Crítica de: Happythankyoumoreplease

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Elogio de la sencillez

El legado que Woody Allen (Si la cosa funciona) viene dejando a lo largo de los años se hace cada vez más verificable y objetivo, para bien del cine y de las historias interesantes. La sencillez como dogma y el juego de sensaciones y sentimientos desde el espejo que supone la empatía con el que se tiene delante se anteponen a cualquier otra circunstancia alternativa y conforman un mundo particular donde la palabra adquiere un valor determinado, y las miradas y actitudes se antojan sustanciales y un elemento determinante de todas y cada una de las relaciones entre los personajes.

Josh Radnor, director, guionista y protagonista de este film independiente se aventura como un cineasta de lo más interesante de cara al futuro, en un debut de lo más prometedor y un talento inusual para manejar los tiempos de cada una de sus composiciones narrativas.

Premiada en el último festival de Sundance con el premio del público a la mejor película, HappyThankYouMorePlease es un compendio contemporáneo de relaciones humanas sobre el marco floral y a veces insustancial del amor como punto de partida y objetivo casi primordial en la huida a ultranza de la temida soledad.

Varias historia, en un mismo contexto de amistad de unen de manera fluida, a la vez que una minúscula historia del protagonista con un niño encontrado casualmente en el metro sirve para interrelacionar a personajes y permite componer un marco cómico dentro una amalgama de situaciones ligeramente dramáticas, sonsiguiéndose un interesante resultado emocional, que si bien nunca adquiere un tono demasiado elevado, se mantiene casi siempre en un aceptable discreto plano de entretenimiento.

Película que en apariencia no aspira a demasiadas cosas ni inventa nada nuevo, pero que sí consigue trasladar situaciones cotidianas en un mundo rabiosamente actual donde las relaciones personales se convierten en un eje dinámico al que amarrarse cuando la soledad llama a la puerta. Lástima que en el tramo final, Radnor se deje llevar por un flojo romanticismo y unas poco creibles situaciones que impiden que nos hallemos ante una película a la altura de los grandes cinestas del mismo estilo.

Aún así, cine clásico, emotivo y con dosis suficientes para atraer a un público que no busque excesivas metas fílmicas, y que quizás encuentre más de lo que esperaba, con una simple y sencilla receta para alcanzar la felicidad: gracias, más por favor.


sergio_roma00@yahoo.es

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