Crítica de: Cuestión de principios

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Cuestión de principios

Ah los principios. De aquel viejo y consumido paradigma moral cuán poco queda y qué poco y mal ha sobrevivido el paso del tiempo. Obsoletos, prescindibles. Morir o ser encarcelado por unos principios era relativamente habitual en los comienzos del siglo pasado, pero actualmente no se observan de la misma manera, e incluso adquieren connotaciones negativas dependiendo de contexto o grado.

En esta ocasión, una preciada revista, la única que le falta a le jefe, la tiene casualmente Castilla, un humilde empleado que bajo la rústica apariencia moral, esconde unos poderosos principios que si bien nunca se pueden decir que puedan ser inquebrantables si tendrán la solidez suficiente para mantenerse firme en no ceder la revista por aparecer en ella un familiar suyo.

El joven cineasta argentino Rodrigo Grande se atreve a plantearse ciertos criterios morales en torno a estos conceptos, que obsoletos o no siguen manteniendo todo el interés en cuanto a la moral del ser humano y los límites que es capaz de asumir. Y lo hace con frescura, absorto en sus propios actores, y con la sencillez necesaria y a su vez compleja (valga la paradoja) de que la historia fluya sin sobresaltos imprevistos ni giros extraños, siempre con los personajes como punto de partida y esquema final de la historia. Una historia que parte de un relato corto homónimo de Roberto Fontanarrosa, que además co-participa en el guión de la propia película.

Nadie mejor que Federico Luppi, probablemente el mejor actor de la historia del cine argentino, para protagonizar un papel que puede tener cierta consonancia –precisamente por el tema de valores, o principios- con los ya realizados en películas como “Martín Hache” o “Un lugar en el mundo”, ambas de Adolfo Aristarain. Precisamente de este genial cineasta también argentino, bebe muchísimo Rodrigo Grande en conceptos tan puros como los diálogos y la manera de dar vida a unos personajes que en todo casi siempre serán los protagonistas supremos de la historia narrada, que en ocasiones parecen ser protagonistas íntimos de una escena teatral.
Mejor compañía que la siempre deliciosa Norma Andrea difícilmente podría encontrarse a Federico, ambos formando un tándem sensacional que junto a Pablo Echarri, en el incómodo papel de Silva, forman un conjunto homogéneo que da vida a una confrontación certera entre burguesía y poder, o lo que es lo mismo entre principios consolidados y frivolidad social.

“Cuestión de principios” no llega a ser la película argentina del año porque se pierde en algunos conceptos y situaciones un tanto abstractas y ligeramente rudimentarias, pero con su intencionado clasicismo argumental y su fresca puesta en escena, nos presenta una manera de hacer cine que nunca caduca y que nunca pasará a la historia, no así como los mencionados principios de los que la película debate y profundiza, porque en estos tiempos, como ya anticipase en genial Groucho Marx: “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros.”


sergio_roma00@yahoo.es

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