Crítica de: Copia certificada

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Duplicando la realidad


¿Es posible que una copia pueda ser mejor que un original? Probablemente la respuesta a simple vista puede resultar sencilla, principalmente si hablamos del arte, como comienza “Copia certifcada” centrándonos el argumento. Pero lo cierto es que vivimos en un convulso mundo en el que los estados emocionales adquieren más importancia que nunca y donde la realidad y la ficción se superponen y se duplican como la copia y el original en el arte, de manera que en ocasiones responder a esa inicial cuestión no suponga un ejercicio tan sencillo, y sí en cambio un dilema moral y en segundo término intelectual.

Abbas Kiarostami es un maestro en exponer al foco de la opinión pública las miserias y desventuras del alma humana, y darle una confusa pero pragmática categoría de trascendencia. “El sabor de las cerezas” supuso su definitiva consagración como cineasta, pero títulos tan imprescindibles como “¿Dónde está la casa de mi amigo?”, o “El viento nos llevará” le certifican como un director paradigmático de la nueva ola iraní, y de un cine intimista y comprometido con el ser humano como pocos.

Su primera incursión en el cine occidental no podía haber sido más brillante. Sin perder de vista en ningún momento su característico cine, nos propone en esta ocasión un juego de composturas, un viaje que nos conducirá a la trasposición de los términos y los personajes con el fantasma de la paradoja como eje consensuado. Kiarostami se divierte, pero del mismo modo se pone a prueba y de paso examina la capacidad del espectador para asumir un rol incómodo pero al mismo tiempo placentero. Una trampa perfectamente estudiada y acondicionada para construir una historia que lejos de parecer que carezca de pies y cabeza es un perfecto edificio estructural de ideas, sentimientos y emociones que divergirán en múltiples caminos y opciones, creando una maravillosa tela de araña imaginativa y lúdica.

En cierto modo se puede hablar de un intento por encontrar la esencia y fundamento de las relaciones de pareja en distintos ámbitos y edades, tomando en este sentido un ligero camino autobiográfico y convirtiendo la película en algunas fases en un pormenorizado estudio de las diferentes situaciones que debe afrontar una convivencia continuada, y lo hace de la manera más original posible, a través de la transfiguración de unos personajes complejos y dinámicos. Para ello, Kiarostami rompe –necesariamente- con su loable actitud de trabajar con actores no profesionales para contar con en esta ocasión con Juliette Binoche como pieza imprescindible y de resultado extraordinario, y con William Shimell como inestimable y acertado compañero de “armas”.

Con la Toscana como inmejorable marco la película viaja (como ya hiciese Richard Linklater con “Antes del atardecer” en París) de manera pausada pero intensa a través de unos escenarios envidiables en un entorno conversacional agradable, ameno y por supuesto reflexivo, existiendo un punto intermedio desde donde la película tomará diversos caminos. Un cambio en absoluto brusco, y sí muy acorde con todo el clima hasta entonces creado, y que permitirá un seguimiento natural dentro de la evidente complejidad en la que nos hallamos.

Abbas Kiarostami firma una magnífica película, con “Te querré siempre” de Rosellini como referente ineludible, o la magia de los transposición de personajes de las películas de David Lynch como “Carretera perdida” o sobre todo “Mulholland Drive”, como eje principal para contar la historia de manera diferente a lo habitual, pero siempre con un pronunciado sello de autor, y un talento envidiable para desarrollar una historia a priori convencional y lenta, en un prodigio de estructura narrativa, dramática y emocional.


sergio_roma00@yahoo.es

1 Cine-Comentarios:

  1. Carol dijo...:

    Me ha sorprendido éste giro del director, sus películas hasta ahora me habían gustado mucho, y supongo que ésta la veré también, aunque como digo, la temática me ha sorprendido. Un abrazo

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