Crítica de: El pastel de boda

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Pastel rancio

Qué duda que cabe que todo lo relacionado con el artificial mundo que se mueve en torno a una boda ha resultado un filón tanto en el mundo cinematográfico como en el literario. Fundamentalmente en el género de la comedia, al que proporciona multitud de situaciones disparatadas al servicio de cineastas con mayor o menor acierto. Todo ese peculiar engranaje que se mueve en torno a las relaciones familiares resulta un suculento aperitivo al que acercar el diente. Pero como no podía ser de otra forma, no siempre se ha conseguido acertar con el resultado. “Después de la boda”, “La boda del Monzón” o “La boda de Muriel” son ejemplos que vienen a la cabeza de dignos trabajos en torno al especial banquete. Por desgracia, son más numerosos los casos en que se ha fracasado por recurrir a tópicos y clichés que empobrecen el resultado final.

“El pastel de boda” se encuentra claramente en este último grupo, y precisamente por echar mano de todo lo anteriormente conocido, manejarlo con torpeza y demostrar que para hacer reír hace falta mucho más de un escenario adecuado. Todo se desarrolla con simpleza y la única risa que se provoca es observar con espanto lo mal encajado que está cada uno de los acontecimientos que no llevan a nada y que vienen de lugares absurdos.

Denys Granier-Deferre nos invita a un ejercicio de distracción pasajera, donde pasar un rato entretenido se antoja complicado habida cuenta de la falta de ingenio a la hora de elaborar alguna situación mínimamente divertida. En estas circunstancias, los actores se encuentran tan encasillados que apenas aportan un mínimo de interés cómico, y se sitúan en la misma línea del film, conformando una aburrida y nada apreciable comedia francesa.
Suegras, cuñados, hermanos, primos y hasta un excéntrico cura se unirán al son de una marcha nupcial de monótonos acordes y de un marco fotográfico mil veces visto y a estas alturas saturado.

Tan sólo podríamos salvar siendo benevolentes la ligeramente interesante historia de amor que subyace de un pasado oculto y desvelado al final de la película.

Ignoro si la novela de Blandine Le Callet contiene algo más de interés, pero su versión cinematográfica resulta ciertamente pobre y no es de extrañar que este pastel por más que nos lo vendan apetitoso, se atragante a las primeras de cambio.


sergio_roma00@yahoo.es

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