboys” y Kenneth Branagh nos delumbraba con aquella reunión de “Los amigos de Peter”, por poner dos ejemplos bien diferenciados.

El motivo de esta nueva reunión es la celebración de un concierto. Pero este concierto llevará tantas connotaciones consigo que lo que en un principio pudiera parecer una historia predecible, poco a poco se va tornando en un cuento mágico, donde los matices, las nostalgias y los sentimientos más encontrados se irán apoderando de la historia y de la pantalla con la misma facilidad con la que estos músicos rusos se apoderarán de las calles de París donde se celebrará el tan esperado concierto.

El realizador rumano Radu Mihaileanu (“Vete y vive”, “El tren de la vida”) se mueve con aparente sencillez entre dos campos paralelos y compatibles. Juega al melodrama inocente con las necesarias pero selectivas notas humorísticas, y a su vez intenta adentrarse en un campo un poco más maduro, más elaborado y si cabe comprometido donde por momentos muestra alguna que otra debilidad pero en términos generales se resuelve con discreto acierto y por tanto correcto resultado final.

La historia entretiene sin excesivos alardes y llega con notoria normalidad a conseguir una complicidad entre personajes y espectador que será el pilar en el que se sustentará un film en apariencia poco ambicioso, pero con cierto aire enfático que puede llegar a funcionar por momentos, aunque nunca llega a lograr un éxtasis tan majestuoso como sí lograba la música de Tchaikovsky que en cierta medida el film homenajea. Aún así, “El concierto” nos reserva algún momento emotivo y más de una sonrisa amable.

De todas las interpretaciones, que en cierta medida ayudan a que la historia se mantenga con suficiencia, las más destacables son por un lado la francesa Mélanie Laurent que consigue aportar ese ojo de incredulidad tan necesario ante tanta situación variopinta, y por otro y casi como contrapartida Aleksei Guskov sorprende en algún que otro registro y eleva el tono de la película cuando se mueve peligrosamente en el lado de la comedia insensata.

Atractiva propuesta que se presenta sin demasiado aura comercial, pero que tiene todo lo necesario para gustar a quién se acerque sin excesivas pretensiones y ganas de pasar un buen rato.


sergio_roma00@yahoo.es

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