Crítica de: Blue Jasmine

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Más dura es la caída

Nada más comenzar la película, será relativamente sencillo ir familiarizándose con Jasmine. Encontraremos inmediatamente los primeros síntomas de una mujer algo desequilibrada (habla continuamente con la compañera de viaje en el avión que le ha tocado). Lo que no sabemos evidentemente es el origen o causa de ese estado y las consecuencias que le traerá.

La nueva película de Woody Allen es en cierta medida una vuelta a los orígenes. Dejado a un lado su tour cultural por las ciudades europeas que nos ha estado presentando todos estos años con películas de diferentes facturas, aquí nos reencontraremos con el cine clásico de Allen y sin abandonar evidentemente su sello personal inconfundible. Jasmine es un personaje que sufre. De la misma manera que lo hacían los numerosos personajes masculinos de Allen, y de la misma forma que Cecilia, el sensacional personaje de “La Rosa Púrpura del Cairo” interpretado por Mia Farrow. Como aquella, Jasmine es una perdedora que le ha tocado vivir en un mundo vetado a las ensoñaciones y con poca capacidad de esperanza. Un mundo donde reinventarse no es tarea fácil y donde el resto de personas suponen un obstáculo infranqueable hacia la paz interior, de vueltas de un pasado algo confuso. En este sentido, resulta inevitable también no acordarse de la maravillosa Blanche (Vivien Leigh) de “Un Tranvía Llamado Deseo (1951)”. En ambos casos la hermana- en principio afortunada- tiene que volver humillada a los brazos de su hermana más sencilla. Y en ambos casos se toparán con la cruda realidad de la mano del personaje masculino, Stanley (Marlon Brando) en aquella, y Chili (Bobby Cannavale) en esta.



Woody Allen construye una historia magnífica, pero sobre todo construye un personaje fabuloso que centra en sí toda una serie de males que se producen a raíz de una caída. Las dificultades en levantarse y las incoherencias de una nueva y completamente distinta vida. Y lo hace, como no podía ser de otra forma, a su estilo, a su mejor estilo, aquel que no encontrábamos con tanta brillantez desde la obra maestra “Match Point”. La música, la fotografía, el guión, los secundarios… todo encaja a la perfección para componer una obra redonda y para aupar más si cabe lo más valioso de toda la película: Cate Blanchett. Su trabajo es sencillamente espectacular. Un papel complicado para una actriz extraordinaria que solventa con una solidez sobresaliente y que la coloca en un lugar privilegiado dentro de su profesión. Blanchett convierte a Jasmine en un personaje inolvidable. Logra transmitir todo lo que el personaje quiere expresar, y aún más. El resto de personajes (Alec Baldwin, Peter Sarsgaard, Alden Ehrenreich, Sally Hawkins, Louis C.K., Michael Stuhlbarg, Bobby Cannavale, etc) sin destacar concretamente ninguno en especial, está a la altura que se espera y cumplen de manera notable en una historia donde los secundarios (como en casi todas las películas de Woody Allen) tienen su parte de protagonismo.

La construcción general de toda la historia es también sobresaliente, de un Woody Allen muy comprometido con la historia y con muchas ganas de contarla con brillantez: presentándonos un presente certero, mezclándolo con un pasado necesario para poder entender todo, a través de unos flash back que se presentarán de manera natural en lo que es un todo, pasado y presente unidos por destino inevitable.

Woody Allen nos deja una de las mejores películas del año, sin lugar a dudas. Una película que atrapa desde un primero momento, que se sigue con intensidad, cierta emoción y las gotas justas de humor, y que deslumbra en su tramo final.


sergio_roma00@yahoo.es
twitter: @sergio_roma

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